sábado, 27 de septiembre de 2014

Whitesnake - 1987: Crítica del disco Review


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC

Uno de mis discos favoritos y uno de los mejores trabajos de Hard Rock melódico que se han hecho jamás. Podéis situarlo en el lugar que gustéis. Uno de los grupos más indiscutibles del Hard Rock que con esta obra maestra se actualizó, integró y asumió las nuevas tendencias que estaban surgiendo en esas fechas, introdujeron buenas dosis de melodía, algo que no les era ajeno, pero con un sonido más actual y moderno acorde con la segunda mitad de los 80. Melodías perfectas que no mermaron en absoluto la fuerza y contundencia de su Hard Rock en una mezcla pocas veces igualada. Un mayor ritmo, arreglos de sintetizador o teclados pero muy matizados, dando preeminencia a las poderosas guitarras, los riffs y la contundente base de ritmos, lo que no hacía más que sublimar las composiciones y las melodías.


Los inicios de Whitesnake estaban claramente entroncados con el Hard Rock más clásico de raigambre puramente blusera, muy blusera, no en balde Coverdale venía de Deep Purple (1973-1976), y tras salir del mítico grupo fundó la que sería su banda y uno de los proyectos más grandes del género.

Su estilo típicamente británico varió, como digo, hacia una mayor comercialidad, accesibilidad y gusto por las melodías y arreglos cuidados, acercándolo al estilo americano y sobre todo al que tanto éxito tuvo en los 80, especialmente en su segunda mitad.



Además está Coverdale.

David Coverdale, uno de los más grandes cantantes que ha dado el Hard Rock y el rock en general, una voz y una garganta privilegiadas capaces de la más absoluta fiereza y el más potente desgarro así como de la más cálida sensualidad y perfecta sensibilidad. Una voz llena de potencia, fuerza, delicadeza y matices.

Hay Whitesnake para todos los gustos, desde los fans de su época setentera y de principios de los 80 a los fans de la segunda mitad de esos mismos 80 con el disco que nos ocupa a la cabeza, o los que disfrutan con todas y cada una de sus distintas facetas y estilos.

Si magistral, excelso, sublime, es el cantante los músicos que le acompañan no lo son menos, especialmente los guitarristas, los cuales siempre han tenido una importancia y presencia vital en Whitesnake, en este caso para este álbum tenemos a John Sykes, y también a Adrian Vandenberg y Vivian Campbell que realizan los solos de “Here I Go Again” y “Give Me All Your Love” respectivamente.




1987 es un disco para oír una y otra vez, repleto de matices, melodías perfectas, virtuosismo instrumental y vocal, estructuras repletas de cambios de ritmo… los cambios de ritmo finales en muchos de los temas son una de las marcas de identidad de este disco, con esos solos increíbles de Sykes, solos que también mezclan la perfección estilo clásico y velocidad y técnica virtuosa.

Whitesnake es otro grupo que supo evolucionar o adaptarse a las nuevas tendencias, y por tanto les costó las críticas de los puristas y fans de la primera época aunque luego han asumido bien la trayectoria, ya que no ha sido una banda especialmente prolífica y en algunos discos han vuelto a un sonido menos melódico, como los últimos.

Pasar del sonido clásico muy enraizado en el Blues a adaptarse a las nuevas tendencias y los sonidos más melódicos de los Bon Jovi, Aerosmith o Europe es duro para muchos de estos puristas, pero lo cierto es que la raíz, la esencia y la autenticidad de los orígenes se mantienen en todos estos estilos, se note más o se note algo menos.

Lo bueno de “1987” es que cada tema es un impacto increíble, de un nivel instrumental excelso, donde los solos de guitarra no te dejarán indiferente, donde las melodías se te grabarán por los siglos de los siglos, donde los cambios de ritmo te dejarán boquiabierto, donde su feeling te pondrá los pelos de punta… Porque todo está tan conjuntado y fusionado que oyes la magia en tu cadena musical.

La trilogía de “1987”, "Slip of the Tongue” y “Restless Heart” es excelente aunque no siempre encontrara la comprensión, como he comentado, además ha sido la más exitosa del grupo con el disco que comento a la cabeza.

