sábado, 29 de noviembre de 2014

Crítica de la película Begin Again (John Carney, 2014)


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC



Entrañable y encantadora comedia con música de esas que te reconcilian con la vida, sobre segundas oportunidades, cumplir sueños, esperanza, recomposición personal, amor y música. No esperen conflictos dramáticos ni “culebronescos”, esto es un pedazo de vida, casi anecdótica, donde unos encantadores personajes se mueven y relacionan con absoluta naturalidad y autenticidad dando lo mejor de sí a los demás.

El simpático, encantador y desastrado productor que interpreta maravillosamente Mark Ruffalo te rinde a sus pies en los primeros 10 minutos, esa fase donde la película parece emparentarse con “Jóvenes prodigiosos” (Curtis Hanson, 2000), y el protagonista resulta un hermano más activo y nervioso del personaje que interpretara Michael Douglas. Desordenado, alcohólico, padre descuidado, despedido…

Su química con Keira Knightley es sencillamente espectacular, una relación preciosa, sin afectación, sensiblería ni tópicos, una de esas relaciones de amor/amistad dignas de ser vistas.




Todas las relaciones de la película son encantadoras porque todos los personajes lo son, no hay ninguno negativo aunque prefiramos unos sobre otros, de todos se resaltan sus mejores aspectos por encima de sus debilidades y errores, que los tienen. La relación entre Ruffalo y su hija se aleja con desenvoltura del tópico, una hija que se siente, evidentemente, desatendida, pero que no se enfrenta a su padre, hasta que la relación se va recomponiendo de forma tan sencilla como natural.

Estructuralmente la película tiene algunos aspectos interesantes, desde el juego con el punto de vista, que nos lleva al mismo lugar, la actuación inicial de Knightley, hasta en tres ocasiones distintas ampliando la información sobre los personajes, cómo llegan allí tanto él como ella, al uso del flashback como escenificación de los sueños rotos y la nostalgia, donde la tecnología funcionará como vehículo del dolor y el recuerdo.




El director de la notable “Once” (2006) desarrolla una narración plena de luminosidad, naturalidad y autenticidad con rasgos estilísticos sencillos pero muy claros, nada enfáticos y exagerados, nada llamativos. La columna vertebral de su estilo la tenemos en el plano general, donde los personajes se mueven libres y se muestra el decorado que los contiene con una cámara sutilmente inestable, un estilo que amaga con ser indie.
El uso del primer plano está muy medido, lo que le da mayor fuerza, usado sólo en momentos de intimidad, en planos y contraplanos (lógicamente) y, sobre todo, en las actuaciones más emotivas y que contienen mensajes importantes.

Su pasión musical es evidente, no ya por esta cinta, sino por la anterior y citada “Once”, que le puso en el mapa gracias a su éxito crítico. Una pasión que viene de lejos, fue bajista del grupo The Frames, una banda irlandesa.

La música además tendrá especial importancia, definirá sentimientos, expresará sensaciones y vinculará a los personajes. Además es el principal mecanismo de conocimiento mutuo entre ellos.




De la película me quedo con tres momentos que me parecen sencillamente memorables, magistrales. Citaré en primer lugar uno más convencional y menos llamativo o sugerente, el primer encuentro entre Keira Knightley y la hija de Ruffalo y toda la conversación que viene a continuación, incluidas las reacciones del silencioso padre. El segundo momento memorable, de esos que hacen que la película merezca ser recordada, lo tenemos con la secuencia donde Knightley y Ruffalo comparten auriculares para oír música juntos por la ciudad, especialmente el momento dentro de la discoteca, ajenos a la música y el ruido del recinto, embriagados en su intimidad musical que los aísla de todo y los vincula de una manera mágicamente cómplice.

El último momento imprescindible es la gran escena de la película, pura magia hecha cine, cuando un derrotado Ruffalo escucha la canción de Knightley que le hace revivir, agarrarse a la vida de nuevo, renacer. Un momento excepcional donde el personaje oye en su cabeza los arreglos que iría incluyendo a un tema bueno pero soso, que está sin acabar, sumándose instrumentos, detalles de piano, de bajo, la batería, que montan un concierto para sus exclusivos oídos, un entusiasmo íntimo de nuevo, ajeno al resto, que permanece ignorante al talento, descubriendo la gema que se oculta en ese desnudo tema que canta esa tímida chica y que le rescata del abismo. Sólo por esta secuencia merece la pena la película.




La cinta desarrolla de forma tan bella como natural distintos temas, como ese conflicto entre dignidad e independencia artística con el aspecto comercial, el gancho a distintos niveles para lograr que ese talento llegue al mayor número de personas, fin último de un arte de cara al público… Congeniar ambas cosas es el propósito. Imagen y música, música e imagen.

“Begin again” es una película que seduce desde la casi anulación del dramatismo, cuenta de forma ligera conflictos y sentimientos de soledad, frustración, decepción, engaño… Es la historia de dos soledades en la gran ciudad, de dos personas rotas, decepcionadas, que se ayudarán a recomponerse a través de la música, pero apenas hay drama. Dos personas que acaban reconociéndose muy cercanas. El dolor, el pasado, la nostalgia están muy matizados y aparecen relacionados a la tecnología, a Apple, que nos lleva a vídeos de Knightley con su pareja, añorada, que interpreta Adam Levine, el cantante de Maroon 5, e introduce en un flashback. El personaje de Levine tiene una curiosa evolución física en función de su “corrupción personal”, de barbilampiño pasará a dejarse bigote y finalmente una barba talibán, para terminar afeitado de nuevo.

Esta idea de dos personas decepcionadas, temerosas, que esperan que algo ocurra y los rescate hasta que se encuentran, engañados por sus parejas, deja otro hermosísimo momento con el abrazo por la espalda que ella le da a él, con un pudoroso y lejano plano general.

Incluso los personajes menos positivos, como puedan ser el novio de Knightley o finalmente la mujer de Ruffalo, acaban siendo encantadores, todos los personajes de la película lo son, desde los protagonistas a la hija de Ruffalo (Hailee Steinfeld), el rapero generoso o el amigo gordito y músico de Knightley, interpretado por James Corden. El abrazo de Corden a Knightley en plena calle cuando la chica se derrumba es otro excepcional momento.

Toda la historia de un disco callejero nos recuerda a esa pasión desenfrenada, ese amor por el arte, que veíamos en cintas como “Rebobine, por favor” (Michel Gondry, 2008), pero sin el humor surrealista. En esta línea van los músicos que Ruffalo irá reclutando, sedientos de tocar sin corsés musicales de ningún tipo.

Sencillez y naturalidad, las palabras que más uso para esta cinta, una película sin pretensiones, que no cuenta nada novedoso, pero que con su mirada limpia, honesta, luminosa y divertida, alcanza con holgura el notable, porque rezuma talento y encantadora sensibilidad.

No perdáis la oportunidad de “Begin again”, de empezar de nuevo, de reconciliaros con el cine sencillo y fresco, saldréis de su visionado con la sonrisa en la cara.

©Jorge García

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