domingo, 25 de junio de 2017

Crítica de "Four Lions" (Chistopher Morris, 2010): Review



por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC




Remontémonos a 1999. Ese año Roberto Begnini estrenó, como sabéis, La vida es bella. No tardaron en levantarse voces críticas ante el tratamiento de comedia de un asunto tan deleznable como el holocausto y los campos de concentración. Unas voces que se hicieron más presentes conforme la película iba teniendo más éxito.



Bien. Estos intentos contra la libertad de expresión son un buen ejemplo de nuestros tiempos modernos y políticamente correctos que llevan consigo, en su misma esencia, la superficialidad y la simpleza, simpleza en el sentido más peyorativo del término. Unos tiempos que son una apología continua de la apariencia, de la estupidez. La importancia y el supuesto análisis se quedarán siempre en la corteza, en el armazón, la cáscara y con respecto a una película en el tono o género que se elija para realizar la misma. Absurdo, ¿no? Lo verdaderamente importante, evidentemente, no es la cáscara, ni el género de algo sino el tratamiento, contenido y tesis que se exponga en esa obra de arte. Nada censurable había en La vida es bella y nada censurable hay en esta 4 Lions, que trata en clave de comedia desenfrenada los planes de una célula terrorista en Inglaterra que pretende cometer un atentado inmolándose. Ahora cualquiera analiza, comenta cualquier barbaridad y se le toma en serio.




Lo más curioso de Four Lions es que es precisamente en su elección del género, una sátira brillantísima, donde está uno de sus mayores aciertos a la hora de analizar el fondo de la cinta.

Ese grupo de imbéciles integrales, de casi subnormales, limitados, sin formación alguna e inteligencia mínima es el mejor retrato de la absurdidad del fanatismo, en cualquiera de sus vertientes, pero en concreto del islamista. Sin maniqueísmos y con gran humanidad en la descripción de los personajes, a los que se les coge irremediablemente cariño.

Omar (Riz Ahmed), el más decidió e inteligente es el jefe o líder del grupo, el resto son Waj (Kayvan Novak), el más corto y entrañable, Barry (Nigel Lindsay), el más radical y fanático, casi un demente, Faisal (Adeel Akhtar) y Hassan (Asher Alí), reclutado con posterioridad y que aspira a ser rapero.




La simpleza de los personajes, su estupidez supina no solo tiene como finalidad la comicidad, sino exponer la tesis de lo estúpido, y por ello peligroso, que es el fanatismo, la facilidad con la que se puede manipular a gente limitada y la cantidad de gente limitada que hay. La película no muestra ningún personaje mínimamente inteligente, ya sean islamistas, policías ingleses o ciudadanos normales. La idiotez y el fanatismo íntimamente relacionados. Es el terror que produce, el uno sin el otro son casi inconcebibles. No hay peligro porque haya manipuladores sino porque exista una sociedad ignorante, aborregada que sirva de caldo de cultivo.

La reinvención de la realidad, de la historia, su adaptación para que concuerde con lo que nos conviene, algo que hace constantemente el personaje de Omar, y que aquí conocemos bien con los nacionalismos.




Uno de los grandes detalles de guión que remarca esta tesis es la cantidad de referencias infantiles que sitúan a los protagonistas al nivel intelectual de críos, casi en una fase embrionaria de desarrollo intelectual.

Así tenemos al protagonista, explicando la Yihad a su hijo manipulando la historia del Rey León y viéndose superado en sus límites intelectuales y morales por su propio hijo, los disfraces para correr la maratón de Londres que usan los protagonistas son de personajes infantiles como las Tortugas Ninja o de Barrio Sésamo. Para comunicarse por internet se meten en una página infantil de pajaritos. Bromean con pistolas de agua o hacen vídeos con armas que parecen de juguete, con referencias a los Action Man, por ejemplo. El oso de peluche para oraciones de Maj. Hassan, el aspirante a rapero, haciendo explorar bombas de juguete… Asusta pensar, entre risas, que niños mentales tengan acceso a bombas, y lo que puedan hacer con ellas, evidentemente.




