domingo, 4 de enero de 2015

Neil Young - Prairie Wind (2005): Crítica del disco Review


by Don Críspulo

Cuando todavía no habían pasado ni dos años desde el fantástico Greendale y a pesar de haber tenido graves problemas de salud (recordad que había tenido hacía poco un aneurisma cerebral), Neil Young, el tito Neil, el venerable, volvió a regalarnos otra obra de su rock artesanal y particular, dejando esta vez descansar a la Crazy Horse y volviendo a contar con algunos de los músicos de los Stray Gators para facturar un disco que sigue la senda de Harvest y Harvest Moon: un trabajo acústico, donde las guitarras eléctricas son testimoniales (de hecho Young no utiliza ninguna), campestre y bucólico, y que a primera vista parece simple, pero que en cuanto rascamos un poco vemos cómo pasan desfilando mil y un matices, secciones de viento, coros y la inexcusable armónica de Mr. Young.




El disco fue grabado, y se nota, en Nasville por algunos conocidos como un Spooner Oldhan, tremendo con los teclados, Carl Himmel a la percusión, Ben Keith soltando maestría a borbotones con el pedal Steel, verdadero protagonista del disco a modo de auténtico “viento de la pradera”, el bajista Rick Rosas y ha contado con la colaboración de gente como Emmylou Harris o los Jubilee Singers entre otros invitados, creando la sensación, como casi siempre, de que todo es el resultado de una banda perfectamente conjuntada más que el trabajo de un artista en solitario.




Leo en algunas críticas que estamos ante un disco menor en la discografía del canadiense y no puedo estar en mayor desacuerdo. Ok, no es una obra maestra como las que facturó en los setenta ni tampoco es del calibre del anterior Greendale, pero sí que es un gran disco, quizás demasiado relajado (que al fin y al cabo es lo que se pretendía) y puede que alguna copla se haga un poco pesada, pero aquí hay joyas como “The Painter”, primer single, “No Wonder” -mi favorita- o “He Was The King” -dedicada a Elvis y con una armónica que tira de espaldas- que no van a tardar ni cinco minutos en convertirse en clásicos.

Pues ahí quedó eso, cuando parecía, y yo predije con total desacierto, que este hombre se iba a jubilar, sacó Greendale y seguidamente, demostrando que está “sembrao” y “abonao”, cambió de tercio sin bajarse de la calidad y presentó un gran disco que sería más apreciado conforme pasó el tiempo. Recomendable escucharlo sentado en el porche viendo cómo el viento mece la pradera… la pradera, la campiña cordobesa o la vega murciana tampoco me seáis quisquillosos.

©Don Críspulo

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