sábado, 30 de julio de 2016

Crítica de "El diablo dijo no" (Ernst Lubitsch, 1943): review


por Möbius el Crononauta



Sí, siempre Hollywood y la temática universal del amor, dos conceptos indisolubles que por supuesto han ayudado a crear algunos de los mejores y más románticos momentos de la historia del cine. Y cuando uno busca perderse de la vida cotidiana y perderse en épocas donde todo parecía ser más alegre e inocente, una o dos dosis de la Edad Dorada de Tinseltown son la receta perfecta. Y si uno quiere recordar días en donde el género de la comedia romántica no era un insulto a la inteligencia, cualquier buen cinéfilo le prescribiría a ustedes la misma receta.




Y es que las ideas simples bien trabajadas son las que suelen funcionar mejor. O dicho de otro modo, el verdadero talento estriba en hacer parecer una cosa de niños lo que requiere artesanía y nacer bajo la protección de las Musas. Por todo ello en el cine es más que posible el amor a primera vista, el huir con la prometida de tu repelente primo y casarte con ella sin que que ello provoque el hundimiento familiar, y el que cualquier crisis sea pueda solventar sólo con desearlo. Y si a todo ello uno desea añadirle algunas dosis de comedia, Ernst Lubitsch es el hombre.

Lo cierto es que en la última década de su vida el viejo maestro demostró encontrarse en una forma envidiable. Ninotchka, El bazar de las sorpresas, Ser o no ser, La zarina... todas grandes películas y comedias quizás más grandes aún; en definitiva, clásicos inmortales del cine. Entre todos esos títulos destaca también Heaven Can Wait, traducida como El diablo dijo no.




El fantástico Don Ameche interpreta a Henry Van Cleve, un difunto cuya alma desciende a los infiernos para rendir cuentas a "Su Excelencia" (el siempre elegante Laird Cregar). Será así como Cleve, convencido de ser merecedor del sufrimiento eterno, relatará su vida al mefistofélico dueño de los infiernos.

Van Cleve vivió siempre rodeado de mujeres. Desdeñado por su niñera, muy pronto aprendió a conocerlas y tratarlas. Al vivir en una familia adinerada dispuso de la mejor educación y aprendió de una tutora francesa que besar a una chica no era motivo para casarse con ella. Así, siendo ya adulto, Henry Van Cleve se había convertido en un perfecto galán y un mujeriego. Hasta que un día conoce a una mujer y de la cual se enamora. Dicha mujer resultará ser la prometida de su estirado primo y la hija de un magnate de la industria cárnica. Marta Strabel quería escapar de Kansas, y por eso había aceptado la propuesta del primo Albert. ¡Pero obviamente el soso banquero no es rival para alguien como Don Ameche!




Y realmente Henry Van Cleve es un tipo afortunado, pues Marta Strabel es interpretada nada más y nada menos que por la adorable, classy y estupenda actriz Gene Tierney. De modo que ambos contraen matrimonio y comienzan una feliz vida de casados.

Y es que El diablo dijo no es una suerte de historia generacional, donde el padre de Henry, Randolph (interpretado por el cesáreo Louis Calhern) tiene las mismas preocupaciones que tendrá su hijo cuando éste tenga la edad suficiente. Impagable contemplar a un Calhern que no se entera de nada solucionándolo todo con su sempiterna frase We must keep a stiff upper lip! Y bien, para no entrar en más detalles, todo matrimonio tiene sus crisis, y la unión entre Henry y Marta no será una excepción.
Para El diablo dijo no Lubitsch contó con su guionista habitual Samson Raphaelson, y ambos adaptaron una pieza teatral llamada Birthdays. El resultado no pudo ser mejor, y a las grandes líneas de Raphaelson hay que añadir el famoso "toque Lubitsch", que hacía de las comedias algo más parecido a una obra de arte que a una simple historia humorística. Y es que Lubitsch ha sido imitado y copiado hasta la saciedad, y ha brindado inolvidables escenas para el recuerdo. En esta cinta la agria cena entre los padres de Marta o los trucos de Henry para congraciarse con su esposa son un claro ejemplo.




Aunque parece ser que en el rodaje hubo algunas diferencias entre Lubitsch y los actores, la química entre Ameche y Tierney es espectacular, y si hubo distanciamiento desde luego no afectó al resultado. Al parecer Ameche fue una imposición del estudio, con lo que el director alemán no le acogió demasiado bien, pero el talento y profesionalidad del actor acabaron subyugando al berlinés por completo. Como curiosidad, señalar también que El diablo dijo no es el único film de Lubitsch rodado en Technicolor.




Si hubiera entrado en un restaurante habría sido camarero, si hubiera entrado en un incendio me habría convertido en bombero, si hubiera entrado en un ascensor lo habría parado entre dos pisos y habríamos pasado el resto de nuestras vidas allí... Por favor, perdóneme, pero usted no puede salir de mi vida así.

Si fuera capaz de memorizar algo así creo que probaría suerte al cruzar mi camino con una bella dama, a ver si aún da tan buen resultado como al amigo Ameche. Aunque, por otro lado, y en mi opinión, Henry Van Cleve merecía ir al infierno. ¡Ser infiel a Gene Tierney! Realmente intolerable.


Visita el blog La cinta de Moebius

No hay comentarios:

Publicar un comentario en la entrada