ZEPPELIN ROCK: MONTROSE: Biografía y discografía comentadas - Grupo fundacional del hard estadounidense

martes, 13 de enero de 2026

MONTROSE: Biografía y discografía comentadas - Grupo fundacional del hard estadounidense

 






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Visión General del Artículo
Montrose: Los Arquitectos Ocultos del Hard Rock

Tres pilares olvidados del heavy metal estadounidense antes del boom
Parte II


Montrose: Biografía Cronológica

Contexto Histórico

Montrose es una de las bandas más influyentes dentro del hard rock y heavy metal estadounidense, cuyos primeros años sentaron las bases de muchos de los sonidos característicos del metal clásico. Su importancia radica no solo en su música, sino en cómo su estilo innovador y sus miembros clave influyeron profundamente en el desarrollo del rock y el metal en los años 70 y más allá.

La carrera de Montrose está profundamente ligada a los cambios sociales y culturales de los años 70. Los Estados Unidos estaban en medio de una revolución musical, con la llegada del hard rock y la transición hacia el heavy metal. En ese contexto, Montrose emergió como una banda que fusionaba los elementos del rock tradicional con la agresividad y la crudeza que definieron el metal de la época.

Además, las tensiones dentro de la banda pueden ser vistas como reflejo de los cambios y luchas internas propias de la industria musical en ese momento. La disolución de la banda en los primeros años del rock pesado también refleja cómo las tensiones dentro de las bandas pueden ser exacerbadas por el ambiente competitivo de la música de la época.

Montrose fue, sin lugar a dudas, una de las bandas pioneras del hard rock y del heavy metal, cuyas contribuciones al sonido de la época aún resuenan en la música moderna. Aunque los cambios de formación y la falta de estabilidad marcaron su trayectoria, la banda dejó una huella indeleble en el panorama musical, especialmente en la escena del metal estadounidense. Sin duda, la historia de Montrose es una lección sobre el poder de la música para trascender épocas y estilos, y su legado sigue siendo relevante para los amantes del rock y el metal en la actualidad. 

Línea de Tiempo Detallada

1969-1973: Los Primeros Pasos
  • 1969: El guitarrista Ronnie Montrose, conocido por su habilidad técnica y su enfoque audaz hacia la música pesada, comienza a hacer ruido en la escena musical de San Francisco. Tras tocar con varios músicos locales, se une a la banda de Van Morrison, lo que le brinda la oportunidad de perfeccionar su estilo y establecerse como uno de los guitarristas más prometedores del momento.

  • 1971: Montrose deja a Van Morrison y empieza a trabajar en su propio proyecto. Recluta al vocalista Sammy Hagar, un joven cantante con una energía inconfundible, quien se convertiría en uno de los miembros más importantes de la banda.

  • 1973: Montrose se forma oficialmente en California. La alineación original incluye a Ronnie Montrose (guitarra), Sammy Hagar (voz), Bill Church (bajo) y Denny Carmassi (batería). Esta formación estableció la identidad inicial de la banda, una mezcla poderosa de hard rock, blues y psicodelia.

1973: El Impacto Inicial – “Montrose”

  • 1973, marzo: La banda lanza su álbum debut homónimo. “Montrose” se convierte en un hito dentro del hard rock estadounidense, mostrando una intensidad sin igual y llevando la música de la banda a un público más amplio. El disco incluye algunos de los primeros clásicos de Montrose, como “Rock the Nation” y “Bad Motor Scooter”, que se destacan por su agresividad y el estilo único de Hagar.

  • El álbum se reconoce no solo por la excelente guitarra de Montrose, sino por la voz excepcional de Hagar, quien ya comenzaba a marcar la diferencia en el panorama musical.

  • La crítica responde positivamente a la obra, y aunque no se convierte en un éxito masivo en las listas, el álbum rápidamente se gana el respeto de los aficionados al rock pesado. 

1974-1975: Éxitos y Primeros Cambios
  • 1974: La banda sigue de gira y alcanza una popularidad creciente, aunque las tensiones internas empiezan a surgir. Los cambios de formación comienzan a ser una constante dentro de la banda.

  • 1974, agosto: Montrose lanza su segundo álbum, “Paper Money”. Este disco no es tan exitoso como su predecesor, pero mantiene la energía y la intensidad del primer trabajo. Incluye una mezcla de estilos, con canciones como “I Got the Fire”, que se considera una de las mejores composiciones de Hagar.

  • 1975: Después de la gira, el primer cambio importante en la alineación ocurre cuando Sammy Hagar deja la banda debido a diferencias personales y creativas con Ronnie Montrose. Esta salida marca un punto crucial en la historia de la banda, pues Hagar se convertirá en una estrella en solitario y posteriormente será conocido por su trabajo con Van Halen.

1975-1976: El Comienzo de la Disolución

  • 1975: La banda busca un reemplazo para Hagar y opta por un nuevo vocalista, Robert “Bobby” Dall. Con este cambio, Montrose graba “Warner Brothers Presents Montrose”, el cual es lanzado en 1976. El álbum presenta una mayor inclinación hacia el hard rock más comercial y accesible, pero no logra el éxito esperado.

  • Las tensiones dentro del grupo aumentan y el trabajo en equipo se vuelve cada vez más difícil. El estilo crudo y agresivo que definió los primeros años de Montrose comienza a diluirse, y la banda pierde algo de su esencia.

1977-1980: Reuniones y Nuevas Formaciones

  • 1977: Después de la disolución de la banda, Ronnie Montrose sigue explorando su carrera en solitario. La separación de los miembros y el paso de los años llevan a una serie de reencuentros y cambios en la alineación, pero sin poder replicar el éxito de los primeros días.

  • Durante estos años, Montrose comienza a realizar conciertos de reencuentro y colabora con otros artistas de la escena del rock y el metal. Sin embargo, la banda nunca vuelve a ser la misma, y su música se va diluyendo con el paso del tiempo.

1981-1997: El Legado Continúa y la Influencia

  • A lo largo de los años 80 y 90, la banda se convierte en una figura de culto, especialmente en la escena de hard rock y metal. Aunque no logran volver al nivel de popularidad de los 70, la influencia de Montrose en la música metal es incuestionable.

  • Montrose fue una de las primeras bandas en incorporar un sonido crudo y pesado que inspiraría a muchas de las bandas de metal que surgieron en las décadas siguientes, desde Van Halen (quien contaba con Hagar en su formación) hasta los pioneros del thrash y metal estadounidense.

  • La banda nunca llegó a reunirse de manera definitiva, pero Ronnie Montrose continuó siendo una figura central en el rock hasta su muerte en 2012.

Impacto Cultural y Cambios Relevantes

Montrose, aunque no se puede considerar una banda de éxito masivo en su tiempo, sí dejó un legado duradero dentro del hard rock y el metal. La fusión de influencias que Montrose incorporó a su estilo – como el blues, el hard rock británico y la psicodelia de los años 60 – contribuyó al desarrollo del sonido pesado del metal y sirvió de base para generaciones posteriores de músicos.

Las colaboraciones de la banda con otros artistas de la escena, así como la inclusión de Sammy Hagar en su alineación, fueron elementos claves en la formación del sonido de la banda. Hagar, en particular, aportó una vocalización dinámica que sería esencial para la evolución de Montrose. El paso de Hagar a Van Halen no solo elevó su carrera, sino que también ayudó a popularizar la energía única que la banda había cultivado.

A nivel internacional, el impacto de Montrose fue más sutil, pero su influencia en bandas como Metallica, Van Halen y otros íconos del heavy metal no puede ser subestimada. A pesar de no haber sido un éxito en las listas, Montrose dejó una huella que fue apreciada especialmente por músicos y seguidores del metal clásico.

Análisis Detallado de la Discografía Completa de Montrose

Montrose es una banda pionera dentro del hard rock y el heavy metal de los años 70, con un sonido crudo, energético y visceral que dejó una marca indeleble en la historia del rock estadounidense. En este análisis, desglosaremos su discografía, destacando su evolución musical, los cambios de formación, las influencias de otros géneros y la recepción crítica a lo largo de los años.

