
He aquí una delicatessen freak, Jessicka Rabid, una cinta de horror gore independiente avalada por la Troma que toma su nombre –en un juego de palabras un pelín cutre- del personaje de animación de la cinta de Robert Zemeckis ¿Quién engañó a Roger Rabbit? Pues bien, en esta película dirigida, producida y coescrita por Matthew Reel se nos cuenta la historia de la pobre Jessicka, muda y mentalmente atrasada, a la que sus primos Marley y Brad tienen retenida en casa como si de una mascota se tratase, alimentándola con comida para perros, encerrándola en una jaula de pequeñas dimensiones cuando les importuna y utilizándola de juguete sexual, lo que incluso lleva a uno de ellos a prestarla a un amigo realizador de películas porno. La llegada de Abby a casa no arregla las cosas, pero supone un soplo de esperanza para Jessicka, que ve en su prima una aliada o –como mínimo- un ser humano que parece sentir por ella algo de amor. Sin embargo, la realidad no tardará en mostrar su verdadera cara a Jessicka. Lo que nadie sabe es que esta ha sido mordida por un perro rabioso y la enfermedad le dará a la pobre chica la fortaleza para buscar la libertad, aunque sea a costa de la sangre de sus parientes.



Piltrafillas, la verdad es que estamos ante una obra difícil de catalogar. Su calidad de imagen –en realidad, la falta de ella- no se sabe si es resultado de la falta de recursos o ha sido buscada para dar como resultado algo más cercano al documental que a un largometraje guionizado. Por otra parte, la estupidez de los protagonistas masculinos tampoco sé deciros si muestra una falta de oficio interpretativo alarmante o una innata naturalidad que hace creíbles esos personajes deleznables. Sin embargo, todo cuanto os he dicho de esta Jessicka Rabid –además de unos patéticos efectos de maquillaje- me hacen decantar por la primera impresión, y más viniendo de la mano de un tipo cuyos anteriores trabajos han sido cortometrajes titulados Todas las francesas son putas, American asshole o El Chupacabras. Humillación, violaciones incestuosas, sexo oral, sexo lésbico y necrofilia en una escena con vagas reminiscencias a Seven de David Fincher... en fin, amiguitos, una nueva excusa para meteros más gintonics –o algo más fuerte- entre pecho y espalda para sobrellevar esta doble sesión cutre-gore que os he preparado.
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