Los diálogos son verdaderamente brillantes e hilarantes, de una imaginación y gracia fuera de toda duda. Son muchos los que se podrían destacar, desde la escena donde se tragan las tarjetas Sim de los móviles para así evitar que les detecten, a la que Faisal explica cómo cambia de voces y se hace pasar por mujer en las tiendas donde va comprando los distintos elementos que necesita para hacer una bomba, una escena descacharrante. La escena de la experiencia militar de Omar y Waj donde acaban matando a Bin Laden por error al usar un bazuca al revés. La surrealista escena de la conferencia de prensa donde, no se sabe muy bien ni cómo y ni por qué, participara Barry y que desnuda las paradojas de la democracia que se ve obligada al respeto a las opiniones que albergan el fanatismo y la idea de liderar una revolución contra esa misma democracia. Un humor negro y una velocidad en los diálogos, además de unas ocurrencias siempre sorprendentes, que pocas veces bajan el nivel. La escena del accidente de Faisal, donde se inmola sin querer y acaba mezclado, en una especie de ensalada de carne picada, con una oveja, es otro ejemplo más. Son innumerables.

Estos mujahidines de tres al cuarto son una especie de Monty Python, una referencia muy usada en las críticas.




Siendo una película valiente y sin complejos que se ríe de su sombra y de temas de los que antes se había reído muy poca gente en el cine, lo cierto es que no ataca al Islam en sí, sino a la absurdidad de determinadas creencias y actos, al fanatismo al que lleva esa religión y al uso que se hace de esa fe.

El resultado de tanta incompetencia no podía ser otro que el fracaso total de la misión de estos terroristas suicidas, que lleven una o tres capas de calzoncillos lo que es casi seguro es que éstos tendrán motivos de Walt Disney.

El mayor problema de la película es que se atasca a nivel narrativo, ese gusto y virtuosismo en los diálogos del que se sabe inspirado hace que se recreen en ellos mientras la película se reitera en situaciones y no avanza. Un mal menor por la diversión que provocan los diálogos y situaciones eso sí. Episodios de brillante humor pero de narrativa mínima, poco cohesionada, pero que se disfruta y te ríes tanto que viene a ser algo secundario. Falta también algún personaje que contraste con toda la estupidez que inunda la película para que la haga más efectiva y logre una mayor afinidad con el espectador.




La dirección de Christopher Morris, también coguionista, es convencional y sin nada reseñable, se limita a sacar partido de los muchos gags brillantes que contiene la cinta y dejar que sus actores reciten los divertidos diálogos. Como mucho destacar cierta movilidad en la cámara que no se mantiene quieta en los planos, recurso modernete sin más interés.

Reincidir en la escena donde Faisal explica como compra agua oxigenada en la tienda, con un diálogo absolutamente magistral, la carcajada es asegurada. Una escena realmente excepcional y divertidísima, digna en su absurdidad de los hermanos Marx. No perdérsela.

Una comedia que, desde luego, hará reír al que la vea, algo muy extraño de conseguir con las comedias recientes.

2 comentarios:

  1. «hará reír al que la vea, algo muy extraño de conseguir con las comedias recientes.»
    Porque no hay comedias recientes. Han comprado el maldito complejo de la crítica de que reírse es feo y hacer reír peor. Ahora llaman comedia a una de dos: películas de llorar un poquito o películas hechas sin seriedad.
    Muchas críticas de "comedias" que te dicen "está muy bien porque provoca la sonrisa sin llegar a la carcajada". ¿Pero qué pelotas? Eso es un fracaso de comedia.
    Si es que hay quien dice que "uno, dos, tres" de Billy Wilder no es gran cosa porque tiene muchas humoradas y te ríes casi constantemente. Hay que ser imbécil.

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    1. El nivel actual es muy flojo. Las comedias puras tiran de exceso o tópicos. Las mejores suelen ser como dices, comedias dramáticas o cosas así

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