Acercamiento a “Bestiario”, cuento de Julio Cortázar
Ángel Carrasco Sotos
(en Hispanística, Revista de Estudios Hispánicos, Vol.
IV, Nº 1.2, Enero-Diciembre, 1996, pp. 66-74, Shyama Prasad Ganguly (editor), Jawaharlal
Nenru University, New Delhi, India).
© Ángel Carrasco Sotos
En los últimos años, la crítica filológica ha aumentado cuantiosamente su producción en lo tocante a la literatura hispanoamericana. No ha sido Julio Cortázar, desde luego, un escritor cuya obra se haya librado de este maremágnum crítico: no lo podía ser. Rayuela se ha convertido en una especie de "nuevo Quijote" en este sentido. Junto a ella - a un nivel, eso sí, más bajo - su obra restante ha sido punto constante de estudio, y sobre todo sus cuentos. Numerosos libros hemos de considerarlos ya clásicos, debido al afán totalizador y con vistas a ofrecer una tipología del cuento cortazariano. Basta recordar a este respecto los valiosos trabajos de D. Lagmanovich, C. de Mora o J. C. Curutchet¹. Por otro lado, numerosos artículos han aportado su grano de arena, ya sea para tratar puntos concretos de la cuentística del argentino, ya sea para mostrar una visión particular de un determinado cuento. No será otro que este último nuestro propósito. Como indica el título que encabeza este artículo, intentaremos acercarnos, efectivamente, al mundo que se nos ofrece en "Bestiario". Utilizaremos para ello dos vías de aproximación: la formal, que no será otra cosa que el análisis de los recursos de estilo más característicos, y -es la segunda vía- la del contenido, con vistas a conferir al cuento una significación global, en sí mismo y dentro de la obra de Cortázar.
Daré, antes de nada, unas breves referencias de contexto. En
primer lugar, hay que señalar que "Bestiario" pertenece al libro del
mismo título publicado en noviembre de 1951 en Buenos Aires, justamente el año
en que el argentino decide marchar a Francia. Por estas fechas Cortázar no era
aún un autor ni mucho menos conocido, pues sus dos anteriores libros apenas
habían tenido difusión. Prueba de este desconocimiento del autor en ámbitos
literarios es el más que módico dinero que cobró por su edición, catorce pesos
argentinos, según una declaración hecha al uruguayo Omar Prego².
Nadie podía sospechar que con este libro el argentino
iniciaba una nueva manera de entender la literatura y el mundo mismo dentro de
las letras hispanoamericanas.
Ya habían aparecido tres años antes las tesis del realismo
mágico del venezolano A. Uslar Pietri, así como la de lo real
maravilloso del cubano A. Carpentier. Atrás quedaban también los
intentos superrealistas de crear una literatura mágica mediante el artificio, o
la literatura fantástica borgeana. La de Cortázar no tenía nada que ver con
todo esto, aunque su deuda no deja de ser enorme con lo inmediatamente anterior
a él (sobre todo con Borges).
Bestiario es un libro de cuentos o narraciones cortas de contenido fantástico,
entendiendo este en el sentido que el propio autor había de señalar unos años
después³. La temática de estas narraciones varía de un cuento a otro. Pero
todos ellos están escritos con un estilo homogéneo, y en todos ellos vive el
elemento fantástico que caracteriza la obra del argentino. Nos gustaría
desarrollar estas cuestiones cuando cojamos la pluma y la lupa para analizar el
cuento de "Bestiario" en su momento. Sin embargo, vamos a centrarnos
ya en una de las claves que considero fundamental para entender la inclusión de
estos ocho relatos bajo un mismo título. Me refiero al libro Bestiario
como obra en la que el animal tiene una significación mayúscula.
Dos acepciones de la palabra "bestiario" nos ofrece
el Diccionario Manual de la Real Academia (Espasa Calpe, 1989). La
primera está referida al hombre que luchaba con las fieras en los circos
romanos. La segunda es la que alude a la colección de fábulas, en la literatura
medieval, referente a animales reales o quiméricos (quiméricos, esto es,
fabulosos, ficticios). La primera acepción bien puede adecuarse - ya lo veremos
- al cuento de "Bestiario" en cuestión, pero es la segunda la que nos
interesa ahora, pues, en verdad, los rasgos de animalización y los animales
(incluso alguno ficticio) aparecen en bruto por todo el libro.
Dejaremos aparte de este análisis el cuento del que luego
trataremos ("Bestiario"), donde el elemento animal tiene
preponderancia máxima, e intentaremos mostrar cómo ocurre esto en los demás
cuentos del librito⁴.
1.-"Casa tomada" (CT): No es, desde luego, el más
representativo, a menos que asociemos la presencia extraña que toma la casa con
algún animal, monstruo o parecido. Hay, pese a esta ausencia, algún dato,
superfluo a todas luces. Por ejemplo, el siguiente texto: "Cuando Inés
soñaba en alta voz yo me desvelaba en seguida. Nunca pude habituarme a esa voz
de estatua o papagayo"⁵ (pág. 19), donde la intención de Cortázar no es
otra que la de la comparación analógica. Y otro texto: "... y a mí se me
iban las horas viéndole las manos (a Inés) como erizos plateados" (pág.
9), sin que pueda hacernos pensar nada más allá de la propia solución
¿aleatoria? del escritor. Es curioso, no obstante, que los únicos dos rasgos se
le atribuyan a la hermana.