Como en el caso de “Casablanca” la grabación del disco fue un auténtico caos repleto de problemas y malos rollos que incluso provocó que la banda que grabó el disco, casi en su totalidad, no fuera la que lo defendió en directo en la gira… Pero el caso es que la magia se produjo y nos dejó un disco descomunal e irrepetible.

“1987” alcanza cotas que quizá hayan sido igualas pero difícilmente superadas en esa fusión de melodía y contundencia, respeto a la esencia del grupo, a su personalidad, y a su vez evolución y adaptación a sonidos más actuales, un disco que resulta y resultará moderno, por su inconmensurable autenticidad, siempre.

David Covedale a las voces, John Sykes a la guitarra, Neil Murray al bajo y Aynsley Dunbar a la batería.



Still Of The Night: El disco no se puede iniciar de forma más contundente, un temazo de Hard Rock clásico al más puro estilo Led Zeppelin de ritmos pesados, secos, voces agudas, descarnadas, chillidos… pero también una gran producción y elaboración, además de fases melódicas de grandísimo talento. El inicio no se deja nada dentro, una vigorosísima y agresiva guitarra, que lo serán durante todo el disco, entra junto a la voz de Coverdale, la alucínate voz de Coverdale, y los ritmos pesados que marcarán la pauta del tema. Puro estilo Zeppelin donde muchas de las partes vocales son casi a cappela y sin acompañamiento, un acompañamiento que estalla una vez acaba la estrofa en todo su esplendor, con los riffs y ritmos pesados y contundentes. Pura esencia setentera con ciertos toques ochenteros en la producción y el gancho de estribillo y algunas fases melódicas. Un derroche de riffs potentes, variados y brillantísimos. Es un placer como se suceden las estrofas con esta estructura y los matices del descomunal Coverdale, esa separación entre parte vocal y riffs que se unen en el estribillo. Igual de fascinante es la parte onírica y melódica, pura sensualidad y atmósfera sensitiva. Sentimiento a raudales y un Coverdale que cuando eleva el tono pone los pelos de punta. Cuando se reinicia el ritmo, pura sensualidad, con esos arreglos aviolinados, la espectacular entrada de la guitarra y el primer solo alcanzamos, el clímax. La canción perfecta para mover la melena. La concluimos como la empezamos sumándole una variación final con todo el grupo a todo poder cambiando el ritmo. Inmejorable inicio.

Bad Boys: Entramos en los 80 de lleno. Ritmos mucho más rápidos, melodía pegadiza y el mismo sabor y autenticidad en un magistral Hard Rock melódico. Riffs trepidantes, un aullido dedicado y la batería a todo tren. Excelentes guitarras y partes vocales. Aunque la estructura sea más típica de los 80 el peso, la autenticidad, la contundencia, la fuerza y esa raigambre blusera están totalmente presentes, y más con esa voz portentosa de Coverdale. La guitarra acompaña con una melodía el estribillo, tras el segundo de ellos llega un excelente solo de Sykes, como será costumbre, y que al acabar nos deleita con una brillante melodía. Nuevamente el estribillo y parón dedicado a las guitarras y sus riffs. Recuperamos el tema con nuevas estrofas y un trabajo de guitarra de fondo mastodóntico. Encaramos el último estribillo y la potencia se dispara con un cambio de ritmo, algo que será costumbre como ya vimos en el anterior tema. Con este segundo tema ya vamos viendo las coordenadas que nos esperan, todo el espectro del Hard Rock y su vertiente más melódica sublimado.

Give Me All Your Love: Otro tema de inicio contundente, de potente batería y riffs sangrantes y pesados de estilo ochentero como el anterior, aunque algo “menos heavy”. Base melódica acompañando con potencia las estrofas y una batería que parece salirse de los altavoces, estribillo magnífico y sensual. La modulación vocal de Coverdale es escalofriante, ese toque blusero y potentísimo de lo más sensual a lo más agresivo y agudo abarca todo el espectro imaginable. El segundo estribillo mucho más intenso en lo vocal antecede al espectacular solo del tema, una vez más Sykes sublime, como a lo largo del disco, tapping, “caballitos”, deslizamientos, sweep pickings, punteos varios… Parón clásico y tenso donde Coverdale recita el título sugerentemente, nos canta el estribillo deseando estallar de nuevo… como así hace… Encauzamos el final con la potencia por las nubes, un Coverdale pletórico y la base de ritmos y melódica atronado sin compasión mientras los estribillos se van sucediendo. De los pocos temas sin cambio de ritmo final.