1. Montrose (1973)

Line-up: 

    • Ronnie Montrose – guitarra
    • Sammy Hagar – voz
    • Bill Church – bajo
    • Denny Carmassi – batería

Tracklist:

  1. Rock the Nation – 3:42

  2. Bad Motor Scooter – 4:29

  3. Space Station #5 – 4:22

  4. I Don't Want It – 3:41

  5. Good Rockin' Tonight – 3:01

  6. Rock Candy – 3:50

  7. One Thing on My Mind – 3:56

  8. Make It Last – 3:49 

Análisis Musical:

El álbum debut de Montrose marcó el inicio de un sonido único que fusionaba el hard rock con una energía cruda y sin complejidades. En él, Templeman, un guitarrista excepcional, se destacó por su dominio de los riffs potentes y las melodías pegajosas, mientras que Sammy Hagar debutó como uno de los vocalistas más carismáticos de su época, con un rango vocal que le permitió atravesar los matices más duros y los momentos más melódicos. El disco tiene una atmósfera acelerada, llena de temáticas relacionadas con la carretera y la rebeldía juvenil, lo que lo convierte en un referente de los inicios del hard rock.

La producción de Templeman es limpia y directa, favoreciendo el protagonismo de los instrumentos. Hagar, en su rol vocal, se adueña de las canciones, transmitiendo una energía vibrante que la banda mantuvo durante años.

Recepción Crítica:

El álbum fue muy bien recibido en su lanzamiento, y aunque su éxito comercial fue moderado, se consolidó como un álbum fundamental del hard rock de los años 70. La crítica destacó la potencia del sonido de Montrose y su capacidad para mezclar elementos del blues con el rock más duro, una característica que definiría su carrera. "Bad Motor Scooter" se destacó como una de las canciones más citadas de la época, influyendo en bandas posteriores.


2. Paper Money (1974)

Line-up:

    • Ronnie Montrose – guitarra
    • Sammy Hagar – voz
    • Alan Fitzgerald – bajo (reemplaza a Bill Church)
    • Denny Carmassi – batería

Tracklist:

  1. Underground – 4:22

  2. Connection – 3:48

  3. The Dreamer – 4:11

  4. Starliner – 4:23

  5. I Got the Fire – 3:46

  6. Spaceage Sacrifice – 5:15

  7. We're Going Home – 3:34

  8. Paper Money – 4:04

Análisis Musical:

"Paper Money" marca una transición en el sonido de Montrose, con un enfoque más experimental. Si bien mantiene la base sólida del hard rock, este álbum incorpora más elementos del rock progresivo y una mayor complejidad en las composiciones. Los tempos y las estructuras de las canciones se vuelven menos predecibles, y hay un uso más pronunciado de armonías vocales y cambios de dinámica. Las canciones tienen una atmósfera más introspectiva, y la producción es más rica en detalles, con menos énfasis en la crudeza y más en la atmósfera.

Recepción Crítica:

La crítica reaccionó positivamente a la experimentación de la banda, aunque algunos fans de la primera hora criticaron la falta de la energía cruda que había caracterizado a su debut. No obstante, "Paper Money" se destacó como un paso hacia un sonido más maduro y complejo. A pesar de su menor éxito comercial, se ganó el respeto de muchos por su ambición artística.


3. Warner Bros. Presents Montrose! (1975)

Line-up:

    • Ronnie Montrose – guitarra
    • Bob James – voz (reemplaza a Sammy Hagar)
    • Alan Fitzgerald – bajo
    • Denny Carmassi – batería
    • Jim Alcivar – teclados (nuevo miembro)

Tracklist:

  1. Matriarch – 4:05

  2. All I Need – 4:12

  3. Twenty Flight Rock – 2:38

  4. Whaler – 4:18

  5. Dancin' Feet – 3:20

  6. O Lucky Man! – 3:54

  7. One and a Half – 4:28

  8. Clown Woman – 4:00

  9. Black Train – 5:10

Análisis Musical:

Este álbum marca un regreso a un sonido más directo y accesible. La producción es más brillante y limpia, y las canciones son más pegajosas, lo que podría interpretarse como un intento por parte de Montrose de acercarse más al mainstream. Sin embargo, la banda no pierde su capacidad para crear riffs potentes y su característico enfoque en la actitud rebelde. En cuanto al estilo, "Warner Bros. Presents Montrose!" se encuentra en la intersección entre el hard rock y el rock más accesible, lo que lo convierte en un trabajo algo más convencional.

Recepción Crítica:

El álbum fue bien recibido, pero algunos críticos consideraron que la banda se estaba alejando demasiado de su sonido inicial. A pesar de ello, "Warner Bros. Presents Montrose!" mostró la versatilidad de la banda y su capacidad para adaptarse a nuevas tendencias musicales sin perder su esencia. Sin embargo, comercialmente no alcanzó el éxito esperado.


4. Jump on It (1976)

Line-up:

    • Ronnie Montrose – guitarra
    • Bob James – voz
    • Denny Carmassi – batería
    • Jim Alcivar – teclados
    • Randy Jo Hobbs – bajo (principal en el álbum, aunque Alan Fitzgerald participó en parte de la grabación)

Tracklist:

    1. Let's Go – 3:13
    2. What Are You Waitin' For? – 3:31
    3. Tuft-Sedge – 3:20
    4. Music Man – 3:28
    5. Jump on It – 4:12
    6. Rich Man – 4:05
    7. Crazy for You – 3:47
    8. Merry-Go-Round – 3:52

Análisis Musical:

Con "Jump on It", Montrose se acerca más al rock comercial de la época. Los teclados y otros efectos electrónicos comienzan a jugar un papel más importante, lo que le da un aire más suave y pulido al sonido de la banda. El álbum incluye más melodías pegajosas, lo que lo hace más accesible para un público más amplio. Aunque la banda conserva su identidad hard rock, las influencias de otros géneros como el rock pop y el AOR (Adult Oriented Rock) son evidentes en este disco.

Recepción Crítica:

"Jump on It" recibió una respuesta mixta. Algunos lo vieron como una evolución natural, pero otros lamentaron que la banda perdiera parte de su identidad cruda a favor de un sonido más comercial. No obstante, se destacó como un álbum que mostró la capacidad de Montrose para adaptarse a los cambios en la industria musical.


5. Mean (1987)

Line-up:

    • Ronnie Montrose – guitarra
    • Johnny Edwards – voz
    • Glenn Letsch – bajo
    • James Kottak – batería

Tracklist:

    1. Don't Damage the Rock – 4:01
    2. Game of Love – 3:36
    3. Pass It On – 4:10
    4. Hard Headed Woman – 4:04
    5. M For Machine – 4:12
    6. Ready Willing and Able – 4:14
    7. Man of the Hour – 4:00

Análisis Musical:

"Mean" marca un cambio importante, con un sonido más moderno para la época, influenciado por las tendencias del hard rock de los 80. A pesar de la producción más suave y la mayor inclusión de teclados y sintetizadores, el álbum mantiene la actitud energética de los primeros discos de la banda. Las canciones son más pulidas y accesibles, pero no carecen de la potencia que definió a Montrose en sus inicios.

Recepción Crítica:

"Mean" fue recibido con críticas mixtas. Algunos fans de la banda encontraron que el álbum no ofrecía la misma energía de los discos anteriores, mientras que otros lo vieron como un regreso exitoso al hard rock más clásico.


Montrose fue una banda que supo evolucionar a lo largo de los años, experimentando con distintos estilos y adaptándose a los cambios de la industria. Aunque sus álbumes nunca lograron el mismo nivel de éxito comercial que algunas otras bandas de la época, su influencia en el desarrollo del hard rock y el heavy metal es incuestionable. Cada álbum muestra una faceta diferente de la banda, desde su crudo debut hasta las exploraciones más sofisticadas de los 80, lo que demuestra la versatilidad y la capacidad de Montrose para reinventarse sin perder su esencia.