2.-"Carta a una señorita en París" (CSP): Aquí la
mención de animales (conejitos) se hace tan constante que ellos mismos son los
verdaderos protagonistas del relato. Lo que ocurre es que debajo del nombre
pervive algo maravilloso y extraño que nos hace dudar de si aquellos que
describe Cortázar son conejitos inofensivos. Hay otras referencias a animales,
pero de escasa relevancia en el conjunto. Me refiero a esos
"gorriones" (pág. 28) y a esas "mariposas" (pág. 26).
3.-"Lejana" (L): Como en "CT", son
rasgos de animalización aplicados a personas. De Renato Viñes se dice que tenía
"cara de foca balbuceante" (pág. 31). En una ocasión Alina Reyes (la
protagonista) dice lo siguiente: "Entonces me enderecé rígida en la cama y
casi aúllo" (pág. 35). Por otra parte, aparecen unos "caballos"
(pág. 36), "pajaritos" (pág. 38) y "palomas" (pág.42), con
un significado simbólico difícilmente inferible.
4.-"Omnibus" (O): Solo dos referencias. La
primera es a unos "gorriones" (pág. 46) luchando sobre la cabeza de
la protagonista antes de coger el ómnibus. La segunda a un "caballo
amarillo" (pág. 48) que forma parte del paisaje.
5.-"Cefalea" (Ce): Como en "CSP", pasan
a ser los personajes principales de la acción. En esta casa se trata de
animales imaginarios inventados por Cortázar, las "mancuspias"
(posible deformación de la voz "marsupial"), que se asemejan a conejos:
A las mancuspias madres no les agrada
el baño, hay que tomarlas con cuidado de las orejas y las patas, sujetándolas
como conejos, y sumergirlas muchas veces en la batea (pág. 65).
Las mancuspias, como los animales ficticios de los
bestiarios, son introducidas en el relato de manera natural, como si existiesen
realmente.
Fuera de las mancuspias pasean por el relato otros animales.
Daremos cuenta de ellos. Hay "un perro" (pág. 63), como nuevo
elemento circunstancial; un "caballo" (págs. 70 y 75), con un
posible simbolismo pasional oculto (como lo tiene, sin duda, en el relato
"Verano", inserto en su libro, publicado en 1974, Octaedro),
que seguiría una tradición áurea y que tanta preponderancia tendrá en autores
como Lorca; una "zorra" y un "gato montés" (pág. 71); unos "gallos" (pág. 73); unas "ratas" (pág. 75); unas
"abejas" (págs. 76 y 77); y, por último "una serpiente"
(págs. 77, 78 y 79), como símbolo mismo de la cefalea, y con una tradición
literaria, y no solo literaria, que arranca de la misma Biblia.
6.-"Circe" (Ci): Tienen importancia los insectos,
como en toda la obra de Cortázar (con posible influencia kafkiana). Son las
cucarachas que Mario encuentra en los últimos pasteles (pág. 101), y que ya
aparecieron anteriormente (pág. 94) huyendo por las baldosas de la casa. Además,
un "ciempiés" (pág. 92); "mariposas" (págs. 84 y 93); un
"ratón" (pág. 98); más "conejos" (pág. 85); un
"castor" (pág. 99); una "hormiga" (pág. 95); y, por último,
un "pez" (págs. 94 y 95) y un "gato" (págs. 93, 94, 99 y
102). Unos como base de comparación, otros como aparentes símbolos, o como
simple añadidos (sin sentido claro, múltiple o vacío), su relevancia radica en
su aparición inundando el relato. Prácticamente todos ellos forman parte de una
tradición literaria, pero no nos atrevemos a establecer unas relaciones
demasiado directas. En fin, creo que Cortázar recurre a ellos no solo porque
pertenezcan a una tradición, y no solo porque simplemente existan en el mundo.
Me explico: Cortázar los toma porque son ellos los que explican al hombre y,
más aún, lo integran como un animal más en el conjunto.
7.-"Las puertas del cielo" (LPC): Sobre todo
tienen importancia los "monstruos" que se citan en la última parte
del cuento. Cuando el protagonista y el ahora viudo Mauro entran en el Santa Fe
Palace para tomar unas copas, se sumergen, al mismo tiempo, en otra dimensión.
El ambiente de la sala de baile lo describe el autor como "el caos, la
confusión resolviéndose en un falso orden: el infierno y sus círculos"
(pág. 112). Pues bien, un sitio así solo podía estar poblado por monstruos. A
la misma Celina, el protagonista "la había visto transfigurarse al
entrar" en el Santa Fe (pág. 116).
Es posible que me haya dejado alguna cita importante; no me
extrañaría, pues el número de animales, de bestias, que aparecen es elevado
como vemos. En todo caso, los datos espigados hasta aquí nos han de llevar a
alguna conclusión más o menos clara. Pensar que se trata de una realidad
literaria fortuita solo significa huir de la verdadera significación del libro,
la de mostrarnos que también es posible hacer un bestiario en 1950. Cuando el
argentino decide publicar los ocho cuentos en un solo libro que responde al
título de Bestiario, está ofreciendo al público una obra homogénea,
característica esta que radica y se desprende del estilo unitario, es decir, de
la utilización reiterada de técnicas idénticas (formales y temáticas,
lingüísticas y literarias) a lo largo de toda la obra. El recurso de la
animalización de los personajes, el de la comparación, la simbolización, la
referencia, la creación misma de animales ficticios y monstruos (a falta de
mejor nombre), o la simple inclusión de estos como actuantes en los cuentos,
pueden ser algunas de las técnicas a que nos referimos. Pensamos que todo este
tinglado puede sugerir algo. Intentemos, en todo caso, ofrecer una nueva vía de
lectura de estos cuentos: una lectura, en fin, que tenga en cuenta lo esbozado
hasta aquí.
