domingo, 4 de junio de 2017

Filosofía y prostitución - Historia y verbo: Según E. M. Cioran


De su libro Breviario de podredumbre.


Historia y verbo

Un sistema de acontecimientos no prueba nada: las grandes hazañas han unido los cuentos de hadas y los manuales. Las empresas gloriosas del pasado, así como los hombres que las suscitaron, ya no interesan más que por las bonitas palabras que las coronaron. ¡Pobre del conquistador que no tenga ingenio! El mismo Jesús, aun siendo dictador indirecto desde hace dos milenios, no ha marcado el recuerdo de sus fieles y de sus detractores más que por los retazos de paradojas que jalonan su vida hábilmente escénica. ¿Cómo interesarse aún por un mártir si no profirió una frase adecuada a su sufrimiento? Solo guardamos memoria de las víctimas pasadas o recientes si un verbo ha inmortalizado la sangre que les salpicó. Incluso los mismos verdugos no sobreviven más que en la medida en que fueron comediantes: Nerón hubiera sido olvidado hace mucho sin sus salidas de payaso sanguinario.

Cuando junto a un moribundo sus semejantes se inclinan hacia sus balbuceos, no es tanto para descifrar una última voluntad, sino más bien para recoger una frase ingeniosa que poder citar más tarde a fin de honrar su memoria. Si los historiadores romanos no omiten jamás describir la agonía de sus emperadores, es para poner en ella una sentencia o una exclamación que estos pronunciaron o se reputa que pronunciaron. Esto es cierto para todas las agonías, incluso las más comunes. Que la vida no significa nada, todo el mundo lo sabe o lo presiente: ¡que se salve al menos por un giro verbal! Una frase en los momentos cruciales de la vida: he aquí poco más o menos todo lo que se pide a los grandes y a los pequeños. Si faltan a esa exigencia, a esta obligación, están perdidos para siempre; pues se perdona todo, hasta los crímenes, a condición de que estén exquisitamente comentados y acabados.


Filosofía y prostitución

La criatura menos dogmática: la mujer pública. Desprendida de todo y abierta a todo; compartiendo el humor y las ideas del cliente; cambiando de tono y de rostro en cada ocasión; dispuesta a ser triste o alegre, permaneciendo indiferente; prodigando los suspiros por interés comercial; lanzando sobre los esfuerzos de su vecino superpuesto y sincero una mirada lúcida y falsa, propone al espíritu un modelo de comportamiento que rivaliza con el de los sabios. Carecer de convicciones respecto a los hombres y a uno mismo: tal es la elevada enseñanza de la prostitución, academia ambulante de lucidez, al margen de la sociedad, como la filosofía.

ZR

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