jueves, 1 de octubre de 2015

Crítica de "Eduardo Manostijeras" (Tim Burton, 1990)


por Möbius el Crononauta



A veces me pregunto cosas; por ejemplo: ¿Quién habría imaginado que Tim Burton podría llegar a rodar un día un bodrio como El planeta de los simios...? No sé si le perdió la mitomanía, el dinero, o que le pasó, pero no parecía el mismo que había hecho pasar buenos ratos al mundo con Pee-wee's Big Adventure o el Batman que hizo olvidar al entrañable Adam West y su panda. Y también Bitelchús, aunque confieso que nunca he logrado conectar con esa peli. Por supuesto, muchos adoradores de Tim la adoran, pero yo nunca le he cogido el punto, no me dice demasiado, pero supongo que es una buena película. De cualquier modo, como suele pasar en Hollywood a no ser que seas Orson Welles, Burton necesitó de un gran éxito de blockbuster como Batman para poder explayarse con sus propias inquietudes, que llevaron a rodar una maravilla como Ed Wood, y grandes películas como el Batman vuelve, Sleepy Hollow (sí, soy de esos que la defienden) y, claro está, Eduardo Manostijeras.




Lo cierto es que conozco a muchos (suelen ser muchos y no muchas, no sé por qué), que no sienten demasiado aprecio por esta película; la consideran una moñada gigantesca que encanta a adolescentes neogóticos y gente similar. Puedo entenderlo, aunque no lo comparto. Ya he dicho que a mi Bitelchús no me impresionó, quizás por pillarla demasiado tarde. Con Eduardo Manostijeras fue distinto; no soy un adolescente emo o algo así, pero sí fui adolescente tiempo ha, y por tanto podía conectar fácilmente con las desventuras del amigo Edward, que son, al fin y al cabo, las desventuras del adolescente Tim Burton, sin amigos ni novias, que vive en su propio mundo y dibuja sin parar, dibujando, por ejemplo, a un chico con tijeras en vez de manos.




Cierto es que, en mi opinión, el principal fallo de Eduardo Manostijeras es que no llega a explotar lo suficientemente bien el drama que se plantea entre Edward y Kim. Queda todo demasiado en la superficie, resulta todo demasiado prototípico, aunque en realidad toda la película lo es. Supongo que los detractores de Burton lo achacarán a un guion que flojea, y sus fans diremos que es un cuento de hadas moderno, y por eso no todo es tan profundo como debiera ser. Al fin y al cabo, ¿qué es más descabellado? ¿Que un científico solitario le dé forma humana a uno de sus autómatas, o que una señora que vende cosméticos se encuentre a un tipo con tijeras en vez de manos y se lo lleve a casa tan alegremente? No sé si Washington Irving lo habría rematado mejor, pero quien pida más es que seguramente no conecta demasiado con la historia.




En fin, que ahí tenemos a un gran Johnny Depp demostrando al mundo que era más que una cara bonita, y a la coliflor de Winona Ryder comenzando a reinar en el Hollywood grunchi de los 90. Pero si hubiera tenido que forrar mi carpeta con escenas de Eduardo Manostijeras, no habría sido con Depp ni con Ryder, sino con las pocas escenas que rodó el inmortal Vincent Price en lo que sería su último film para la pantalla grande. Sin su presencia, la película habría perdido lustre, aunque solo aparezca en unos pocos flashbacks. Burton ya había contado con su voz en el corto Vincent, pero esta vez pudo tenerle en carne y hueso, desplegando toda su magia y carisma en cada plano. Por supuesto, la última escena en la que el mundo pudo a ver a Vincent Price en el cine había de ser una muerte, con la que Vincent nos dejaba un último toque de su talento en un primer plano brutal. Dicen también que Burton no dudó en aprovechar un desmayo de su ídolo de toda la vida para completar esa muerte; no sé si será cierto o no, pero tampoco me extrañaría, los directores son así. Por entonces Vincent ya estaba enfermo, pero aun así demostró una vez más porque fue durante tantos años el gran Maestre de la Oscuridad. Para mí Eduardo Manostijeras sobre todo es eso, un último gran homenaje a la figura de Vincent Price.



Así que eso, que Eduardo Manostijeras es una película romántica a la manera de Burton, repleta de grandes momentos. Ahí está sin ir más lejos el papel de milf cachondona de Kathy Baker, lo más parecido a la gran Peggy Bundy que el cine haya podido mostrar, las miradas de Depp o, claro que sí, los momentos del gran Vincent. Hay gente que nunca podrá disfrutar con esta película, pero no pasa nada: para ellos se rodó ese otro gran clásico titulado Eduardo Manospenes.

Möbius el Crononauta

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