Comenzaremos a analizar el cuento por las características más
puramente formales. Dentro de las narraciones cortas que componen el libro, “Bestiario”
es la más extensa materialmente. La historia se reparte a lo largo de 23
páginas en la edición que manejamos (págs. 123-145). Tal extensión denuncia ya
una dedicación mayor por parte del escritor. El cuento está dividido en diez
fragmentos distinguidos por espacio en blanco. La división responde, creemos, a
una intención que tiene que ver con un proceso progresivo que va desde la
presentación de los personajes a la culminación del relato en su solución que
deja cerrado el mismo. A cada uno de estos fragmentos podríamos, así, asignarle
un título:
1. Traslado de Isabel a Los Horneros; 2. Presentación de los
personajes (carácter); 3. El formicario; 4. La pelota; 5. Las imágenes. El
tigre; 6 y 8. La carta; 7. El problema; 9. El mamboretá; 10. La venganza.
Por supuesto, cada núcleo no constituye una unidad cerrada.
Precisamente, y es una de las técnicas más destacables y elogiables de
Cortázar, las imágenes y referencias presentadas en un núcleo vuelven a
aparecer en los siguientes, de lo que se deduce su importancia.
Pongamos por caso las manos de Rema, la tristeza que inunda
la casa, o el formicario, del cual descubrimos su importancia suma al
reiterarse su presencia de manera continuada a partir de su primera mención en
el fragmento 3.
Haremos un estudio más detallado de cada uno de los núcleos
cuando pasemos a tratar la parte temática. Por ahora esbozaremos los rasgos
formales:
A) Secuencias. Observado por Carmen de Mora⁶, quien
propone una división del cuento en dos secuencias unidas por un enlace, es
decir, una misma serie de acontecimientos que afecta a la vez a dos agentes
animados por intereses opuestos (los personajes en cuestión serían Nene e
Isabel).
B) El punto de vista. El escritor plantea el relato
desde la omnisciencia de un narrador supuesto de la historia. Ya dijimos que la
estructura de la obra respondía a un planteamiento progresivo. A medida que
Isabel conoce el problema nosotros igualmente tomamos conciencia de él. Es
decir, primeramente, el escritor piensa en Isabel, en aportarle datos para que
al final del cuento pase de una situación de expectación inicial, de pasividad
marginal, a otra, muy distinta, de acción y protagonismo activo. Se trata de un
proceso de aprendizaje que nosotros realizamos junto a Isabel. Desde el primer
momento se convierte en el eje central de la obra, porque, una vez presentada,
el narrador se coloca en la perspectiva del personaje, dando, así, un paso
decisivo; y en la mayoría de los casos el lector conocerá tan solo a través de
los ojos de Isabel.
A partir del perspectivismo, podemos otorgar a los personajes
la etiqueta que les corresponde. Isabel sería el agente, según lo dicho hasta
aquí. A la madre de esta le correspondería un título confidencial: Isabel a través de las
cartas le cuenta los hechos más destacables ocurridos en la casa. Luis y Nino
serían los aliados de Isabel. Rema tendría una relación situada en el eje del
amor (amor "maternal"). El Nene, en fin, sería el adversario en esta
figurada batalla ajedrecística.
C) El diálogo. Es escaso; por eso cobra especial
relevancia cuando hace aparición. Recordamos ahora el fragmento 3 entre Isabel
y Rema, el del 4 con la actuación del Nene, y, sobre todo, el que llena el
fragmento⁹. Es utilizado directamente de dos maneras: 1) entre comas:
intercalándolo en la narración como dato significativo. Se trata de
intervenciones orales relevantes de los personajes en momentos dados (e.g. el
de la pág. 139); 2) con guiones: el narrador deja paso libre a los personajes
para que ellos cuenten (e.g. pág. 134). Cobra importancia grave el monólogo
interior indirecto, el cual ayuda al lector a conocer a Isabel (e.g. pág. 124).
D) La carta. Es importante en el relato, pues por vía
epistolar descubrimos los sentimientos directos de la protagonista ante el
escenario de los hechos. En dos ocasiones el narrador la anuncia, pero apenas
dicta una frase inconclusa (cfr. el fragmento 2). Se trata simplemente de una
técnica cortazariana que podemos comparar a la de la utilización de los puntos
suspensivos que prodiga en su obra toda. Los fragmentos 6 y 8 están construidos
por entero por una gran parte de la carta ya enunciada (distinguida en letra bastardilla).
E) La anticipación. Recordemos que Isabel antes de ir
a la finca de Los Horneros vive de antemano lo que será su vida y estancia
allí, teniendo como base el recuerdo de tres años antes (cfr. el fragmento 1).
F) La repetición. Los pasajes iterativos suelen
describir las costumbres de los Funes desde la óptica, sobre todo, de Isabel.
El mismo recurso presupone que la insistencia sobre un aspecto o asunto
concreto ha de otorgarle importancia con vistas a un fin dentro de la dinámica
del cuento.
