domingo, 4 de octubre de 2015

Microrrelatos - Cosas en los bolsillos (100): Porque para qué seguir



Porque para qué seguir


SOÑEMOS, por ejemplo, y encendamos sin demora el viejo proyector. Silencio. Las imágenes ya empiezan a moverse sobre la superficie de la sábana blanca y ajada que hemos sacado del cajón de la cómoda de la abuelita. Hemos tendido esa sábana de lado a lado de la pared del foro del sobrado de la casona ya casi en ruinas por falta de recursos y por la inquina grasienta asentada en la relación de los réprobos descendientes. Ved.


Supongamos que usted inventa el autogiro o el submarino o las dos cosas a la vez y se hace famoso y millonario también al mismo tiempo, o en consecuencia, y entonces se da en frecuentar los lugares más chic de las Illes Balears y a vivir la noche madrileña y a codearse con al jet-set financiera. Y en una de esas noches salvajes y turbias por el efecto de drogas de diseño facilitadas por narcos VIP, una rubia también de diseño, exuberante y ubérrima, se enamora de usted no por su dinero, que también, sino porque es usted un gran inventor que tiene ahora numerosas residencias en unos y otros lugares del orbe terráqueo mayormente junto a calas de ensueño y cabañas de lujo en Wailea. En esas se encuentra usted, con los morritos de la rubia a unos centímetros, dirimiendo en realidad nada; nada porque sabe de sobra que quien a usted le gusta de verdad es aquella criada nigeriana que le cuidó desde niño y, pese a la edad dilatada que les separa, la pide en matrimonio, y la africana, descenciente de los yoruba y a cuya abuela su abuelo de usted trajo en una exploración burguesa que un día de borrachera se organizó en el casino local, le dice que de eso nada, que nanay, que no hay tu tía, y usted entonces coge una depresión de caballo, pero en vez de suicidarse tirándose desde el Viaducto (y regenerarte con un vuelo, como diría el maestro), decide echarla de casa con su cofia, dos maletones antiguos y una falda de lunares. Y ella, en lugar de volverse a su añorada Nigeria (¡ay!), decide meterlo a juicio y recorrer los platós televisivos desmintiendo con pruebas fehacientes que usted ni ha inventado el autogiro ni el submarino, porque ya estaban inventados desde hace ya un porrón de años, y a usted lo meten en la cárcel por infamia, fraude, violación y trata de negras, y para no seguir con la historia porque usted como personaje no ha existido nunca, le apago la luz y, haciendo ¡chas!, lo elimino para siempre, de modo que ya no existe, y en vistas de que como narrador yo tampoco he valido nunca demasiado, harto de mi personaje, hago otra vez ¡chas! y me hago desaparecer para siempre (y si te he visto, no me acuerdo).

ÁCS

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