domingo, 14 de febrero de 2016

De una lectura del "Tesoro de la lengua castellana" de Covarrubias (1611): fragmentos



Creo que el club no es muy numeroso. Y entre ese pequeño número de personas las hay que son denodados y otros de obra única. Los hay que, de enamorados que están de los diccionarios, leen uno tras otro con la voracidad con que uno da buena y diligente cuenta de un helado de fresa y chocolate en el cenit de la canícula. Otros se dedican a coleccionarlos. Y luego están los que, como yo, hemos leído íntegramente al menos uno (y poseemos una saludable colección). Un trabajo en marcha me imponía tal obligación; el hecho de que ese diccionario fuese el Tesoro de la lengua castellana o española, de Sebastián de Covarrubias, tan lleno de literatura, de anécdotas y datos de interés manifiesto, fue motivo que coadyuvó a continuar con una  lectura que uno emprendió con ilusión, una ilusión que se justificó a la postre con creces. Como siempre que leo una obra "ensayística", el lápiz siempre anduvo cerca para ir subrayando fragmentos que por una u otra razón en ese momento me interesaban. Cuando veo tales subrayados, hay veces que no explico la razón que me condujo a trazar rayas bajo las palabras, extender ese hilo gris del grafito bajo las líneas; otras veces, la mayoría, reconozco el motivo.

De esos subrayados, de esas palabras ya extintas en otros casos, de etimologías particulares, curiosas y, en ocasiones, algo descabelladas, quisiera dejar al menos una muestra. Quizá a alguno le resulte interesante. Empecemos por abubilla, abrojo y abuelo.


ABUBILLA

Se escribe bajo la entrada de este pájaro lo siguiente: "La mesma [la abubilla] es pintada con una mata de la yerva dicha capillus veneris, vulgarmente culantrillo de pozo, significa el hombre que busca remedio para su embriaguez; porque esta ave de comer mucha uva se emborracha, y con esta yerva se cura". El artículo no deja de ser en su totalidad de seductora lectura.

Busco información sobre ese culantrillo de pozo y parece ser que sí, que además de existir y seguir llamándose así en la actualidad, esta especie de helecho consta como indicado, aparte de como demulcente, béquico, mucolítico y expectorante, aficaz contra la faringitis, catarros, asma cistitis, dermatitis vulvovaginites, diurético entre otros muchos, pues también efectivamente como desintoxicante en casos de etilismo.

Así que ya sabéis, los problemas con el alcohol son menos si tenemos a mano culantrillo de pozo.


ABROJO.

Uno lee la etimología de esta palabra dada por Covarrubias y puede llegar a pensar en lo ridículo de la explicación, pero consulta, tras unas risas, lo que en el diccionario académico actual se explicita (queriendo encontrar confirmación del dislate del autor) y se sorprende de que esta palabra provenga de la unión de abre y ojo. Lo que aparentaba ser una etimología popular a (casi) todas luces, resulta que es la buena, la aceptada. Dice Covarrubias: "La etymología de abrojo es vulgar: abre el ojo; porque el que fuere por el campo no labrado y espinoso, ha de llevar los ojos despavilados, mirando al suelo, especialmente si no lleva buenos çapatos y suelas dobladas".



ABUELO.

Recoge este autor toledano (que fue canónigo en la catedral de Cuenca) en el artículo dedicado a esta palabra el proverbio "Quien no sabe de agüelo no sabe de bueno". Al hilo del cual, escribe la siguiente glosa: "porque los agüelos quieren mucho a los nietos, en razón de que se van perpetuando en ellos más adelante de los hijos, o porque el hijo, con el amor que tiene a su propia muger y a sus hijos, parece disminuyr el de los padres; y porque el amor dizen que más intensamente desciende que asciende. El otro malicioso respondió a esto que cuando los hijos no han sido muy al gusto de los padres, estos quieren bien los nietos, porque les han de vengar y han de hazer con ellos otro tanto; y assí dezía el otro viejo a su nieto, quexoso del hijo: -Tú me vengarás de tu padre".


ÁCS

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