Looking For Love: La primera balada del disco, un tema absolutamente espectacular, asombroso e imprevisible, pura sensualidad, tórrida desesperación y pasión a raudales, un tema suave y frenético, íntimo y brutal, tranquilo y épico… El inicio es extraordinario, misterioso, sutil, sonidos extraños de percusión, guitarra y una voz sensual que inicia la melodía, una melodía exquisita, el bajo, realmente sexy, acompaña y cuando entra la batería los ritmos no pueden ser más sensitivos. La noche, el despertar, la búsqueda… el puente se hace intenso y estallamos en un sublime estribillo con la portentosa voz de Coverdale en todo su esplendor. Volvemos a la relativa calma, el sentimiento de Coverdale es desbordante y todo se va haciendo cada vez más intenso, un nuevo estribillo, ahora entero, nos muestra las cualidades mencionadas, una primera parte melódica y sensible, una segunda contundente y agresiva, y una conclusión bella y potente, todo en el mismo estribillo. Cuando acaba tenemos un parón donde dejamos que la atmósfera inigualable del tema nos envuelva, el inicio perfecto para una de las grandes entradas de solo guitarra que podrás oír, excelsa, donde la sensualidad alcanza cotas inimaginables, donde los ritmos se hacen sinuosos, suaves, alargados, con un bajo que acaricia y donde todo se contonea insinuante mientras la guitarra se luce espectacularmente una vez más. Nuevo estribillo, agresivo, potente, furioso, guitarrero que pasa a sensible y dramático, pura melodía, todo se vuelve cada vez más intenso, más hardrockero, la batería retumba, la guitarra atruena y la atmósfera se hace eminentemente épica, casi un himno donde un solo de guitarra aparece por detrás de un Coverdale pletórico haciendo punteos vertiginosos. Todo estalla y un cambio de ritmo absolutamente primoroso nos sorprende y alucina. El solo de Sykes es simple y llanamente perfecto, magnífico, maravilloso, tiene de todo, especialmente feeling. Para deleitarse y pecar sin miedo. La perfección.

Crying In The Rain: Uno de los dos temas del “Saint and Sinners” que se adaptaron para este disco, uno de los temas más heavys y duros. Puro Hard inicial, con ritmos y estrofas vocales a capela como en el “Still of the Night”, luego estalla la tormenta instrumental, riffs, ritmos pesadísimos, y la melodía potentísima del tema. Pura esencia blusera convertida en Hard Rock de primer nivel. Coverdale pasa por todos los matices con una suficiencia insultante, uno de los grandes maestros del rock capaz de ponerte los pelos de punta con una estrofa o un alzado de su voz en cualquier momento. Cuando Coverdale fuerza un poco la voz se eriza todo, es puro felling, capaz de cantar por Janis Joplin, de clavar la balada más dulce e intensa y el Heavy más agresivo. El estribillo es convencional, repite el título, algo clásico en el Hard menos melódico, como lo es éste. El solo de guitarra con cambio de ritmo es otra virguería que no parece tener fin, cambios de ritmo, sweet pickings, cromáticos, diatónicos, hammer on, Pull off, tappings… de todo, como a lo largo del disco. Esta fase instrumental, que al acabar el solo tiene también su parte de lucimiento para la batería con unos redobles espectaculares y un uso del platillo virtuoso, en la transición para las nuevas estrofas vocales, es sublime. Coverdale vuelve con toda la tormenta de la serpiente blanca desbocada encaminándose al final del tema, algo que cuando llega se rubrica con un magnífico agudo del maestro. Uno de los preferidos para los hardrockeros menos melódicos. Espectacular.