Miembros de la Banda

Montrose fue, desde el primer ensayo, una banda definida por sus músicos. No solo por la figura central de Ronnie Montrose, sino por un núcleo de personalidades fuertes –Sammy Hagar, Bill Church, Denny Carmassi– a las que se sumaron después Alan Fitzgerald, Jim Alcivar, Bob James, Randy Jo Hobbs y, ya en los ochenta, Johnny Edwards, Glenn Letsch y James Kottak. Cada cambio de integrante dejó una huella audible en los discos, hasta el punto de que la historia de la banda se puede leer casi como una sucesión de “eras” de line-up y de carácter sonoro.

A continuación, se propone un retrato detallado de los miembros más relevantes, centrándonos en su papel concreto en el sonido de Montrose, su bagaje previo, su rol interno y el impacto que tuvieron los cambios de formación en la evolución de la banda.


1. Ronnie Montrose: arquitecto del sonido y eje de la banda

Carrera previa y estilo personal

Ronnie Montrose llega a su propia banda con un currículum que, para estándares de principios de los setenta, era impresionante. Antes de formar Montrose, había tocado en Sawbuck, había grabado con Van Morrison en “Tupelo Honey” y trabajado con Edgar Winter Group en el exitoso “They Only Come Out at Night”, además de realizar sesiones con Herbie Hancock, Boz Scaggs o The Beau Brummels. Ese trasfondo lo sitúa más cerca del músico de estudio versátil que del típico guitarrista de hard rock salido del circuito de garitos.

Su estilo guitarrístico en Montrose combina varios elementos clave:

Riffs de una guitarra “gigante”: acordes abiertos en E, A y D, buscando el máximo peso con una sola guitarra, una concepción que el propio Sammy Hagar ha señalado como influencia directa sobre el estilo de Eddie Van Halen.
Sentido rítmico muy marcado: riffs sincopados, acentos inesperados y una forma de tocar que abraza tanto el boogie rock como el hard rock más compacto.
Economía de notas: Montrose no es un guitarrista de shred; sus solos suelen ser cortos, melódicos, con frases claras y un uso dosificado de la distorsión.
Tono y producción: buscó un sonido grueso pero definido, apoyado en la producción de Ted Templeman en los dos primeros discos, que será decisivo para que el debut de 1973 suene como un “manual” de hard rock americano. 
 

Papel y contribuciones en Montrose

Como fundador, guitarrista y principal compositor, Ronnie es el verdadero director de orquesta de la banda. Firma en solitario temas como “Rock the Nation” o “I Got the Fire” y coescribe buena parte del catálogo con Sammy Hagar.

Su aportación va más allá de los riffs:

Define el marco sonoro: tempos, afinaciones estándar pero ejecutadas con una agresividad adelantada a su tiempo, estructuras relativamente concisas que evitan el exceso de jams.
Actúa como productor o co-productor a partir del tercer álbum, asumiendo más control de estudio y moldeando un sonido con más teclados, matices y, para algunos fans, menos inmediatez.
Es el filtro final de las ideas: decide qué canciones entran, qué arreglos se liman y, en última instancia, la dirección estilística (más hard y directo en el debut; más experimental en “Paper Money”; más orientado a AOR/rock de FM en “Warner Bros. Presents…” y “Jump On It”). 
 
 

Rol interno y liderazgo

En la práctica, Montrose funciona como una banda “a nombre de guitarrista”. Ronnie ejerce de líder conceptual, de figura de autoridad artística y, también, de foco de tensión. Las fricciones con Sammy Hagar –por control creativo, decisiones de management y reparto de protagonismo– terminan desencadenando la salida del vocalista tras “Paper Money”.

Ese liderazgo tiene dos caras:

Positiva: sin su visión, difícilmente existiría un álbum tan compacto como “Montrose” (1973), donde no sobra un solo minuto y la banda suena como un bloque.
Coste interno: los cambios de formación (salida de Bill Church, de Hagar, posterior giro con teclados y otro vocalista) responden en gran medida a decisiones o incompatibilidades con Ronnie, lo que altera continuamente la química del grupo.

Impacto personal y cambios significativos

Cada movimiento de Ronnie reconfigura Montrose:

Su decisión de apostar por un vocalista relativamente desconocido como Sammy Hagar define la identidad del primer line-up y da lugar a canciones icónicas como “Bad Motor Scooter” (primer tema escrito por Hagar) o “Space Station #5”.
Su inclinación a explorar territorios más sofisticados y menos “party hard rock” provoca la fractura con Hagar y el giro, con Bob James y Jim Alcivar, hacia un rock más cargado de teclados y arreglos.
Cuando resucita la marca Montrose en 1987 para “Mean”, lo hace con un nuevo vocalista (Johnny Edwards) y una sección rítmica ligada al universo hard-heavy de los ochenta, intentando reposicionar el nombre en plena era del metal de MTV.

En síntesis, Ronnie Montrose es el “núcleo duro” de la banda: todo gira alrededor de su guitarra, su criterio y su necesidad periódica de cambiar de piel.


2. Sammy Hagar: la voz que encendió la mecha

Carrera previa y estilo personal

Sammy Hagar llega a Montrose después de pasar por varias bandas de club (Johnny Fortune Band, Big Bang, Justice Brothers, etc.), curtido en el circuito californiano de hard rock y versiones, pero sin un proyecto de alcance nacional.

Su estilo vocal ya en Montrose muestra rasgos que después serán su marca registrada:

Registro agudo, con un timbre áspero pero muy controlado, capaz de gritar sin perder afinación.
Fraseo rítmico muy ligado a la guitarra rítmica, casi “percusivo”.
Capacidad para alternar la bravura rockera con momentos más melódicos y emotivos.

Como compositor, llega “verde”, pero el salto es fulminante: “Bad Motor Scooter” –primera canción que escribe en su vida– entra directamente en el álbum de debut y se convierte en uno de los temas emblemáticos del grupo.

Papel y contribuciones en la banda

En los dos primeros álbumes Hagar es mucho más que el “cantante contratado”:

Coescribe gran parte del material (“Space Station #5”, “I Don’t Want It”, “Paper Money”, “Spaceage Sacrifice”, “We’re Going Home”, etc.).
Aporta una personalidad escénica arrolladora, que convierte al grupo en una máquina de directo: su forma de interactuar con el público y su energía ayudan a traducir al escenario el poder de las canciones.
Introduce un tipo de letra directa, callejera, menos cargada de misticismo o psicodelia y más centrada en coches, deseo, viajes, alienación urbana: un imaginario que prefigura la estética heavy metal de finales de los setenta.

La química entre su voz y la guitarra de Ronnie es evidente en cortes como “Rock Candy”, donde el riff pesado y la batería de Carmassi se equilibran con líneas vocales casi soul en las estrofas y un estribillo enorme.

 

Rol dentro del grupo y tensiones

Aunque la banda lleve el apellido de Ronnie, en la práctica Hagar se convierte muy pronto en co-protagonista:

Es el rostro al frente del escenario.
Empieza a ser percibido por el público y la prensa como una figura con potencial propio.
Sus ambiciones chocan con la visión, más controlada y quizá más “artesanal”, de Ronnie.

Las tensiones se agravan durante la gira europea de “Paper Money” y terminan con Hagar despedido de la banda. La salida del vocalista arrastra, poco después, al propio Denny Carmassi y reconfigura el núcleo de Montrose, pero también abre la puerta a:

La carrera en solitario de Sammy, que utilizará parte de la estética de Montrose en discos como “Nine on a Ten Scale” o “Standing Hampton”.
Una relación duradera con Bill Church y el propio Carmassi, que se convierten en colaboradores recurrentes en su proyecto solista.

Impacto de su presencia y ausencia

Con Hagar en la banda, Montrose suena peligroso, urgente y eminentemente físico. Sin él, a partir de “Warner Bros. Presents…”, el grupo gana en colorido armónico gracias a los teclados, pero pierde parte de la inmediatez y del componente “callejero” que había definido los dos primeros discos.

