sábado, 27 de febrero de 2016

"Cornudo al ajedrez" (Camilo José Cela, Rol de cornudos, 1976)



En 1976, la editorial Noguer daba a la imprenta un nuevo libro de Camilo José Cela que llevaba por título Rol de cornudos, una particular y muy meritoria, a la par que socarrona, manera (al estilo más celiano), de clasificar los distintos tipos de cornudos que existen o habían existido hasta la fecha en la historia humana de nuestro orbe. Lo tenía por ahí y hoy le eché el ojo. Lo he cogido, lo he hojeado y he comprobado que tengo apuntados aquellos que por uno u otro motivo (destacan el del efecto humorístico y el de la genialidad) a mí más me llamaron la atención. Es otro libro que aconsejo vivamente más que nada por la agudeza que reina en todo el ensayo, esa ironía que a buen seguro te arrancará una sonrisa. En mi época de instituto alguien hizo circular Rol de cornudos entre el alumnado y recuerdo que en corro leíamos las descripciones tan sui generis de los distintos tipos de cornudos y nos escacharrábamos. No tardé en hacerme con él, claro.

Para que sirva de acicate a su adquisición (por unos euros puede ser vuestro) os pondré algunos ejemplos por este blog. Por seguir un orden alfabético, comenzaré por el cornudo al ajedrez, es decir, como los riñones al Jerez pero en cornudo. Fijaos la jugada, que no tiene desperdicio (ni el gambito de dama), y menos aún la tiene la manera como está presentado por el gran don Camilo.

CORNUDO AL AJEDREZ.

O recíproco, concepto que Fourier apoya en la venganza (supuesto al que me permito llamar vengador). El que es engañado por su mujer con el marido de su amante. La situación no es desusada entre matrimonios muy amigos, y de ella no todos los protagonistas tienen completa noticia. Caso práctico: Juan está casado con Luisa, y Pedro con María Francisca; Juan se acuesta con María Francisca, cosa que Pedro y Luisa ignoran, y Pedro hace el amor (jode a calzón quitado) con Luisa, lo que ni a Juan ni a María Francisca les pasa por la cabeza; si se rompe el relativo secreto, la situación pierde encanto y puede caerse en la promiscuidad. Dícese que, estando Juan en la cama de María Francisca, sonó el teléfono que ella tenía en la mesa de noche; lo descolgó y, tras haber hablado, explicó al amante:

-Nada; es Pedro, que me dice que no lo espere, que se queda a cenar contigo.

Cabe en lo posible que Pedro le llamara desde el teléfono de Luisa. Es especie de cierta relevancia en el mundo aristocrático (sobre todo entre títulos pontificios) o, al menos, económicamente fuerte (sobre todo si hicieron su fortuna trampeando con licencias de importación).


ÁCS (ZRS)


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