Is This Love: La balada del disco, segunda del álbum, uno de los mayores éxitos del grupo y tema inmortal conocido por todos, seas o no amante del Rock. Una de las grandes baladas de los 80 que sólo odiarás si has oído mucha veces, como ocurre siempre, pero esa señal, el oírla tanto, siempre es buena. La sensualidad, el sexo, la pasión, la tórrida atmósfera que transmite, la hipnótica y acariciadora voz de Coverdale, esos ritmos inimitables, alargados, donde cada golpe de batería parece esconder todo el peso de la herencia clásica, repletos de sabor, sentimiento y suntuosidad. Un inicio con un bajo extraordinario, como de costumbre también, clave en los temas. Melodía preciosa de guitarra y Coverdale iniciando las imprescindibles estrofas, ritmos que son como pases de modelos de movimientos de cadera perfectos. El puente nos avecina que vamos a vivir un estribillo único, como así sucede. Si has tenido la suerte, casi impensable, de no oír el tema no lo olvidarás nunca. Puro sentimiento. Inolvidable. Transición de guitarra bellísima y Coverdale susurrándonos por las estrofas, donde cada vez que fuerza un poquito la voz lo flipas. Nuevamente llegamos al estribillo, tras el puente magnífico, y nos deleitamos a placer. El solo es impecable, con un tempo perfecto acorde con el tema, el uso del bending es pura magia, algo común a los guitarristas más auténticos y mágicos, que alcanzan cotas de sentimiento con estos recursos que los guitarristas “técnicos” no suelen lograr nunca. Los sutiles arreglos de teclado, así como los coros, dan el perfecto broche de oro a la parte final del tema donde Coverdale nos sigue deleitando. Una vez más alcanzan la perfección.

Straight For The Heart: Puro Rock melódico, un tema ejemplar del estilo que aunque pueda ser de los que pasen más desapercibidos es de los mejores. Fuerza, potencia, y una melodía conseguidísima y adictiva, pura energía y ritmos vivos. Unos teclados y una melodía de guitarra que te engancharán irremediablemente, grandísimas estrofas de ritmo frenético, Salta, salta. La melodía se desliza con total perfección y naturalidad, llegando al puente, estupendo, casi sin querer y pasando por un estribillo perfectamente acompañado por coros simplemente perfectos... Repetimos estructura hasta llegar al segundo estribillo donde se produce un suave parón donde hacen acto de presencia los teclados y la melodía principal como transición para que vuelva a aparecer el estribillo en todo su esplendor. Teclados casi a lo Journey. El estribillo nos lleva a un solo clásico y frenético, puro shred guitar, que acaba con una melodía sumamente pegadiza. Parón y transición con una recuperación memorable repleta de teclados sublimes. Arrancamos de nuevo con otra estrofa para encauzar el final, nuevo puente y estribillo que ya no nos abandonará hasta el final, puro clímax desbordado con una batería desbocada y un Coverdale pletórico como de costumbre.

Don’t Turn Away: Maravillosa melodía que te enamorará enseguida, uno de esos temas que no entiendes como no se habían hecho antes, un medio tiempo perfecto. Solemne inicio que nos presenta este exquisito tema. La sensible y maravillosa voz de Coverdale desbroza las primeras estrofas, arranques de batería dan fuerza y sentimiento al puente para introducirnos en el estribillo, perfecto, clásico, pegadizo, alegre… una maravilla. Volvemos a las estrofas, tras la transición solemne, acompañadas de melódicos redobles, repetimos estructura, nos desborda Coverdale forzando y nos entregamos y rendimos de nuevo al estribillo. Sencillo, en comparación con el resto, y hermosísimo solo de sentimiento total para seguir en este placer musical. Una vez acaba, transición solemne de nuevo, las fases instrumentales del disco son magia pura. Parón y estrofas sutiles, más sutiles aún que antes, hasta que Coverdale sube y explota la parafernalia de instrumentos y volvemos al puente y el estribillo… y por supuesto, cambio de ritmo final, no podía faltar, batería atronando, platos sonando a tope, Coverdale improvisando por detrás, detalles guitarreros extraordinarios… ¡Qué gozada!