El hecho de que la formación original (Hagar, Montrose, Church, Carmassi) se reuniera puntualmente en los noventa, por ejemplo en “Leaving the Warmth of the Womb” del álbum “Marching to Mars”, demuestra que la química entre ellos seguía siendo reconocida como algo especial décadas después.


3. Bill Church y Denny Carmassi: la columna vertebral rítmica

Bill Church: el bajo que une Van Morrison con el hard rock

 

Carrera previa y estilo personal

Bill Church viene, como Ronnie, de Sawbuck y de la banda de Van Morrison: toca el bajo en “Tupelo Honey” y “Saint Dominic’s Preview”, lo que lo sitúa en un contexto de rock, folk y soul muy distinto al de Montrose.

Su estilo se caracteriza por:

Un bajo melódico pero sobrio, con líneas que sostienen la armonía sin robar protagonismo a la guitarra.
Un sentido del groove heredado de su paso por el universo soul-rock de Morrison: notas largas, poco “fill” gratuito, apoyo sólido al bombo.
Un sonido cálido, ligeramente comprimido, que hace de pegamento entre las guitarras saturadas y la batería contundente. 
 

Papel y contribución en Montrose

En el álbum de debut, Church es esencial para que riffs tan pesados como los de “Rock the Nation” o “Space Station #5” sigan sonando “musicales” y no solo machacones. En “Rock Candy” su bajo se mueve entre el bombo de Carmassi y los acordes de Ronnie, contribuyendo a ese carácter de “groove monolítico” que ha hecho del tema un clásico.

Su papel en el grupo:

Estabilidad rítmica: junto con Carmassi, crea una base compacta que permite a Montrose experimentar con texturas y a Hagar explayarse vocalmente.
Consistencia en directo: su experiencia de giras con Morrison aporta oficio y seriedad a una banda que, por edad y actitud, es muy joven y explosiva.

Tras el primer álbum es sustituido por Alan Fitzgerald, pero su vínculo con Hagar continúa durante buena parte de la carrera solista del vocalista.

Denny Carmassi: el pulso duro del grupo


Carrera previa y estilo personal

Denny Carmassi procede de una familia de bateristas y se forma tanto en clubs de San Francisco como en bandas anteriores a Montrose, incluyendo Sweet Linda Divine, antes de consolidarse como batería de sesión muy demandado.

Su estilo combina:

Influencia de baterías como John Bonham, Mitch Mitchell o Ginger Baker, pero con un toque propio más seco y directo.
Un uso muy musical de los toms y del bombo, generando patrones pesados sin caer en la sobrecarga de fills.
Sonido amplio, con caja abierta y platos muy presentes, lo que en mezcla se traduce en un carácter “grande” incluso en tempos medios.

Papel y contribución en Montrose

Carmassi es el único miembro, además de Ronnie, que atraviesa las distintas etapas setenteras de la banda: participa en los cuatro discos de estudio de 1973-76.

Sus contribuciones clave:

“Rock Candy”: la introducción de batería es, literalmente, la chispa que origina la canción; de hecho, el tema se acreditó a los cuatro miembros precisamente porque surgió de un jam en torno a ese patrón de batería.
“I Got the Fire”, “Spaceage Sacrifice” o “Matriarch” muestran su capacidad para moverse del mid-tempo pesado al hard rock rápido sin perder pegada.
En la etapa con teclados (“Warner Bros. Presents…”, “Jump On It”), su batería evita que el grupo se deslice hacia un sonido demasiado blando: el golpe sigue siendo rockero aunque la producción añada capas de teclado y coros.

Tras Montrose, Carmassi trabajará con Sammy Hagar en solitario, con Gamma (el siguiente proyecto de Ronnie), y más tarde con bandas como Heart, Whitesnake o Coverdale/Page, lo que confirma su estatus de batería de alto nivel en el hard rock internacional.

Relación rítmica y química interna

La combinación Church–Carmassi en el primer álbum y Fitzgerald–Carmassi después crea una identidad rítmica muy clara:

En el debut, la pareja Church–Carmassi tira más hacia el blues-rock pesado, con un groove profundo.
Con Fitzgerald el grupo gana en precisión y rigidez rítmica, adecuada para las estructuras más complejas y los arreglos con teclado.

En ambos casos, Carmassi actúa como estabilizador: su estilo homogéneo hace que, pese a los cambios de bajista y vocalista, Montrose siga sonando reconocible.


4. La segunda etapa setentera: Fitzgerald, Alcivar, James y Hobbs

Tras la marcha de Bill Church y, luego, de Sammy Hagar, la banda entra en una fase de reconfiguración. Los nuevos fichajes no son meros sustitutos; cada uno lleva a Montrose hacia otro lugar estético.

Alan Fitzgerald: del bajo de Montrose al teclado de Night Ranger


Fitzgerald llega como segundo bajista para “Paper Money”, procedente también del circuito californiano. Posteriormente será conocido como teclista de Night Ranger, pero en Montrose su rol inicial es estrictamente de bajista.

Su estilo:

Más recto y definido que el de Church, con líneas que siguen muy de cerca la batería.
Menos color melódico, más énfasis en sostener las raíces y apuntalar la sensación de “empuje” en temas más rápidos.

En “Paper Money” se nota su mano en la solidez de la base rítmica de canciones como “I Got the Fire” o “Spaceage Sacrifice”. En directo, su presencia permite a Ronnie y Hagar (hasta su marcha) explotar más los extremos del rango –guitarra muy saturada y voz en primer plano– sin que la mezcla se desmorone.

Cuando la banda entra en la etapa con Bob James y Jim Alcivar, Fitzgerald continúa como bajista en “Warner Bros. Presents…”, pero abandona tras ese disco y será parcialmente reemplazado en “Jump On It” por Randy Jo Hobbs y por líneas de bajo de teclado a cargo de Alcivar.

Jim Alcivar: teclados y densificación del sonido


Hijo del arreglista y productor Bob Alcivar, Jim entra en Montrose como teclista fijo en “Warner Bros. Presents… Montrose!” y permanece para “Jump On It”.

Su impacto es profundo:

Introduce capas de teclados y sintetizadores que suavizan el borde crudo del grupo.
Aporta colores armónicos adicionales (pads, líneas melódicas de sintetizador, pianos eléctricos) que empujan el sonido hacia el AOR y el rock de FM.
Como co-compositor en temas de esta etapa (“All I Need”, “Let’s Go”, etc.), contribuye a estructuras más elaboradas y a un enfoque más orientado a la canción que al riff.

En términos de dinámica interna, Alcivar se convierte en una especie de segundo arquitecto sonoro junto a Ronnie: donde antes solo había guitarra rítmica y solos, ahora hay contrapuntos de teclado, colchones armónicos y líneas que dialogan con la voz.

Bob James: un frontman distinto


Tras la salida de Hagar, Ronnie opta por un vocalista muy diferente: Bob James, procedente de la escena de Los Ángeles, con experiencia en bandas como Swan y Magnet, rodeado de músicos que más tarde militarán en Ambrosia, Journey o Survivor.

Su estilo vocal:

Menos “rasposo” y más limpio, con un punto melódico cercano al hard rock de radio.
Menos orientación al grito heavy y más a la melodía sostenida, algo que encaja con la inclusión de teclados.
Interpretación con más vibrato, líneas más largas y cierta influencia del rock melódico y el soul blanco.

Como letrista y co-compositor, participa en la definición del material de “Warner Bros. Presents…” y “Jump On It”. Canciones como “Matriarch”, “Let’s Go” o “Rich Man” llevan su sello: estructuras más pulidas, estribillos muy marcados, armonías vocales trabajadas.

Internamente, James ocupa un papel delicado:

Debe sustituir a un vocalista muy carismático y querido por los fans.
Su presencia cristaliza el giro estético hacia un rock de FM más sofisticado, lo que hace que parte del público perciba la nueva etapa como una “rebaja” de dureza.