Analizados muy someramente los rasgos de estilo más
sobresalientes pasemos a hacer una exégesis del contenido. En primer lugar,
intentaremos incluir el relato dentro de un grupo determinado de cuentos, para
continuar, así, con la explicación del contenido del cuento siguiendo los núcleos que
señalamos más arriba. Y terminaremos nuestra labor con el tratamiento de los
dos temas que creo que cimentan la narración, es decir, el aspecto sexual y la
importancia de los animales en el relato, centrando nuestra atención tanto en
los animales secundarios como en el formicario y el tigre, los cuales, estos
dos últimos, tienen una especial relevancia en el relato por su significación
última. Pero empecemos sin más demora.
1.-Inclusión. Cuando Cortázar publica sus cuentos a
través de la editorial Alianza, en tres tomos, con el nombre genérico de Los
relatos, asigna a cada uno de estos tomos un título que esconde el hilo
unificador temático de los cuentos que los forman. El primero de ellos se
titulará "Ritos" (frente al segundo "Juegos" y al tercero
"Pasajes"), y en él se incluirá el relato que tratamos, junto a tres
más de Bestiario: "CSP", "O" y "Ci". Está
claro cuál es el elemento ritual en "Bestiario", pues no es sino el
tabú, esto es, la prohibición de entrar en la pieza habitada por el tigre que
amenaza incansable la vida de los Funes. Además de lo dicho, cabe una
clasificación de otro tipo por la que "Bestiario" entraría a formar
parte de aquellos relatos en los que lo insólito ocupa un lugar natural
mediante la aceptación previa por parte de los personajes. En un ambiente
"realista" se introduce un elemento fantástico, una situación anómala
que no acabamos de atar nosotros lectores, pero que es vista por los personajes
sin el menor asomo de extrañeza.
2.-Explicación nuclear del cuento.
A) Traslado de Isabel a Los Horneros: hay tres cosas
importantes, que son la creación de un ambiente, el viaje y la primera mención
del tigre. Desde el primer momento el autor instala a sus personajes en un
ambiente tenso. Esta tensión impregna al mismo tiempo al lector, que entra a
formar parte (vía indirecta) del juego. Hay varios datos que denuncian este
hecho. En primer lugar, las miradas que dedican Inés y la madre de Isabel a
ella misma, llenas de misterio (pág. 123), son miradas que esconden un secreto
y que responden a una tristeza provocada por la noticia: los Funes han invitado
a la pequeña Isabel a su finca. Pero ¿qué hay de malo en ello? Ante todo, la
tristeza de la casa a la que alude Inés y, después, esos puntos suspensivos que
añade Cortázar para dejarnos con el alma en vilo. Su misma madre dice que
tampoco a ella le "gusta" que Isabel vaya allí (pág. 123); y la misma
Isabel "sintió miedo" (pág. 124) cuando se percató de lo que le
esperaba. Se trata de una tragedia ya fabricada de antemano, pronosticada, y
los indicios que el lector capta no le hacen pensar otra cosa: nos encontramos
atrapados en el clima de Cortázar, atrapados por la palabra. Tenemos por ahora,
entonces, dos notas que destacar: el miedo, extraño hasta ahora pero que
justificará el final del relato: y la tristeza, que se confirmará (aunque ya
consabida por los personajes) para el lector cuando este conozca la atmósfera
de Los Horneros.
El segundo punto importar es el viaje. Este puede constituir
un símbolo. Se tratará, en efecto, de un viaje especial: es el traslado a un
mundo gobernado por lo mágico (en el sentido más genuinamente cortazariano).
Entramos en una dimensión distinta a la realista, distinta a esa que pretendía
Stendhal reflejar en el espejo de su novela. Porque el realismo aquí es
transgredido o falseado por elementos ajenos a él. Y se trata sobre todo de la
presencia de un tigre cuya realidad se nos escapa.
En el viaje sigue imperando el miedo y, como elemento nuevo y
premonitorio, la muerte. Isabel viaja en tren "muerta de miedo" (pág.
125): al terminar el viaje "en la estación le vino un poco de miedo"
(pág. 126): y, lo más importante, "las manos de Rema que le daban deseos
de llorar y sentirlas eternamente contra su cabeza, en una caricia casi de
muerte" (pág. 126) que nos recuerda el momento final de la narración (cfr.
pág. 145). Al final sabremos que el viaje supondrá para Isabel una iniciación,
y una liberación para Rema.
B) Presentación de los personajes y de un nuevo espacio: A
partir del segundo fragmento nos encontramos situados en un espacio nuevo: la
casa de los Funes y sus alrededores. Aquí, y solo aquí, viven los nuevos
personajes. Es un espacio cerrado que conlleva unas connotaciones negativas. El
espacio opresor es capaz de crear odios y tensiones entre los personajes. Más
aún, esta opresión se intensifica con la presencia del tigre que deambula por
la casa restringiendo su habitabilidad. Solo Isabel y Nino saldrán de la casa,
y los criados parece que tienen la función de llevar a los Funes las noticias
del mundo exterior.
En este fragmento serán presentados los Funes: Rema, Nino,
Luis y el Nene, y, aparte, vemos dibujada con líneas más claras a Isabel. Las
relaciones familiares se nos presentan difusas, pero propondremos un esquema:
Nino sería el hijo de Luis y Rema, mientras el Nene sería el cuñado de esta
última. En todo caso la relación de parentesco no es de lo más importante, pues
si Cortázar no la ofrece explícitamente (nos referimos ante todo al parentesco
entre Rema, Luis y Nene) es porque quiere dejar abierto el campo de
posibilidades.
