sábado, 15 de febrero de 2014

Crítica de la película Her (2013) de Spike Jonze



por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC



Una de las joyas del año y la más romántica de cuantas están nominadas a los Oscar. Una cinta especial y original, profunda y sincera, sobre la esencia del amor, de las relaciones, su maduración… y todo en una historia que describe a la perfección el mundo actual y la forma que tenemos de relacionarnos. Una historia de amor postmoderna donde lo virtual lo inunda todo, donde encontramos lo auténtico en lo inmaterial, como metáfora de los hilos que nos unen y forman los sentimientos.


Her es una cinta de ciencia ficción que nos presenta un universo no muy lejano. Theodore, interpretado con su habitual brillantez por Joaquin Phoenix, es un ser solitario, especialmente tras la separación de su mujer. Para paliar el vacio que siente comprará un Sistema Operativo intuitivo que promete una relación de igual a igual, casi humana. Lo que no espera Theodore es el grado de profundidad y sentimientos que se generarán en esa relación.

Esta obra de arte que nos regala Spike Jonze sería como el ¡Olvídate de mí! (2004) de Michel Gondry, a la misma altura y de la misma calidad. Y es que Gondry y Jonze son dos directores que corren en paralelo y sus obsesiones son casi calcadas, es por ello que su colaboración con Charlie Kaufman resulta casi evidente.




Los tres autores, Kaufman se ha prodigado más como guionista, viven en un mismo universo y tienen las mismas constantes e inquietudes, que han quedado plasmadas en casi todas sus obras. El conflicto entre realidad y ficción, que acaba vaciando de contenido al primer término. Universos de múltiples realidades, precisamente, en confirmación de la idea de que la realidad no existe. Creación de mundos paralelos al cotidiano donde sus protagonistas se protegen de una vida que no les llena. Personajes solitarios, desencantados, enfadados con el mundo o hastiados, apáticos… que encuentran en ese viaje a un mundo alternativo la madurez.

Estas constantes las vemos en el resto de la obra de Jonze, en Como ser John Malkovich
 (1999), Adaptation (El ladrón de orquídeas) (2002), Donde viven los monstruos (2009)… Universos idílicos que devuelven a sus personajes más maduros que cómo se fueron. Esto también lo encontramos en las cintas de Gondry, en ¡Olvídate de mí!, Rebobine, por favor (2008), La ciencia del sueño (2006)… Otras realidades creadas en la imaginación, el sueño, el arte… tan reales como la cotidiana.

En Jonze siempre encontramos esa dulzura amarga, nostálgica, dura en ocasiones, siempre encantadora, romántica, esperanzada, íntima. Una poesía profundamente personal que alcanza con esta cinta su mejor exponente.




Sus reflexiones sobre el amor, sobre las dificultades que surgen al crecer juntos en pareja, cuando se crece a distintos ritmos o por distintos caminos, la dificultad para sobrellevar eso, para reconducir las cosas, están tratadas de forma magistral. Reflexiones sobre la exclusividad de ese amor, sobre la inseguridad y el miedo que genera no ser el único, sobre la posibilidad de que un amor no merme aunque no sea exclusivo… se van desarrollando en esta fascinante película de peculiar estética colorista con una profundidad y encanto que desbordan.

Her es emocionante, personal, profundamente sincera y muy romántica. Una película que habla de la esencia misma del amor, ajeno a lo corpóreo, de la vinculación del amor y la carnalidad, del sexo carnal, del sexo espiritual. De la posibilidad de sentirse completamente lleno y satisfecho en una relación que nos estimula intelectualmente, románticamente, sentimentalmente, donde la imaginación lo es todo, es hasta el orgasmo…

Son importantes lo colores en la cinta, en especial los de la ropa de Theodore, esos polos o camisas naranjas, que lo retratan, que contrastan con los tonos apagados de otras en sus momentos de desamor.

Jonze plantea un sutil mundo virtual, donde se alcanza la emoción y la verdad, los sentimientos más sinceros, desde lo intangible, lo invisible, lo no auténtico, lo inmaterial, lo artificial. Así será con las bellas cartas de profundos sentimientos que Theodore escribe para otros, es su trabajo; así será con la relación entre Theodore y Samantha, la voz del Sistema Operativo que en la versión original es de Scarlett Johansson; también con la de Amy (Amy Adams) y su otro Sistema Operativo... Lo genial de todo esto es que Jonze no lo plantea como una crítica, sino como un enriquecimiento, ya que veremos relaciones de carne y hueso plenamente felices y otras que fracasan, como la de Amy, algo que también ocurre con los Sistemas Operativos…No hay maniqueísmo romántico, sino que se expone una realidad de la que se mira su lado positivo.




La voz de Johansson es sensual y atractiva, te enamorará en versión original si la ves así.

La amistad entre Theodore y Amy es encantadora y sincera, sin matices románticos o coartadas sentimentales, una amistad pura y dura… y de carne y hueso.

La cinta tiene escenas deslumbrantes y una dirección serena, sobria, con toques New Age en su estética, algo no del todo raro en Jonze, y un clasicismo extraño. Una cinta hipnótica, que te mece con sus imágenes y su música. Un universo artificial repleto de pantallas, consolas, videojuegos, reproductores, aparatos para comunicarse con los Sistemas Operativos…

Hay una escena que de alguna forma engloba buena parte de la esencia de la película, esa idea del amor como algo intangible, invisible, mental, ese algo que forma los sentimientos, que toca el corazón. Es la de la relación sexual entre Theodore y Samatha. Jonze fundirá a negro tras comenzar las frases sensuales y mantendrá ese fundido por largo rato, mientras oímos en over los gemidos de placer, el orgasmo… Una bellísimo recurso que sublima la idea mencionada, haciéndonos sentir como reales los sentimientos y sensaciones que es capaz de sentir un Sistema Operativo artificial así como los de Theodore. El amor puro, el amor trascendido, el sexo más allá de lo físico. El metaamor, el metasexo.
Las escenas en soledad de Theodore en la cama, la belleza de los diálogos, son de una autenticidad e intimidad francamente excepcional, que vemos y sentimos como pocas veces antes.

Estamos ante una obra maestra, romántica, moderna y clásica a la vez, de lo mejor del año. No va a ganar el Oscar aunque seguramente sí lo haga su guión, excepcional y que toca todos los aspectos de esa relación, pero merece, por derecho propio, convertirse en clásico instantáneo. Una de mis favoritas este año, a la que le daría el Oscar gustoso.

©Jorge García

1 comentario:

  1. Buenas, a mí me gustó mucho.La vi por casualidad. Al principio pensé que era un poquito rara pero enseguida descubrí que era real como la vida misma. Creo que hasta me sentí algo identificada con el personaje.Te muestra la soledad que llegan a sentir las personas, lo complicado que resulta relacionarse con los demás y en lo necesitados de amor que podemos llegar a sentirnos que hasta conseguimos que una relación virtual nos produzca los mismos efectos secundarios que una relación real. Me pareció una historia muy romántica y curiosa.

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