Esto no invalida su aportación: sin Bob James, Montrose no habría explorado esa vía AOR ni habría dejado canciones que, escuchadas con perspectiva, son excelentes ejemplos de hard rock de mitad de los setenta.

Randy Jo Hobbs: un cameo de lujo


En “Jump On It”, el bajo corre en parte a cargo de Randy Jo Hobbs, veterano de The McCoys, Johnny Winter y Edgar Winter.

Hobbs aporta:

Un bajo más nervioso y “bluesy”, heredero de su trabajo con los Winter.
Un toque ligeramente más sucio que encaja bien con temas como “Rich Man” o “Crazy for You”.

Sin embargo, su participación es parcial: en varios cortes el propio Alcivar se encarga de las líneas de bajo vía teclado, y en la gira posterior no hay bajista fijo, lo que indica el grado de inestabilidad estructural de la banda en esos años.


5. El retorno de Montrose en 1987: Edwards, Letsch y Kottak

Una década después de “Jump On It”, Ronnie decide resucitar el nombre Montrose para el álbum “Mean” (1987), rodeándose de músicos con un perfil claramente ochentero.

Johnny Edwards: puente hacia el hard-heavy de los 80


Johnny Edwards, vocalista de Buster Brown, será después conocido como segundo cantante de Foreigner, pero entre medias pasa por Montrose.

Su estilo:

Vocalista de hard-heavy ochentero, con agudos poderosos, vibrato marcado y fraseo a veces cercano al glam metal.
Menos blues en la voz, más énfasis en la potencia y en el rango alto.

En “Mean”, su presencia acomoda la banda al estándar de la época: canciones más rápidas, producción con baterías muy presentes, guitarras más comprimidas, estructuras de estribillo grandilocuente.

A nivel interno, Edwards no tiene tiempo de convertirse en figura mediática dentro de Montrose –el disco pasa relativamente desapercibido–, pero su participación muestra la intención de Ronnie de conectar con el público metalero de finales de los ochenta.

Glenn Letsch: continuidad con el universo Gamma


Glenn Letsch venía de trabajar con Ronnie en Gamma, donde había desarrollado un estilo de bajo potente y técnico, muy adecuado para el AOR duro con mucho teclado.

En “Mean”:

Aporta un bajo sólido y moderno, con sonido más brillante que en los setenta.
Integra elementos de la escuela de bajo ochentera (más protagonismo, más articulación) sin perder la solidez necesaria para sostener las guitarras pesadas.

Su rol es el de bajista de confianza del guitarrista: alguien que ya conoce la forma de trabajar de Ronnie, lo que aporta cierta estabilidad a un proyecto con alineación renovada.

James Kottak: del club americano al futuro con Scorpions


James Kottak llega a Montrose tras su paso por Buster Brown y otros proyectos; posteriormente será conocido mundialmente como el batería de Scorpions durante veinte años.

Su estilo:

  • Baterista rápido, muy contundente, con un enfoque claramente orientado al hard rock y al heavy metal ochentero. Uso frecuente de dobles golpes de bombo, fills más espectaculares y un enfoque menos “groove” y más “impacto”.
  • En “Mean” su batería adapta el nombre Montrose al estándar sonoro de 1987: más velocidad, más brillo en platos y cajas, sensación de banda de metal/hard US contemporánea a Kingdom Come, Dokken o similares.
  • En términos de dinámica interna, el trío Edwards–Letsch–Kottak se configura como una unidad rítmico-vocal muy competente, pero la marca Montrose arrastra inercias del pasado y el proyecto no consigue consolidarse más allá de ese único álbum.


6. Química interna, roles cruzados y legado de conjunto

Más allá de la ficha de cada músico, lo decisivo en Montrose es cómo esas personalidades interactúan.

La formación clásica: Montrose / Hagar / Church / Carmassi

Esta primera alineación concentra la mayor parte del prestigio de la banda por varias razones:

La complementariedad extrema:
  • Ronnie aporta riffs y visión.
  • Hagar, voz y energía escénica.
  • Church y Carmassi, una base rítmica que balancea groove y pegada.
La capacidad de coescritura: que canciones como “Rock Candy” estén acreditadas a los cuatro miembros refleja una dinámica creativa verdaderamente colectiva.
La química en directo, documentada en sesiones como la emisión de KSAN de 1973, donde se percibe a una banda que suena como un bloque compacto y a la vez flexible.

El principal problema de esta formación es que tiene demasiada personalidad concentrada: dos líderes natos (Montrose y Hagar) con visiones distintas del éxito y de la dirección musical, más un entorno de industria complejo, acaban generando fricciones insalvables.

El ciclo con teclados: Montrose / James / Fitzgerald / Alcivar / Carmassi (+ Hobbs)

En la segunda mitad de los setenta, la química se desplaza:

  • Ronnie y Alcivar se convierten en el tándem arquitectónico guitarra–teclado.
  • Bob James asume un rol de frontman melódico, menos confrontacional.
  • Fitzgerald primero, y luego Hobbs/Alcivar al bajo, aportan una base capaz de adaptarse a arreglos más complejos.

La interacción aquí es menos volcánica y más profesional. El resultado son discos donde la finura de los arreglos pesa más que la energía cruda, algo que muchos fans de la primera etapa perciben como pérdida, pero que, escuchado desde la perspectiva del hard rock setentero, en realidad complementa el legado del grupo con un lado más AOR.

El experimento de 1987

La formación de “Mean” funciona casi como un proyecto-puente:

  • Edwards y Kottak traen el lenguaje del metal ochentero.
  • Letsch trae la experiencia Gamma y la base técnica.
  • Ronnie intenta traducir su visión de guitarrista setentero a un entorno dominado por el hard & heavy de la época.

La química es sólida pero llega tarde: el nombre Montrose está asociado ya a otra era, y la competencia en 1987 es feroz. Aun así, el disco deja constancia de que la marca podía adaptarse estilísticamente a otro contexto gracias a la versatilidad de sus miembros.


7. Conclusión: un sonido tejido por individuos muy concretos

Si se observa la discografía de Montrose como un todo, el papel de sus miembros puede resumirse así:

  • Ronnie Montrose: eje creativo, inventor del marco sonoro, responsable de cada giro estilístico.
  • Sammy Hagar: el detonante vocal y compositivo que convierte ese marco en canciones con gancho y en una propuesta escénica poderosa.
  • Bill Church: el bajista que, desde la escuela Van Morrison, traduce el soul-rock en base rítmica pesada para el debut.
  • Denny Carmassi: el baterista que da continuidad y carácter a todas las etapas setenteras, firmando momentos icónicos como la intro de “Rock Candy”.
  • Alan Fitzgerald: el bajista que fortalece la pegada de la era “Paper Money” y sirve de puente hacia la etapa con teclados, antes de reinventarse como teclista en Night Ranger.
  • Jim Alcivar: el teclista que rehace el ADN de Montrose hacia un hard rock más rico armónicamente, abriendo la puerta al AOR.
  • Bob James: el vocalista que reorienta la banda hacia un hard rock más melódico, aun con el peso de suceder a Hagar.
  • Randy Jo Hobbs: cameo de lujo que conecta el universo Winter con Montrose, sumando un bajo con carácter blues-rock en “Jump On It”.
  • Johnny Edwards, Glenn Letsch y James Kottak: la encarnación ochentera del proyecto, adaptando la marca Montrose al lenguaje del metal de esa década, aunque sin continuidad.

La relación entre estos músicos –hecha de afinidades, choques de ego, salidas y reencuentros puntuales– explica por qué el nombre Montrose ha seguido siendo reverenciado incluso con una discografía relativamente breve. No es solo un repertorio de riffs y canciones: es la intersección, en un punto muy particular de los setenta, de un guitarrista de sensibilidad casi “de estudio” con un cantante destinado a convertirse en estrella y una sección rítmica de altísimo nivel. El resto de miembros, en cada etapa, no hacen sino recombinar esos elementos, expandir el vocabulario de la banda y dejar claro que, detrás del apellido Montrose, siempre hubo un colectivo de músicos muy concretos, con trayectorias propias, cuya suma dio como resultado uno de los nombres fundacionales del hard rock estadounidense.  

