La calidad de los bootlegs siempre estaba en entredicho. En el siglo pasado cruzabas los dedos cuando comprabas uno, usualmente caros: llegabas a casa, lo pinchabas (casi siempre eran vinilos, después cedés) y en ocasiones sonaba a gloria y en otras deseabas no haber tirado el dinero a la basura sonora que tenías en las orejas. Porque no era lo mismo una grabación de la audiencia, aunque estuviera ecualizada y tratada después, que una grabación sacada directamente de la mesa de mezclas del concierto, que muchas bandas guardaban para posteriores ediciones oficiales o para su propio regocijo. A veces pillabas un pirata sacado de una grabación en la radio, con su locutor y todo.
Con los años los propios artistas comenzaron a lucrarse con este negocio. De nuevo Bob Dylan aparece como protagonista: en 1990 decidió editar sus propias Bootleg Series tirando de su catálogo en estudio y en directo. En el cambio de siglo encontramos otros dos curiosos casos de autopirateo. Pearl Jam decidió vender "por correo" o directamente en sus conciertos el audio de los mismos, de tal manera que te llegaba a casa un doble o triple cedé en una envoltura de cartón con el audio sin retocar; llevan vendidas más de tres millones de copias. El segundo caso surgió de la unión de Jimmy Page y The Black Crowes: estuvieron de gira a lo largo de 1999 y grabaron dos noches en The Greek; previa a la edición oficial del disco, los fans podían pedir por correo su cedé con las canciones que quisieran, así, personalizado.
El mundo internet nos ha dado acceso al enorme catálogo musical de nuestros artistas, sobre todo desde que se graban con móviles todos los instantes de la existencia. Las compañías de discos y los artistas independientes aprendieron a compartir sus actuaciones y su música para poder recaudar algo del dinero que perdían antes con estas acciones heroicas de pirateo.
¿Y por qué cuento todo esto hoy aquí? Porque este vinilo de Thunder no es más que un bootleg oficial, lo que no deja de ser una contradicción en sí misma. Stage viene a ser la grabación sin retocar de un solo concierto, en este caso el acontecido el 24 de marzo del 217 en The Motorpoint Arena de Cardiff. El concierto pertenece a la gira del décimo primer disco en estudio de la banda británica, titulado Rip it up (2017) y basa su repertorio en las canciones de este y el anterior Wonder days (2015) más seis temas de su debut Backstreet symphony (1990), el que les lanzó a un efímero estrellato. Por cierto, no aparece ninguna canción de mis dos álbumes favoritos de la banda; fan de pacotilla soy, me temo.
El caso es que ya no suelo comprar este tipo de discos. Los disfruto en Deezer o Youtube o los descargo. Pero, en fin, ¡un triple vinilo! ¡con carpeta doble! ¡Con fotos y todo! Entended mi debilidad. Porque, en el fondo, esto está aquí porque mezcla de manera imperial mi pasión por los bootlegs y por los vinilos.





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