El personaje que encarna Luis muestra un carácter de
pasividad. Está preocupado por la educación de Nino (págs. 126 y 129), pero su
dedicación exclusiva a la lectura (pág. 127), su falta de diálogo, su desidia y
despreocupación por las burlas del Nene (pág. 127), lo convierten en un pelele
inofensivo e impotente. El Nene presenta rasgos negativos: es quejoso (págs.
127 y 128), rabioso, enfadadizo, de una burla dañina para con Luis y, en
definitiva, contiene en su persona los elementos necesarios para convertirlo en
el malo del cuento: por eso la tragedia que se viene anunciando no deja de ser
una ironía, ya que su muerte supone una liberación para los demás miembros de
la familia. Rema es el receptáculo de los requerimientos sexuales del Nene. De
ahí que se le muestre siempre triste y silenciosa (habla con las miradas), pero
al mismo tiempo tierna, buena y hacendosa. Cualidades estas que serán captadas
y asimiladas por Isabel, que, hasta el último momento se caracterizará
precisamente por una cierta pasividad: pero, también, como folio en blanco (es
aún una niña) que se va a ir llenando con las impresiones que recibe. Que
recibe ella y que recibe el lector, que vive la vida de los Funes a través de
sus ojos prácticamente. Se trata de una técnica que podríamos tildar de
maniqueísta. Nino, en fin, es un simple niño con sus juegos y su amor hacia la
madre, sus risas y sus llantos.
Importante en este fragmento es también la concreción de la
función del tigre. Es de destacar, además, el inicio de la carta de Isabel a su
madre, que se ve interrumpida dos veces, circunstancia esta que algunos críticos
han tratado de enlazar con el tema de la incomunicación o comunicación
imposible con el exterior.
C) El formicario: Nino e Isabel dedican su tiempo a capturar
hormigas para meterlas en una caja de cristal. El valor simbólico es importante
en este caso, y a él dedicaremos unas líneas más adelante.
D) La pelota: Se trata de acentuar la negatividad del Nene.
Justo en el momento en que Isabel se siente más feliz, fuera, en el jardín, una
pelota lanzada por Nino rompe el cristal de la ventana del Nene. Este sale y
los insulta. Significa el contraste entre la felicidad del exterior y el odio
del interior.
E) Las imágenes. El tigre: En la oscuridad, sobre la cama,
Isabel recuerda imágenes del pasado próximo: como el Nene abofeteó a Nino por
el pelotazo y luego las tensiones en el comedor a raíz de esto. Es una forma de
mostrar los acontecimientos a través del filtro que supone Isabel, y una manera
de describir a la protagonista a partir de las imágenes que ella ha
interiorizado del conjunto de su observación.
El otro componente importante es el que nos da cuenta del
funcionamiento en la casa en relación al problema del tigre: es el criado el
que avisa de la posición de este. El conocimiento por parte de Isabel de este
aspecto será un paso importante cualitativamente en el cuento. No olvidemos que
será ella la que dará la información cambiada, al final del relato, de la
posición del tigre, y esto supondrá la muerte del Nene.
F) La carta: Son los fragmentos de carta que el narrador nos
ofrece, dirigida por Isabel a su madre.
Son importantes porque resumen lo que para la niña está
siendo lo esencial de sus vacaciones en Los Horneros, o, más bien, las
conclusiones explícitas que la niña está sacando de su convivencia con los
Funes: los juegos con Nino (el formicario), la tristeza de Rema, la
"bondad" de Luis, el tigre (comprendiendo de él solo que es algo
negativo de lo que deben estar lejos).
G) El problema: Es la tristeza inmensa de Rema y el
descubrimiento, por parte de Isabel, de que es causada por el Nene. Me refiero
al momento en que Luis culpa a un "miserable" (el Nene) causante del
estado de Rema. Es, a fin de cuentas, el problema que tratará de solucionar
Isabel. Su odio hacia el Nene y su amor hacia Rema son los móviles de su acción
última.
H) El mamboretá: este insecto se planta en el mantel de un
vuelo. Los niños lo atrapan y lo meten bajo un vaso. Puede haber aquí un
simbolismo, una relación analógica entre este bicho y el Nene. Isabel lo quiere
matar, o (¿por qué no?) meterlo en el formicario para estudiarlo. Como el Nene
en la casa (¿o cómo el tigre?), el mamboretá en la caja de hormigas sería un
elemento extraño. Luego -siguiendo esa relación de analogía- hacen rabiar al
mamboretá dentro del vaso, como también rabiará, en este mismo fragmento, el
Nene cuando sea Isabel quien le lleve el vaso de limonada a la cama, y no Rema
como él había pedido.
I) La venganza: Isabel, a partir de todo lo dicho, concluye
que la tristeza de Rema es consecuencia de los acosos del Nene, y, de esta
manera, se venga informando de una posición distinta del tigre, que
devorará al Nene mientras Rema muestra su gratitud hacia la pequeña.
Tras este somero análisis interpretativo del texto nos
centraremos en los elementos que consideramos esenciales para el entendimiento
correcto (si es que esto es posible) del relato. Son, ni más ni menos, que los
dos puntos que indicamos páginas atrás.