PLAYLIST DE LA BANDA

    • “Rock the Nation” (Montrose, 1973)Montrose abre con este himno enérgico que marca la pauta del hard rock americano de los 70. Es un tema veloz y contundente: riffs directos, batería potente y la voz aguda de Sammy Hagar proclamando la llegada de la banda. La producción es sencilla pero efectiva, capturando la crudeza casi en vivo del grupo. Líricamente, es un llamado a sacudir a toda la nación al ritmo del rock, funcionando como declaración de intenciones del cuarteto. Su carácter “vibrante” y entusiasta lo convirtió en el arranque perfecto del álbum debut, invitando a la audiencia a unirse a la fiesta rockera de Montrose desde el primer segundo.

 

En el contexto del álbum Montrose, “Rock the Nation” representó la misión de la banda: combinar la energía del hard rock con un gancho accesible. Como sencillo de promoción, ayudó a presentar a Montrose al público estadounidense en 1974. La crítica destacó su ímpetu juvenil y cómo encapsulaba el espíritu rebelde del rock de la época. Con el tiempo se ha apreciado como uno de los temas emblemáticos del debut, valorado por fans como clásico de culto del hard rock setentero. Aunque no alcanzó las listas principales, su impacto se siente en la actitud festiva y desafiante que otras bandas americanas adoptarían después.

    • “Bad Motor Scooter” (Montrose, 1973) – Este dinámico tema, escrito por Sammy Hagar, es quizás el más célebre de Montrose junto a “Rock Candy”. Es reconocible al instante por su introducción: Ronnie Montrose emplea una guitarra con slide y distorsión para imitar el rugido de una motocicleta, un truco sonoro que se volvió el gancho definitorio de la canción. Tras ese arranque único, la banda entra con un riff pegajoso de boogie rock y un ritmo acelerado. La composición mezcla hard rock crudo con groove sureño, mostrando la versatilidad de Montrose. Hagar aporta voces llenas de actitud, prácticamente vitoreando a su amante para que “coja su motocicleta” y vaya a verlo, en unas letras pícaras sobre la emoción de lanzarse a la carretera.

 

“Bad Motor Scooter” destacó en el álbum debut por su frescura e inmediatez. Fue lanzada como sencillo y se convirtió en un número infaltable en los conciertos de Montrose. La crítica elogió la creatividad del efecto de moto en la guitarra y la energía juvenil del track. Su legado se extendió más allá de la banda: Sammy Hagar la mantuvo viva en su repertorio tras dejar Montrose (por ejemplo, con su supergrupo Chickenfoot), y numerosos guitarristas citan ese riff de slide como influyente. Al día de hoy es considerada canción de culto, un himno de fiesta sobre ruedas que captura la vibra libre del hard rock de 1973.

    • “Space Station #5” (Montrose, 1973) – Montrose incursionó en la ciencia ficción rockera con este tema pesado y espacial. Comienza con efectos de guitarra flotantes, simulando una nave orbitando en silencio, hasta que de pronto enciende motores con un riff “monstruoso y gigantesco” que va ascendiendo como un cohete. La banda acelera a toda marcha, y Sammy Hagar canta sobre dejar el planeta Tierra – menciona “el futuro está en el cielo” y “mudarse a la Estación Número Cinco” – reflejando un escape de un mundo moribundo hacia una nueva frontera. Musicalmente es hard rock protometal: guitarras afiladas, bajo y batería martillando en síncrono, y cambios de ritmo que añaden dramatismo (incluyendo un solo breve antes del colapso final del tema en un efecto de agujero negro sonoro).

 

“Space Station #5” se convirtió en un favorito de los fans del hard rock y el metal emergente. Aunque no fue un éxito radial, su impacto se vio años después: la banda británica Iron Maiden, por ejemplo, versionó la canción en 1992 como cara-B, rindiendo homenaje a Montrose. Críticos han notado que la combinación de ciencia ficción y riff contundente prefiguró la dirección que tomarían muchas bandas de heavy metal. En la discografía de Montrose, este tema cierra la trilogía inicial del álbum debut con broche de oro, consolidando a la banda como pionera del metal norteamericano de los 70.

    • “Rock Candy” (Montrose, 1973) – Es imposible hablar de Montrose sin resaltar “Rock Candy”, una canción que la banda compuso espontáneamente durante un ensayo. El baterista Denny Carmassi inició un icónico ritmo de tambores – pesado, lento y impregnado de groove – al que se sumó Ronnie Montrose con un riff grueso y bluesero. Sammy Hagar improvisó en el momento el pegadizo estribillo “You’re rock candy baby, hot, sweet and sticky”, llenando de picardía sexual la letra. Así nació este himno hard rock de forma casi mágica: cada músico aportó su parte en jam session. El resultado es una pieza de tempo medio, con gran contundencia rítmica, un solo de guitarra abrasador y un groove que hace cabecear al oyente. Líricamente, con metáforas de “caramelo ardiente, dulce y pegajoso”, la canción exuda sensualidad y energía juvenil.

 

“Rock Candy” se convirtió en uno de los himnos definitivos del hard rock setentero. Su influyente riff y poderoso beat han sido citados por innumerables artistas como inspiración. Sammy Hagar señala que músicos de Def Leppard, The Cult y otros siempre reconocen y quieren tocar “Rock Candy” cuando se encuentran con él, evidencia de su estatus de clásico. Críticos elogiaron su fuerza bruta y feeling blues. La canción ha sido versionada en vivo por diferentes agrupaciones, incluyendo Van Halen durante la época en que Hagar fue su vocalista. Hoy “Rock Candy” permanece como la joya dulce del repertorio de Montrose: un tema atemporal que captura a la perfección el alma del hard rock estadounidense.

    • “Make It Last” (Montrose, 1973) – Como cierre del primer álbum, este tema muestra la faceta más lenta y pesada de Montrose, con tintes casi blues rock. “Make It Last” se mueve con un ritmo mid-tempo marcado por riffs densos y una sensación más melódica que los temas anteriores. La voz de Hagar suena aquí más emocional, cantando sobre aprovechar el momento y hacerlo durar. Hay un tinte casi nostálgico en la letra, inusual en medio de tanto rock festivo. Musicalmente, Ronnie Montrose aporta solos sentidos y acordes sólidos, mientras la base rítmica sostiene un groove constante que invita a balancearse. Esta canción demuestra que la banda podía bajar las revoluciones sin perder intensidad, entregando un mini-epíco rockero de cinco minutos.

 

Aunque “Make It Last” no fue sencillo, alcanzó un estatus de favorito oculto entre los seguidores. Su importancia se notó años después: Van Halen, en sus inicios, incorporó este tema en sus presentaciones en clubes e incluso en grabaciones pirata. Más tarde, cuando Sammy Hagar se unió a Van Halen en los 80, la banda llegó a tocar tanto “Make It Last” como “Rock Candy” en honor a la herencia Montrose. Esto habla de la perdurabilidad de la composición. Críticos han apreciado la variedad que aporta al álbum debut, mostrando un Montrose capaz de combinar potencia y sentimiento. En conjunto, “Make It Last” cierra el disco con un mensaje positivo – “haz que dure” – que resuena como el deseo de prolongar la magia del rock todo el tiempo posible.

    • “I Got the Fire” (Paper Money, 1974) – Verdadero torbellino sónico, este tema de Paper Money hace honor a su título: es puro fuego rockero. Con apenas tres minutos de duración, “I Got the Fire” arranca sin preámbulos con un riff veloz de Ronnie Montrose y la batería de Denny Carmassi marcando un ritmo galopante. Sammy Hagar deslumbra con voz aguda y agresiva, cantando con hambre y pasión sobre el ardor interno imparable (una metáfora de su energía juvenil). El solo de guitarra es corto pero incendiario, realzado por un efecto de reverberación grave en su introducción que, según AllMusic, nació de un “accidente de estudio” que añadió un ruido retumbante único al comienzo. Este detalle accidental terminó aportando personalidad al tema.

