ZEPPELIN ROCK: Peckinpah es amor - Violencia y amor en las películas de Sam Peckinpah (al hilo de Django Unchained de Tarantino)

domingo, 27 de enero de 2013

Peckinpah es amor - Violencia y amor en las películas de Sam Peckinpah (al hilo de Django Unchained de Tarantino)


Peckinpah es amor

por Don Críspulo


“If they move, kill´em”

Miro por la ventana el diluvio de opiniones que ha dejado Django, unchained y no dejo de acordarme de Peckinpah. Y de todo el western también, claro, pero sobre todo de Peckinpah. Porque yo, que iba para iconoclasta y a mitad de curso me hice mitómano, amo a Sam Peckinpah por encima de todo, y esas críticas, buenas o malas, que se le hacen a la película de Tarantino, son las mismas que se le hacían al pobre de Peckinpah, que, como Tarantino, siempre fue un incomprendido.



La palabra violencia debe de dar dinero a la hora de hablar de Peckinpah, porque es la más usada por los críticos, profesionales y de andar por casa, a la hora de describir su cine. Pero yo, que además de ser un mitómano soy un toca huevos, veo en en el cine de Peckinpah mucho más romanticismo que violencia. Que sí, que el tipo redefinió qué era la violencia en el cine, que la parte del robo al banco en Grupo Salvaje es un manual de cómo usarla en beneficio del espectáculo (Tarantino, seguro, se ha gastado los ojos viendo esa escena), pero sus películas no hablan de violencia, hablan de amor más que de otra cosa. Amor puro y duro (La Balada de Cable Hogue); dignidad, que es amor por uno mismo (Perros de paja); amor por el amigo y compañero (Grupo Salvaje); amor por el deber cumplido (La Cruz de Hierro) y así un largo etcétera que abarcaría todas o casi todas sus películas. Para Peckinpah la violencia es muchas veces el único camino pero nunca el objetivo. Sus personajes son perdedores que además saben que van a perder. Entran en campo sabedores de que es un partido que no pueden ganar y sin embargo ahí están, luchando hasta el final y creo que no hay nada más romántico que eso.




Durante su vida, Peckinpah fue un perfecto personaje Peckinpah. Un perdedor romántico que vio siempre cómo sus películas eran manipuladas por los estudios y casi nunca comprendidas por la crítica. Quizá por eso, su cine sólo funciona con la épica de la derrota. Cuando nos canta un final feliz, en Convoy por ejemplo, la cosa se va a tomar por culo porque, a fin de cuentas, es ante la adversidad cuando se mide a un hombre.

Podríamos seguir hablando el resto de la vida de Peckinpah, hacer listas de escenas, de películas o comentar anécdotas de L. Q. Jones, su actor fetiche, pero quiero que se queden sólo un ratito más viendo esta escena. Posiblemente la escena de amor más grande jamás filmada (sí, llámame exagerado). Si algún día me muero, quiero tener a mi lado a alguien que mire de esta manera.



©Don Críspulo

5 comentarios:

  1. Estupendo director, estupenda entrada y estupendísima escena que me he tragado enterita. Querido ÀNGEL, este si ha sido un buen fichaje y no el mío jajajaja.

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    1. Dos grandes fichajes, y con estilo, como a mí me gusta (yo soy más plano). Agradecido a ambos. Gran artículo, gran texto. Un abrazo.

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  2. Que grandes sois vosotros y que buenas personas.... jajajaja!

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    1. Al César, lo que es del César. De todas formas, el que es buena persona, y magnánima, es ese que se hace llamar King Piltrafilla, jaja.

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