1. -El aspecto sexual:
Este, que parecería un factor secundario en el relato, ha
supuesto para parte de la crítica el eje central de sus apreciaciones, y solo a
partir de aquí, según ellos, cabe una interpretación recta de
"Bestiario"⁷. En primer lugar, el único testimonio de relación
amorosa se reduce a los insistentes acosos del Nene a Rema. No obstante, se ha
llegado a hablar de homosexualidad y de incesto (Rema-Isabel), y esto
refiriéndose a una niña, en la que el sexo apenas forma parte de su persona
sino de una manera incipiente. Evidentemente Rema e Isabel no son lesbianas,
simplemente hay entre las dos una relación cariñosa, afectiva, tía-sobrina. La
sobrina, que quiere mucho a una tía que no para de acariciarla, se da cuenta de
su tristeza y de la causa que la provoca. Por eso, sin pensar quizá en las
terribles consecuencias, se venga del Nene. Es una venganza infantil, como las
de muchos niños, pero su significación en el mundo de los mayores cobra dimensiones
más amplias. El Nene es para Isabel un insecto más al que se puede matar. Los
que siguen una vía de interpretación distinta al tener que darle un significado
al tigre dentro de un ambiente de relaciones sexuales, llegan a decir que el
felino es representante de la libido freudiana⁸, haciendo gala de un esoterismo
que creemos demasiado atrevido.
2.-Animales en Bestiario:
En las primeras páginas de nuestro trabajo intentamos ofrecer
un panorama de la aparición de animales en el libro Bestiario, y
subrayamos su importancia esencial en el libro (así como también la tiene en
toda la obra del argentino). En nuestro relato resalta su especial significación.
Traeremos a colación las citas de animales secundarios y comentaremos con más
profundidad las figuras del tigre y del formicario.
Hay un personaje que cobra un verdadero interés en su
relación con el mundo de los insectos: es Nino. Es sobresaliente el hecho de
que los recuerdos que Isabel tiene de él de su anterior visita a Los Horneros
sean en parte en este sentido. Recuerda a un Nino al que le enseñaba a nombrar
las figuras de un álbum: un "sapo" y un "pescado" (págs.
124 y 126): recuerda, además a un Nino cazando "mariposas" y
"cucarachas" (pág. 124). En su actual estancia en la finca, Nino
parece no haber cambiado: su interés por capturar, examinar y coleccionar
bichos se proclama característica fundamental del niño. Como a Isabel, le
encanta observar "microbios" por el microscopio (pág. 129), ambos
capturan "hormigas" para formar otra colección (págs. 143-144). Esta
obsesión, infantil, puede tener una significación simbólica que no logramos
desentrañar sin ambigüedad. Solo en el caso del formicario (que trataremos) la
relación simbólico-analógica se hace evidente -y explícita-, aunque, quizá con un criterio idéntico, podríamos emparentar los microbios vistos a través
del microscopio y la colección de caracoles.
Cumplen, además, funciones decorativas y ambientales,
creemos, otros animales. Isabel al llegar a la finca, en su segundo día
"encontró un bicho de humedad en el lavabo. Lo tocó apenas, se hizo una
bolita temerosa, perdió pie y se fue por el agujero gorgoteante" (pág.
127). Luego aparecerán unos "perros" que ladran (pág. 139), y otros
"bichos" (págs. 139 y 141) y "mosquitos" (pág. 142) que
pueblan el aire de la finca. Sin importancia simbólica, otros animales actúan
como simples elementos comparativos: Inés es cada día más "pava" (pág.126),
y la mano de Rema se la compara con un "pájaro" (pág. 133), o algún
ejemplo más de ínfimo interés a nuestro propósito. Contrariamente a esto, sí
que tendrían verdadero valor simbólico el "cascarudo" que los niños
tiran dentro de la botella con las hormigas (pág. 130) y el
"mamboretá" que tapan con un vaso para observarlo (pág. 139).
El formicario reviste un carácter simbólico. Más que ningún
otro elemento de la finca, ayuda a Isabel a comprender mejor el mundo que le
rodea. El espacio cerrado de la casa es traspuesto al formicario:
El formicario valía más que todos Los
Horneros, y a ella le encantaba pensar que las hormigas iban y venían sin miedo
a ningún tigre, a veces le daba por imaginarse un tigrecito chico como una goma
de borrar, rondando las galerías del formicario: tal vez por eso los desbandes,
las concentraciones. Y le gustaba repetir el mundo grande en el de cristal,
ahora que se sentía un poco presa, ahora que estaba prohibido bajar al comedor
hasta que Rema les avisara (pág. 132).
Las hormigas representarían a los Funes (esta es la imagen
que se crea Isabel):
Pensó en el formicario, allá arriba,
y era una cosa muerta y rezumante, un horror de patas buscando salir, un aire
viciado y venenoso (pág. 134).
Más aún, las hormigas pueden representar tan solo el estado
de Rema. Rema está atrapada y presionada. Como las hormigas lo están por el
vidrio del formicario. No creemos inventarnos nada. Hay una secuencia en que
Rema se acerca a la urna de vidrio e Isabel ve su mano reflejada como si
estuviera dentro con las hormigas; rápidamente le dice que la saque de ahí
(págs. 132 y 133).