 

“I Got the Fire” sobresalió de inmediato como la canción más potente del álbum y, con el tiempo, la más perdurable. Ha sido considerada “el corte más perdurable de Paper Money” y un retorno franco al hard rock feroz del debut. De hecho, recuerda el sonido crudo y la química de la formación original, siendo una de las últimas grabaciones con Hagar antes de su salida. La crítica alabó su intensidad y lo vio como lo más cercano al Montrose clásico en el segundo LP. No es extraño que bandas posteriores se fijaran en ella: Iron Maiden hizo su propia versión en 1983, difundiendo su legado en la escena metal británica. En la historia de Montrose, “I Got the Fire” marca el clímax electrizante de la era Hagar, confirmando que la chispa de su debut seguía ardiendo.

    • “The Dreamer” (Paper Money, 1974) – Montrose explora terrenos más oscuros y psicodélicos en “The Dreamer”. Construida sobre un mega-riff pesado y lento, la canción tiene una atmósfera de doom rock setentero: acordes saturados que retumban, tempo moderado y una sensación casi ominosa. La voz de Sammy Hagar suena aquí más sombría, narrando visiones oníricas y reflexivas (“el soñador” al que alude el título). A mitad de la pista, la banda sorprende con una sección instrumental trippy, llena de efectos espaciales y un solo de guitarra serpenteante, que realza la cualidad alucinante del tema. Esa mezcla de pasajes pesados y segmentos psicodélicos la distingue dentro del álbum.

 

En el contexto de Paper Money, “The Dreamer” demostró la disposición de Montrose a ampliar su paleta sonora más allá del hard rock estándar. La crítica señaló que es un “pisotón doom cargado de un tramo intermedio psicodélico”, destacando tanto su potencia riffera como sus experimentos sonoros. Muchos fans la valoran por mostrar un lado más progresivo y audaz del grupo, prefigurando corrientes más pesadas que florecerían en el metal posterior. Aunque no fue sencillo, “The Dreamer” ha sido reconocida con los años como una joya para admiradores, apreciada por su densidad y la entrega apasionada de Hagar. Es un corte que evidencia la evolución de Montrose hacia terrenos más profundos sin perder su esencia rockera.

    • “Paper Money” (Paper Money, 1974) – La canción que da título al segundo álbum señala un giro notable en el estilo de Montrose. “Paper Money” se aleja del hard rock directo para sumergirse en un sonido más atmosférico y cadencioso. Construida sobre un groove hipnótico, la pista ofrece un ritmo algo más lento pero muy marcado por el bajo y una percusión poco convencional – Ted Templeman y Ronnie Montrose incorporaron tambores tribales que laten en el fondo, añadiendo un aire casi ritual al tema. Sobre esa base, la guitarra de Ronnie brilla con un slide limpio y emotivo: su solo a mitad de canción es destacado por su elegancia y sentimiento, considerada “estelar” por los críticos. Sammy Hagar modera su voz aquí, cantando con tono serio acerca del engaño del dinero; la letra funciona como reflexión sobre la inutilidad de la riqueza material y cómo el dinero es “papel” sin valor real.

 

Como sencillo principal del álbum, “Paper Money” sorprendió a parte de la audiencia que esperaba otro disco repleto de riffs agresivos. Algunos fans quedaron descolocados por su atmósfera más suave y mística, pero otros alabaron la ambición artística que demostraba Montrose. En presentaciones en vivo, como en el programa televisivo The Midnight Special de 1974, la banda interpretó este tema mostrando su versatilidad más allá del rock pesado. Con el tiempo, la canción ha sido reevaluada positivamente: se reconoce que Montrose amplió los límites del hard rock incorporando texturas casi progresivas. “Paper Money” sirve como pieza central del álbum, encapsulando su temática (la ilusión del dinero) y el cambio de rumbo sonoro. Sigue siendo un corte importante por su groove seductor y el brillante trabajo de guitarra slide de Ronnie Montrose, demostrando que la banda podía bajar el volumen sin perder profundidad.

    • “Matriarch” (Warner Bros. Presents Montrose!, 1975) – Con la salida de Sammy Hagar y la llegada del cantante Bob James, Montrose abrió su tercer álbum con “Matriarch”, un tema sorprendentemente pesado y dramático. Desde los primeros compases se percibe un sonido más denso y oscuro: un riff contundente de Ronnie Montrose acompañado por acordes de órgano crean una atmósfera casi gótica. La producción, ahora a cargo del propio Ronnie, es deliberadamente más espesa, alejándose de la claridad de discos previos para envolver la canción en un halo ominoso. Bob James debuta aquí con un registro potente, cantando sobre una figura de matriarca con reverencia y fiereza a la vez. La influencia de Deep Purple se hace notar – críticos señalaron que “Matriarch” suena como algo que podrían haber grabado Ritchie Blackmore y Jon Lord, por sus guitarras rudas y prominentes teclados. La canción transcurre con un mid-tempo pesado, cambios dinámicos y un solo de guitarra electrizante que confirma que Montrose seguía dispuesto a sacudir cabezas pese al cambio de formación.

 

Lanzada también como sencillo, “Matriarch” sirvió para reintroducir a la banda en 1975 con un nuevo estilo y voz. Muchos elogios recayeron en el ambiente teatral de la canción y la entrega vocal de Bob James, que demostró estar a la altura del legado de Hagar. En el contexto del álbum, “Matriarch” se destaca como una de las composiciones más sólidas y pesadas – de hecho, fue descrita como “uno de los temas más contundentes de la banda” en esa etapa. Su letra enigmática y sonido denso anunciaron que Montrose podía reinventarse con tintes de heavy metal clásico. A pesar de que Warner Bros. Presents… tuvo recepción discreta, “Matriarch” permanece como un favorito de culto, recordado por fans como un golpe de autoridad de Ronnie Montrose para abrir un nuevo capítulo de la banda.

    • “Dancin’ Feet” (Warner Bros. Presents Montrose!, 1975) – En contraste con la seriedad de “Matriarch”, este tema muestra el lado fiestero y desenfadado de Montrose. “Dancin’ Feet” es un rock and roll enérgico con velocidad y gancho: la guitarra de Ronnie lanza riffs rápidos y solos pirotécnicos, mientras la base rítmica invita literalmente a mover los pies bailando. La canción tiene un claro espíritu de party rock, con letra simple celebrando el rock como motor para no dejar de bailar. El propio Ronnie se luce con licks vibrantes a la Chuck Berry pero pasados de revoluciones, y Bob James aporta una voz más ligera y divertida en este corte. Un crítico describió “Dancin’ Feet” como “una pieza de rock fiestero con guitarra demolidora”, resaltando que pese a su ligereza, la ejecución instrumental es virtuosa y llena de energía juvenil.

Dentro del álbum, “Dancin’ Feet” aligera la tonalidad general y ofrece un respiro bailable entre tantos riffs duros. Demostró que Montrose, aun con nueva alineación, sabía divertirse sin perder calidad musical. Si bien no fue lanzada como sencillo principal, sí obtuvo buena acogida en directo, dando al público un momento de pura diversión rockera. Fans de la banda valoran este track por su vibra positiva y los solos feroces de Ronnie que destilan habilidad. En la crítica retrospectiva, suele mencionarse que “Dancin’ Feet” mantiene viva la tradición del rock & roll clásico dentro del álbum más experimental de Montrose, probando que el grupo podía hacer saltar al público igual de bien que hacerlos cabecear. Es un recordatorio de las raíces rockeras de Montrose, ejecutado con la precisión y la fuerza hardrockera de mediados de los 70.

