domingo, 10 de julio de 2016

Crítica de "Buscando a Dory" (Andrew Stanton, Angus MacLane, 2016)


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC




Buscando a Nemo fue una de las primeras películas Pixar que vi, por ello le guardo un enorme afecto. Me entusiasmó cuando fui a verla al cine, una obra maestra de la animación que confirmaba a la productora como una joya creativa. A partir de ahí vi todas, incluso algunas anteriores que me había saltado.


Buscando a Nemo se convirtió en un clásico instantáneo y ocupa un lugar destacado entre las mejores películas Pixar, lo que implica por extensión que lo es también de los últimos tiempos en general.

Ha trascendido, pero incluso en el primer visionado quedaba claro que había un personaje que por carisma -y eso que casi todos lo tenían-, y gracia, trascendería al resto. Ese fue Dory.




Dory pasó inmediatamente al imaginario colectivo, usado de manera cotidiana para referirse a las pérdidas de memoria. Se extendió de tal forma que no hacía falta haber visto la película para entender la referencia al pececito azul. Podías olvidar partes de la trama, quizá algún personaje, pero no a Dory…

No se entendía muy bien una secuela de Buscando a Nemo, no hacía falta, pero sí es cierto que el poder de ese personaje secundario, su fuerza y originalidad, su encanto, lo hacía merecedor de un título propio, aunque fuera en forma de secuela. 13 años después, este título ha llegado.

Dirigida por Andrew Stanton, también director de Buscando a Nemo, y Angus Maclane, Buscando a Dory queda lejos de la cinta madre, pero resulta también encantadora y deja momentos extraordinarios.




Dory es un personaje con un potencial tremendo al que se sacó un partido increíble en Buscando a Nemo. Aquí se construye un personaje absolutamente trágico que, diluido en el humor y tono lúdico de la anterior película, fue interpretado por muchos como un mero chascarrillo, su tragedia pasó desapercibida para los niños, incluso para la mayoría de adultos. Una vez convertido en el personaje más recordado de aquella memorable película perecía necesario y obligatorio profundizar en él.

Porque lo cierto es que es así, Dory es un personaje trágico, digno de la antigua Grecia, y era ahí donde había que indagar en una película en su honor. Y así se hace desde el principio.

El comienzo de Buscando a Dory es sensacional, el perfecto retrato de un personaje y su maldición, tratado con toda la sensibilidad y tacto para escenificar su desoladora y cruel realidad… y que esta sea asumida por los niños.




Es evidente que los adultos pedirían indagar más en ese dolor, pero en una película infantil no queda del todo adecuado. La valentía está en mostrarlo y dedicarle una fase de planteamiento francamente brillante. Hubiera sido demasiado perverso e inadecuado para el público infantil, quedarse a analizar ese infierno de amnesias en la que estaba sumido el pececito azul, absolutamente desesperanzado, aunque hubiera concretado uno de los grandes personajes de la historia de la animación, el más trágico de la mano de Pixar.

Posteriormente la película se convierte en otra cosa en su desarrollo, el camino hacia una redención, una recomposición, un descubrimiento de sí mismo, donde el viaje físico de Buscando a Nemo es sustituido por uno psicológico donde la memoria es vital en esta Buscando a Dory. Un camino de madurez y reconstrucción para calmar las angustias infantiles.




Buscando a Dory entronca con tantas otras películas Pixar que muestran la más pura esencia de la infancia, pero desde un punto de vista original y profundo. La infancia como contenedora de nuestra propia esencia, de nuestro yo más puro e íntimo, el anclaje vital más inmaculado y auténtico, donde radica todo. En ella, en la infancia recordada, como hacía Peter Pan en el Hook (1991) de Steven Spielberg, se encontrará Dory a sí misma, siguiendo los pasos, cual Pulgarcita acuática, de los fogonazos que le marca su memoria, y que une esa infancia y la familia, lo perdido, lo que podemos perder si no lo afianzamos con fuerza. Aquello que ella perdió.

La memoria es, por tanto, pieza fundamental para conformar la propia personalidad, los recuerdos forjados, la educación adquirida. Temas estos, acerca de la memoria, tratados en muchas ocasiones, pero en su ligazón con el mundo infantil convierte a Buscando a Dory en otra maravillosa reflexión Pixar.




Y hasta ahí todo funciona bien, con momentos divertidos y notables, aunque menos inspirados que en su predecesora, con buenas dosis de humor y nuevos personajes con carisma, como esas focas o esa gaviota de ojos extraviados llamada Becky.

Debo destacar uno especialmente, aunque hay muchos. Una escena de pulso sensacional y atmósfera excelsa, de puro cine de autor, de incontenible calidad, que trasciende el cine comercial e infantil. Es la escena del reencuentro…

El gran problema de Buscando a Dory viene con las peripecias y su resolución, los momentos de acción y más comerciales, donde las licencias infantiles y las idas de pinzas son enormes, complicándose la vida y no sabiendo nunca resolver con cierta coherencia los problemas en los que se zambullen los personajes, especialmente en la obcecación de sacarlos del agua, alejándose de la esencia de Nemo.




Todas las escenas de acción son fallidas, surrealistas y poco convincentes, todo lo contrario de lo que ocurría en Nemo, donde esos aspectos estaban muy trabajados, y aunque increíbles y fascinantes tenían un gran sustento lógico y coherencia. Aquí se recurre a la elipsis escapista, al Deus ex machina, el artificio extremo o la casualidad afortunada, cuando no a la absurdez más absoluta (ese pulpo conduciendo), para resolver todas estas escenas, lo que aleja de alguna manera al espectador medio y adulto, restan potencia al conjunto, infantilizándolo, como si tuviera que pedir perdón por resultar estimulante a los adultos, para compensar.

Se opondrá a esto que la película es para niños, pero ya no cuela. Sus reflexiones son profundas y adultas y hemos tenido numerosos ejemplos con otras películas, donde estos aspectos también estaban mucho más trabajados.

Otro defecto, más perdonable, lo tenemos en la arbitrariedad y gratuidad del mal de Dory, donde los recuerdos y los olvidos son aleatorios. No se entiende que no recuerde ciertas cosas y sí otras. Lo mismo en su desarrollo, también de un rigor poco escrupuloso conforme avanza la película. Es más perdonable porque son licencias que en muchas ocasiones resultan obligadas para sostener las tesis de la película y su desarrollo mismo, aunque a veces puedan incomodar.

Esto también estaba mucho más cuidado en Buscando a Nemo”, pero claro, Dory no era el personaje principal ni se acometía una evolución del mismo.

No esperen la calidad ni la maravilla de Buscando a Nemo, pero disfruten de una estupenda película con grandes alicientes para toda la familia. Pixar no suele defraudar.

Por cierto, recomiendo no abandonar la sala hasta el final de los títulos de crédito, ya que hay una escena extra donde podréis ver a unos viejos amigos de Buscando a Nemo.

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2 comentarios:

  1. Me ha encando buscando a Dory, que pena que en españa no haya una apuesta por hacer animación. Creo que en unos meses se estrena Ozzy pero no sabemos casi nada todavía

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  2. bueno en España no tenemos una disney,pero, la pelicula PLANET 51 es puramente una producción española que tuvo un presupuesto de 60 millones de dolares....asi que si se apuesta por la animación en España

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