Children Of The Night: Quizá el tema más Heavy de todo el disco, increíbles riffs a todo tren, martilleante batería y un Coverdale altísimo de tono mezclando agudos, con su varonil voz, agresividad y fiereza perfecta para el tema, estrofa melódica como el puente, y estribillo potentísimo y muy duro. Nuevas estrofas a toda pastilla y momentos de puro Heavy en la voz del genio Coverdale. El melódico puente es extraordinario, la batería “redobladora” en el estribillo te deja seco. Solo espectacular con unos tapping y un uso del trémolo sensacional, sumado a unos vertiginosos punteos que lo redondean. Retomamos el estribillo y repetimos la clásica estructura hasta llegar al estribillo de nuevo. La parte final con el arranque de la batería mientras se repite el estribillo nos deja un nuevo cambio de ritmo, tan contundente y genial como los otros, aunque breve. Pura adrenalina.

Here I Go Again 87: El otro gran éxito del grupo, quizá el mayor. También un tema rescatado del “Saint and Sinners” pero adaptado a los nuevos tiempos. Una canción perfecta, un himno eterno. Inicio de balada, de preciosos teclados y una entrada vocal espectacular que te acaricia de forma cálida e inolvidable, una primera estrofa que deslumbra y avisa de que oyes algo especial. La suavidad de los teclados y la voz de Coverdale siguen navegando por el tema hasta que el cantante comienza a subir el tono y ponerte los pelos de punta, momento en el que entra todo el arsenal de Whitesnake y el estribillo estalla en tus oídos con Coverdale comandado con rutilante talento el placer. El AOR entra de lleno en las estrofas, en el puente y en el estribillo, ritmos frescos, uso maestro de los teclados y la melodía, riffs melódicos que dan la contundencia adecuada, el estribillo larguísimo y con variantes es absolutamente ejemplar. Intermedio al final del segundo estribillo con un Coverdale lanzando agudos para llegar al solo de Vandenberg. Volvemos al puente y estribillo, a la gozada de su melodía con esa voz desgarrada inconfundible de Coverdale, un cantante con miles de imitadores y uno de los más influyentes de la historia del rock. El estribillo se va repitiendo una y otra vez con variaciones vocales hasta que la melodía se va diluyendo para despedir uno de los temas indispensables del grupo y del rock.

Your’re Gonna Break My Heart Again: Con el último tema volvemos a la contundencia, riff trepidantes, ritmos pesados y rápidos, guitarras espectaculares, épica y Coverdale deslumbrante. Grandísimos riffs, melódicas estrofas y estribillo magnífico, siempre cuidado. Cada riff y parón instrumental para oír esa batería es un gusto, repetimos estructura clásica, estrofa, puente, estribillo y llegamos a un suave parón, muy melódico, una estrofa sentida y volvemos a arrancar para meternos de lleno en un vertiginoso solo, como de costumbre. Sykes luciéndose. Un riff enmarca las nuevas estrofas, todo es carismático, conseguido, elaborado y atractivo… Encauzamos el final con el estribillo, cada vez más intenso y más rápido, hasta que los riffs principales, los detalles de teclado y la contundencia de la base de ritmos nos despiden de esta descomunal obra maestra.

Banda que ha influido en multitud de grupos, ahí tenemos a los magistrales Gotthard, majestuoso grupo que navega desde Bon Jovi a Whitesnake, cuando no pasa por los Zeppelin directamente, Mr. Big, Blue Murder, banda del guitarrista John Sykes, que es el guitarra principal del disco que nos ocupa, Tesla, Ten, Firehouse, Cinderella, Dokken, Great White, House of Lords, Jorn, Damn Yankees, Thunder, Badlands, Shakra… Infinidad.

No hay defectos, una joya sublime, indiscutible, magnífica, de un nivel instrumental excelso, con un vocalista irrepetible en todo su esplendor, con una producción de primer nivel, con un sentimiento y una autenticidad fuera de toda duda, con una adaptación a su tiempo ejemplar y de una modernidad eterna. Esencial, imprescindible, obligado…

©Jorge García

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