miércoles, 17 de febrero de 2016

Night Beats - Who Sold my Generation (2016): Crítica del disco Review


por Addison de Witt (@Addisondewitt70)




Se puede decir que con este tercer trabajo de Night Beats me tropecé de casualidad, lo vi en una de mis tiendas de cabecera y me sorprendió, pues no tenía ni idea de que los de Seattle tenían nuevo material en la calle, así que no me lo pensé, además no me pareció excesivo riesgo de tasación a ciegas los 17€ que pagué por el artilugio atendiendo a los precedentes, es decir los estupendos: "Night Beats" (2011) y "Sonic Bloom" (2013).


Una vez en casa no tardé demasiado en hacerlo hablar, el recuerdo de aquel "Sonic Bloom" de hace un par de años largos despertó mi apetito de guitarras y psicodelias sucias de grasa garajera y ambiente industrial sesentero.

Cuando el punto de partida es bueno, el continuismo no tiene porque ser un defecto, en esta nueva entrega se insiste con lo que la banda sabe hacer, pero se advierte una mayor madurez y un cuidado en detalles que provoca redondez y fluidez al lote, no se cortan los chicos además en introducir elementos en principio no muy afines a su oferta, como las armónicas que retumban en la magnífica: "Turn the lights", un temazo que raya con el rockabilly.




También sorprende para bien el tema que la sigue y que forma arrebatadora despedida del tracklist, el viaje temporal al antiguo Egipto propiciado por las insólitas guitarras de Lee Blackwell titulado: "Egypt Berry".

Pero el jaleo de distorsiones y alusiones anfetamínicas empieza antes, con "Celebreation #1", un rítmico recitativo aderezado de ruidos electrónicos y percusión nerviosa y taquicárdica.

Tras esta inquietante entrada, el trío nos conduce por la senda oscura, ácida y sixtie de "Power child" y por las enfermizas laceraciones sónicas de la espiral melódica de "Right/Wrong", hasta llegar a la excelente y arrebatada pieza rockera de esencia sesentera: "No Cops".

La extraña: "Porque mañana" tiene un aire enfermizo y contaminado, con unas inconexas frases en castellano, y "Sunday mourning" ofició de adelanto en clave pieza saturada de densidad sónica.




Que alguien me llame al alto, pero la psicodelia sixtie de "Shangri Lah" me acerca a los spagettis westerns del no menos lisérgico Sergio Leone, y "Burn to breathe" repta por adoquines con restos de blues. En cambio el soul de infernales intenciones domina los pálpitos de la estupenda "Bad Love", un tema calenturiento.

Confieso que "Last train to Jordan" es el corte que menos me convence, por exceso de ornamentación en una producción demasiado experimental.

Tercer disco y tercer acierto de Night Beats, quienes paso a paso van consolidando una carrera de enjundia, con un estilo que partiendo de los sonidos de sótano de los sesenta, saben acondicionar con distorsiones y ruidos propios de los nuevos tiempos, creando un producto (el tercero insisto), que deja poso y permite el disfrute progresivo, en el que a cada escucha se revelan nuevos detalles, un disco que espero vaya creciendo poco a poco.

Adisson de Witt

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