
Siete años después de los asesinatos cometidos por la Hermana Mary Chopper –algo así como María Hacha-, el Padre Cummings, el Hermano Zeke, la gótica Jennifer, la beata e infantil Brittany, el salido Tad –típico exponente de la white trash norteamericana-, el atontado Vance, el gordo, miope, pardillo e inmaduro Timmy y la lesbiana Millie llegan al campamento dispuestos a pasar un feliz fin de semana y evaluar la compra de los terrenos para la congregación de San Judas, con actividades programadas tan excitantes como un concurso de preguntas sobre la Biblia para nombrar al ganador como el mejor cristiano del campamento, quien recibirá el libro Dios habla hoy –en español en el original- sin saber que los habitantes del pueblo se refieren al lugar como sangriento sangriento –así, doblemente- campamento bíblico desde que uno de ellos fuese el único superviviente de la matanza, un tal Dwayne, que en la actualidad se encuentra mudo y babeando en una silla de ruedas. Dirigida por Vito Trabucco -¿en serio ese nombre es real?-, Bloody Bloody Bible Camp es una de esas cintas indicadas únicamente para frikis ávidos de subproductos de la peor ralea para ver, no ya con palomitas, sino con un par de gintonics en el cuerpo.




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