Que el hormiguero es representación de la vida humana y que
la hormiga laboriosa se suele comparar con el hombre es un tópico. Y también
Cortázar acudirá a él en otras obras. Por ejemplo, sin salirnos de la
cuentística, en "Los venenos" (incluido en Final del juego),
un personaje reflexiona:
Pensaba en muchas cosas, pero sobre
todo en las hormigas; ahora que había visto lo que eran los hormigueros me
quedaba pensando en las galerías que cruzaban por todos lados y que nadie veía⁹
(págs. 32-33).
Juan Carlos Curutchet cita un texto de “Todos los fuegos el fuego” (incluido en el
libro del mismo nombre), y hace un comentario¹⁰:
En la secuencia 13, Marco es
atravesado por el tridente del reciario nubio. Cortázar apunta, a propósito de
este incidente, una observación reveladora: "Marco mueve lentamente un
brazo, elevado en la arena como un enorme insecto brillante". La
coincidencia no puede ser casual. Al ser empujado por una galería del circo
romano, Marco, el insecto, la hormiga, ha venido a desembocar en el París de
1964. (pág. 96).
Remitimos también al lector al capítulo 120 de Rayuela,
en el que las hormigas son portadoras de una negatividad devoradora. La cita
sería demasiado extensa, pero el texto es de los más significativo. Con
connotaciones análogas la encontramos también en Historia de cronopios y de
famas¹¹, en ese fragmento que comienza diciendo que "Las hormigas se
comerán Roma, está dicho" (pág. 34). No en vano se dice que fueron las
fundadoras de la república.
Volviendo al emparejamiento casa-formicario, en este último
pueden entrar objetos extraños (como en la casa pueden serlo el tigre o el
Nene). Cuando los niños llenan la botella de hormigas "dieron con un
enorme cascarudo y lo tiraron también dentro, para ver" (pág. 130). Más
adelante los pequeños atrapan un mamboretá (una mantis religiosa) y la cubren
con un vaso. También este insecto puede representar al Nene por varias razones
que tienen que ver con las relaciones entre los personajes. Nada más cogerlo
Rema dice: "Tirá ese bicho. Les tengo tanto asco" (pág. 139). Por
otro lado "Isabel hubiera querido decapitar al mamboretá, darle un
tijeretazo y ver qué pasaba"¹² (pág. 140). Es lo que hará luego con
el Nene: lo llevará a la habitación del tigre para, digamos, "ver qué
pasa", y todo, como con el cascarudo (observar las cursivas, señaladas por
mí), se toma como un juego, sin pensar demasiado en las consecuencias (ya lo
anunciamos). Isabel "mata" al Nene como si fuese un insecto más. Como
si todo formara parte de un experimento más.
Nos toca, por fin, hablar del tigre. Es uno de los
componentes más atractivos del cuento y supone el elemento mágico que introduce
el autor. Varias han sido las lecturas que se han hecho de él. Ya vimos,
páginas atrás, las interpretaciones sexuales de algunos críticos. Pero antes de
nada, creemos, hay que empezar por un planteamiento más sencillo: el de
otorgarle un valor puramente literal, real. Esta lectura es válida pues el
tigre concreta su existencia de modo destacado en la parte última del relato. Carmen
de Mora (en la obra citada) había hecho una fina observación en la que
confería al tigre un valor simbólico emparentándolo con el Nene: pero esto lo
pondrá en tela de juicio al hacerse material el propio tigre en el cuento:
... para el lector el tigre va
perdiendo poco a poco su entidad al identificarlo con la fuerza que amenaza las
relaciones de los miembros que habitan la casa, fuerza localizable en la
psiquis de algunos de ellos. En efecto, existe un paralelismo entre los
atributos simbólicos del tigre (cólera, crueldad y desenfreno de todas las
potencias inferiores de la instintividad) y la personalidad de Nene. Sin
embargo, el autor, sin conceder márgenes a la interpretación alegórica del
lector, confirma la existencia real del tigre cuando al final el Nene es
asesinado (págs. 104-195).
Efectivamente, aquí caben ya juicios de todo tipo. Hemos
empezado a jugar con Cortázar, como lectores cómplices y participantes del
relato. Toda interpretación se hace válida y, al mismo tiempo, refutable. La
realidad del tigre se relativiza. Es curioso el antecedente del poema borgeano
"El otro tigre". El autor evoca la figura del tigre, pero pronto se
da cuenta de que ese tigre es solo simbólico¹³:
Cunde la tarde en mi alma y
reflexiono que
el tigre vocativo de mi verso
es un tigre de símbolos y sombras
(pág. 30).
Y más abajo:
Al tigre de los símbolos he opuesto
el verdadero, el de caliente sangre (id.).
De este modo, el de Cortázar solo sería simbólico (como el del
otro argentino), porque es un tigre simplemente literario. Aunque, en realidad,
no es esta la pregunta que nos hacíamos (diferencia concepto-objeto), el
antecedente parece revelador, pues a partir de esta tesis el tigre cortazariano
sería doblemente simbólico, ya que no se queda en el simple concepto: a la
palabra le otorgamos un referente no concreto. Algo parecido ocurre en
"Los posatigres" (incluido en Historia de cronopios y de famas),
donde la realidad del tigre queda difuminada y falseada por el mismo lenguaje.
Puntos de contacto parece tener también con el tigre borgeano
de "La escritura de Dios", de su libro El Aleph. Un prisionero
vive en una cárcel encerrado con un tigre a los que separa una pared (de alguna
manera la finca de Los Horneros es también una cárcel con tigre). Este tigre
también se caracteriza por su misterio¹⁴: "Que muera conmigo el misterio
que está escrito en los tigres" (pág. 123), termina diciendo el
protagonista.
