miércoles, 10 de septiembre de 2014

The Orwells - Disgraceland (2014): Review Crítica del disco


por Addison de Witt (@Addisondewitt70)


Llevaba varias semanas esperando turno este disco, espera que ahora, tras comprobar el contenido del mismo, se le antoja excesiva e injusta a este escribiente, quien dejando relegado a la espera el artilugio de estos chavales para dar prioridad a discos de artistas mucho mas rimbombantes que terminaron decepcionando al que suscribe, lamenta no haber sido más atento con un trabajo que era de esperar que escondiese en sus surcos el excelente resultado que ya estoy en disposición de confirmar.


Y es que tras las buenas crónicas que en torno al mismo había leído en reseñas firmadas por más que solventes comentaristas, (pinchar como ejemplo esta excelente entrada de mi amigo Johnny en su estupendo Espacio WoodyJaggeriano) lo cierto es que el margen de error se antojaba mínimo.




Pero no nos lamentemos y celebremos que el momento ha llegado y que ha colmado de gozo y diversión a quien esto escribe, que ha descubierto en la banda de Mario Cuomo un torrente de vitaminas traducidas en bases rítmicas que se lanzan a tumba abierta sin reparar en complejos un explosivo y urbanita espíritu, desbordante de color y desparpajo reflejado en desenfadadas guitarras que riffean sin miedo y arpegian con vigor y juventud, una forma de cantar que evoca hedonismo y desvergüenza y unas melodías directas, que no se andan por las ramas y que buscan de forma afilada su objetivo que no es otro que la penetración osada y descarada en el cerebro y músculos del oyente que nada puede (ni quiere) hacer para resistir la emoción y el vértigo que el rock de The Orwells va a ofertarle sin pedir nada a cambio.

Rock sí, y punk en dosis generosas pero sin agresividad, y espíritu garajero de pandilla de gran ciudad, solidez de cemento y textura de cristal en su sonido, lo que en otro tiempo se llamo indie rock y que poco a poco fue degenerando en etiqueta vende-discos y que estos jovenzuelos de Illinois devuelven a su original significado.




Y el disco: Disgraceland, segundo larga duración, cuarto si contamos los dos EPs editados en 2013... y las once cancionacas que albergan sus canales de vinilo, sus pelotazos rebosantes de anarquía sónica y de desprecio por la ortodoxia estilística, pero repletos de actitud e instinto.

Goma dos haciendo de las suyas es el primer single, la contundente y deshumanizada actividad sísmica de "The Righteous One" que tiene continuidad en la nerviosa carrera contra-reloj que parece librar la excitante "Dirty Sheets".

"Let it Burn" es un tema de textura contaminada y estribillo punkarra que mola lo que nadie sabe y algo parecido ocurre con el corte que lleva por título "Norman", indigesto y adictivo.

Otro tema de temática sónica underground abre el LP: "Southern Confort" repleto de luz y ritmo, como el metro a la hora en que nace el día en la urbe.

Una suerte de Power pop se asoma a las resonantes guitarras y a los roncos sones de distorsión rítmica de la formidable y melódica "Bathroom Tile Blues", uno de los cortes que mas me ponen junto a le sigue, la sonora y sugerente "Gotta Get Down".

Descarada y anarca suena la provocativa "Who Needs You" y garajera en su impenitente distorsión "Blood Bubbles" que da paso al rockero y acelerado fin de fiesta que significa "North Ave" que atenúa con la voz un ritmo nato de fatales consecuencias creando un tema que goza de una celestial bi-polaridad.

No hay motivos interesados para dejar para el final la grasienta y poderosa "Always N' Forever", mola tanto como las demás pero con alguna hay que acabar.

Es preciso tener claro lo que nos traemos entre manos al pinchar este discarraco...rock, punk y grasa garajera, esencia underground y coctel descarao de hedonismo y juventud con vocación de permanecer así...además entre tanto trago largo de rudeza sonora se brinda con algún chupito de power pop... para entendernos, con este dispositivo explosivo nos enfrentemos a la juventud de actitud y anarquía propia de los chicos locos por vivir, nos encontramos ante un dossier sobre la vida, el rock y la actitud punk-rockera.

©Addison de Witt

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