martes, 30 de septiembre de 2014

Crítica del disco de John Hiatt "Terms Of My Surrender" (Review)


by Don Críspulo
Señor Hiatt, un día tendrá que contarnos cómo lo hace. Porque no me diga usted que eso de sacar obra maestra disco tras disco está al alcance de cualquiera. Es que, mire usted, lleva un siglo XXI, sobre todo desde que fichó por New West, impoluto. Y ojo, que yo siempre le he tenido en la liga de los grandes, en esa donde juegan los Dylan, Young, Petty o Waits, pero me reconocerá usted que antes, junto a obras del calibre del clásico imprescindible Slow Tunning había otras, digamos, menores, como Little Head.


Antes usted jugaba más con aquello de “lo comercial”, ya sabe usted, sonidos tamizados y pulidos por alguna que otra producción algo light. Nada malo, que a mí todo me gusta y cada uno hace lo que quiere, pero no me lo compare con esto de ahora, no me lo compare. Que empezó usted con el Tiki Bar Is Open en 2001 y ahí ha sido un no parar. Es que miro mis discos – yo soy de los que los compran- y veo ese Master Of Disaster de 2005 o esas maravillas que son Same Old Man y, reverencia, The Open Road y se me quitan las ganas de oír otra cosa. Que se lo digo de verdad, que no es peloteo, que yo espero impaciente cada disco suyo y me duele, como duelen los amores no correspondidos, el no haberle visto nunca en vivo.

Y ahora nos trae usted otra pieza más donde nos dice que se rinde. Espero que no, aunque, si estos son sus términos, yo los acepto todos. Desde luego es una buena continuación a Mystic Pinball, ya que, si aquel era un disco rockero, este es lo contrario. Calmado, pausado, íntimo y donde juega usted, otra vez, con las raíces de la música americana de forma descarada. Me encantan esos arreglos de banjo, mandolinas y pianos y esas guitarras, claro. Mire usted, que siendo un disco en su mayoría acústico, esa eléctrica parca y seca en acordes del primer tema, “Long Time Comin’”, me encanta. Y los coros de “Marlene” para sentarse en el porche viendo la vida pasar por el horizonte. El blues arrastrado de “Face Of God” o “Why Don´t To Hurry” son dos ejemplos perfectos de que su interés en este disco es el folclore americano. Y su voz, no lo niegue, cada día mejor; más ronca, más desde las entrañas, en un proceso que, sin llegar al extremo de Bob Dylan, se ha acentuado con el tiempo. Qué está usted mejor que nunca, vamos. Si hasta su hija sacó el año pasado un disco buenísimo y algo, digo yo, habrá tenido usted que ver.

Ignoro qué pasará en el futuro. Puede que este sea el último disco o puede que en un par de años nos deje otro artefacto. No importa, es usted ya uno de los grandes y aunque injustamente no todo el mundo lo reconozca, la mayoría por puro desconocimiento, los que sí lo conocemos se lo agradecemos de corazón. Gracias, caballero.

©Don Críspulo


Esta fue la crítica que por ZRS dejó nuestro también compañero Addison de Witt.


2 comentarios:

  1. Porque Hiatt aún cree en lo que hace: cosa que muchos no pueden decir. Tiene hambre, y eso se nota.

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  2. Su siglo XXI es inmenso, el Master es increible y el Mystic idem, este no va a la zaga, como bien dices un grande de los grandes de toda la vida...
    Gran reseña.

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