Hay otro punto que une a todos estos tigres literarios: su
voracidad. En el último relato citado se dice: "Imaginé esa red de tigres,
ese caliente laberinto de tigres, dando horror a los prados y a los
rebaños" (pág. 120). En el relato ya citado de "Los posatigres"
Cortázar habla del peligro que puede suponer el hecho de "posar un tigre":
La menor falla sería la catástrofe,
los fusibles quemados, la leche por el suelo, el horror de unos ojos
fosforescentes rayando las tinieblas, los chorros tibios a cada zarpazo; me
resisto a imaginármelo siquiera, puesto que hasta ahora hemos posado el tigre
sin consecuencias peligrosas (pág. 44 de la edición citada).
Recuerdo ahora también el tigre del poema "Estival"
de Rubén Darío, incluido en su libro Azul, que al final se sueña
a sí mismo devorando niños ¿justificadamente?¹⁵:
Entonces tuvo un sueño:
que enterraba las garras y los
dientes
en vientres sonrosados
y pechos de mujer; y que engullía
por postres delicados
de comidas y cenas,
como tigre goloso entre golosos,
unas cuantas docenas
de niños tiernos, rubios y sabrosos
(pág. 51).
Y por último otro texto, ahora de Cien años de soledad¹⁶,
de García Márquez, donde queda precisa la negatividad del tigre para las
gentes de Macondo. Nos referimos al aviso que da Petra Cotes a Aureliano
Segundo:
Le mandó decir que los potreros se estaban inundando, que el
ganado se fugaba hacia las tierras altas donde no había qué comer, y que
estaban a merced del tigre y la peste¹⁷.
No sé si se podría hablar, a partir de estos datos, de una
tradición literaria. Habría que consultar otros textos. Pero, en todo caso,
esta cuestión la dejaremos para un posterior estudio.
En definitiva, esto es lo que nosotros podemos aportar, si es
que ha valido la pena y el esfuerzo, a la lectura de "Bestiario".
Imaginamos que seguirán quedando cabos sueltos, si es que no se han
multiplicado con nuestro trabajo.
NOTAS
1. Juan Carlos Curutchet. Julio
Cortázar o la crítica de la razón pragmática. Madrid. Editora Nacional,
1972. David Lagmanovich, Estudios sobre los cuentos de Julio Cortázar,
Barcelona, Hispam, 1974, Carmen de Mora Valcarcel. Teoría y práctica del
cuento en los relatos de Cortázar, Sevilla, Escuela de Estudios
Hispanoamericanos, Universidad de Sevilla, 1982.
2. Vid. Omar Prego, La fascinación de
las palabras (Conversaciones con Julio Cortázar), Barcelona, Muchnik
editores, 1985, pág. 33.
3. Cfr. su artículo publicado en La
Nación en 1964, también publicado en Cuadernos Hispanoamericanos,
1971, pág. 85.
4. A partir de aquí abreviaremos los
nombres de los cuentos de la manera siguiente: "Casa tomada" (CT),
"Carta a una señorita en París" (CSP), "Lejana" (L), "ómnibus"
(O), "Cefalea" (Ce), "Circe" (Ci), "Las puertas del
cielo" (LPC) y "Bestiario" (B).
5. A partir de aquí citaremos por la
edición Barcelona, Ediciones B, 1987.
6. Op. cit. págs. 150-151.
7. Cfr. a este respecto los trabajos de
Graciela de SOLA, Julio Cortázar y el hombre nuevo, Buenos Aires,
Sudamericana, 1968; y de Antonio Planells, Cortázar: Metafísica y Erotismo,
Madrid, José Porrúa Turanzas, 1979.
8. Véase, por ejemplo, Joaquín Roy, Julio
Cortázar ante su sociedad, Barcelona, Península, 1974, pág. 83.
9. Cito por la edición de Barcelona,
Ediciones B, 1987.
10. Cfr. "Julio Cortázar, cronista
de las eras imaginarias para una interpretación de Todos los fuegos el fuego",
incluido por David Lagmanovich en op. cit. (págs. 83-98).
11. Citaré esta vez por la edición de
Barcelona, Edhasa, 1970.
12. Vale la pena recordar que la mantis
religiosa acaba matando al macho después de copular con él.
13. Cito por Antología poética
1923/1977.Madrid, Alianza, 1981.
14. Citaré por la edición de Madrid,
Alianza, 1985.
15. Lo tomo de Páginas escogidas,
Madrid, Cátedra, 1989.
16. Cito por la edición de Madrid,
Cátedra, 1987.
17. Más adelante se dice: "Álvaro
fue el primero que atendió el consejo de abandonar a Macondo. Lo vendió todo,
hasta el tigre cautivo que se burlaba de los transeúntes en el patio de su
casa, y compró un pasaje eterno en un tren que nunca acababa de viajar (pág.
477).
Nota de pie de página común en todas las páginas: Hispanística Vol IV No. 1-2, '96
Citar así:
Estilo APA:
Carrasco Sotos, Á. (1996). Acercamiento a Bestiario, cuento de Julio Cortázar. Hispanística, 4(1-2),
66-74. (URL).
Estilo MLA:
Carrasco Sotos, Ángel. "Acercamiento a 'Bestiario',
cuento de Julio Cortázar". Hispanística, vol. IV, no. 1-2, 1996,
pp. 66-74.
ORIGINAL
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