    • “Black Train” (Warner Bros. Presents Montrose!, 1975) – Canción encargada de cerrar el tercer álbum, “Black Train” es un torbellino pesado que recupera la vibra sombría de “Matriarch”. Construida sobre un riff machacante y rítmica en mid-tempo, la pista evoca la imparable marcha de un tren nocturno. Montrose la interpreta con intensidad casi épica: Bob James entona letras de tintes místicos – comparables a las fantasías de Ronnie James Dio, según reseñas – mientras la banda sostiene una base potente y monolítica. Curiosamente, el origen de “Black Train” es ajeno a Montrose: fue escrita años antes por Kendell Kardt sobre la trágica muerte por sobredosis de un amigo. Ronnie Montrose la rescató y le dio un giro personal, quizás motivado por su postura antidrogas, transformándola en un alegato rock contra la oscuridad de las adicciones. Musicalmente, el tema es denso y dramático; hacia el final acelera y explota en solos y redobles que asemejan el clímax de un viaje al abismo.

 

“Black Train” tuvo buena recepción entre los seguidores más metaleros de Montrose. Se la ha descrito como una pieza “contundente al estilo de ‘Matriarch’, con lírica mítica”, elogio que resalta su coherencia con el tono heavy del álbum. Algunos interpretan la metáfora del “tren negro” como una advertencia sobre el camino destructivo de las drogas, lo que añade peso a la ya intensa interpretación de la banda. Como cierre del LP, el tema aporta un sentido de gravedad y cierre al viaje sonoro de Warner Bros. Presents…. Aunque Montrose no tuvo grandes éxitos comerciales en esta etapa, canciones como “Black Train” consolidaron su prestigio en la escena hard rock, influenciando a futuros grupos de heavy metal con su mezcla de temática seria y fuerza instrumental. Sigue siendo una de las composiciones más viscerales de su catálogo, y un potente último aliento de su época setentera antes de emprender nuevos rumbos.

    • “Jump On It” (Jump On It, 1976) – La pista titular del cuarto álbum es un rockero electrizante que refleja la dirección más accesible y optimista de Montrose en 1976. Desde el primer segundo “Jump On It” arranca con brío: batería enérgica, bajo marcado y un riff de guitarra pegadizo pero afilado. Bob James canta con un tono animado, casi imperativo, ya que la canción lleva un mensaje directo: “¡Aprovéchalo!”. De hecho, Ronnie Montrose explicó que compuso “Jump On It” como un mensaje positivo al público – un llamado a aprovechar las oportunidades y lanzarse sin miedo (“sé un león, consigue lo que mereces de la vida”) – muy en contraste con la imagen sugerente de la portada del disco. Musicalmente, además de su infeccioso estribillo, destaca un solo de guitarra fiero y peculiar de Ronnie: con un timbre agudo y un vibrato estremecedor, añade un sello único a la canción. La producción de Jack Douglas (recién salido de trabajar con Aerosmith) aporta un sonido limpio y abierto, haciendo de “Jump On It” un tema muy radiable.

 

Como sencillo (especialmente promocionado en EE.UU. y Japón), “Jump On It” buscó reconectar con la audiencia rockera. Tuvo una respuesta moderada en listas, pero se ganó un lugar en la memoria de fans por su energía contagiosa y su espíritu motivador. La crítica lo calificó de “rock ardiente” con un solo de guitarra trepidante, halagando la frescura que aportaba tras el tono más oscuro del disco anterior. A pesar de que el álbum Jump On It no revirtió del todo la suerte comercial de Montrose, esta canción en particular sobresale como uno de sus momentos más vibrantes de la era Bob James. Con el paso de los años ha sido reivindicada por su letra inspiradora (alejada de los tópicos sexuales, algo inusual en el hard rock de la época) y por encapsular el estilo de Montrose en la recta final de los 70: rock duro, melódico y entusiasta.

    • “Music Man” (Jump On It, 1976) – En “Music Man”, Montrose mostró su lado más melódico y reflexivo. Esta balada rock destaca por sus arreglos cuidados: incorpora secciones de cuerdas orquestadas que añaden profundidad emotiva, complementando la cálida guitarra de Ronnie. La canción tiene un tempo moderado, casi de medio tiempo, con acordes arpegiados que crean una atmósfera nostálgica. Bob James ofrece una de sus interpretaciones vocales más sentidas, cantando desde la perspectiva del “hombre de la música” agobiado por la vida en la carretera y las exigencias de la industria. No es una balada romántica típica, sino más bien una confesión sobre el peso de ser músico profesional. Esto se refleja en la melancolía honesta de la letra, donde parece aludir a las presiones comerciales y el deseo de libertad artística – de hecho, se ha señalado que tanto “Music Man” como “Merry-Go-Round” expresan la frustración de Ronnie Montrose con las presiones de la discográfica y su anhelo de cambiar de rumbo.

 

Musicalmente, “Music Man” brilla por su solo de guitarra memorable: Ronnie despliega un solo lleno de sentimiento y buen gusto, considerado uno de sus mejores trabajos melódicos. La crítica la elogió como una “maravillosa balada” que mostró la evolución de la banda hacia terrenos más melódicos y adultos. Aunque alejada del estilo duro que caracterizó a Montrose, esta canción aportó variedad al álbum Jump On It y demostró la versatilidad compositiva de Ronnie. Muchos fans la aprecian por su sinceridad y la ven casi como un adelanto de la dirección que Montrose tomaría en su carrera solista (más enfocada en lo instrumental y atmosférico). En conjunto, “Music Man” dejó huella como una pieza intimista dentro del repertorio de Montrose, subrayando que incluso en medio del hard rock, había espacio para la introspección y la belleza melódica.

    • “Rich Man” (Jump On It, 1976) – Originalmente compuesta por Dan Hartman (ex compañero de Ronnie en la Edgar Winter Group), Montrose hizo suya esta canción, convirtiéndola en un número de rock melódico pero potente. “Rich Man” arranca con un riff pegadizo y una base rítmica sólida, situándose más en el terreno AOR de los 70. La instrumentación es directa: guitarras rítmicas marcadas, teclados sutiles de fondo y un groove mid-tempo. Lo que la eleva es la interpretación de Bob James, quien canta con tono sincero y vulnerable, impregnando la letra – una reflexión desde la perspectiva de un “hombre rico” que reconoce aquello verdaderamente valioso en la vida – con autenticidad. De hecho, críticos han descrito la canción como “conmovedoramente confesional”, a pesar de ser un tema ajeno, porque Montrose logra darle un sello personal. El estribillo es suave y pegadizo, mostrando la faceta más accesible del grupo en este disco.

“Rich Man” funciona casi como contraparte temática de “Paper Money” (ambas abordan el dinero y la riqueza desde ángulos distintos). En el álbum, aporta un respiro más ligero entre canciones duras, pero mantiene un alto nivel compositivo. Si bien algunos críticos notaron que no despertó la misma pasión instrumental que temas propios del grupo, su solidez melódica la hace destacable. Es recordada como una de las piezas más amigables para radio de Montrose, con potencial de single (de hecho, fue lanzada promocionalmente en algunos mercados). En retrospectiva, “Rich Man” muestra a Montrose explorando sonidos más comerciales sin sacrificar calidad, y se valora cómo Bob James imprimió sentimiento a la canción. Sigue siendo una favorita escondida para quienes aprecian el lado más melódico y reflexivo del hard rock de los 70.

    • “Don’t Damage the Rock” (Mean, 1987) – Tras más de una década, Ronnie Montrose resucitó el nombre de la banda en 1987 con Mean. El tema de apertura, “Don’t Damage the Rock”, es un grito de guerra vigoroso que reafirma su credo musical. Desde el primer compás, la canción ruge con velocidad y potencia: riffs afilados de guitarra, batería trepidante y el nuevo vocalista Johnny Edwards demostrando sus credenciales con una voz rasgada y firme. La frase del título – “No dañes al rock” – se repite como estribillo, a modo de mantra defendiendo la pureza del género. En cierto modo, la letra parece dirigida tanto a fans como a la industria, pidiendo que no corrompan ni ablanden la esencia del rock. Musicalmente es heavy rock ochentero sin concesiones: Montrose domina con sus solos y licks endiablados a lo largo del track, recordando al oyente que sigue siendo un guitar hero. La energía es tan alta que un crítico la señaló como lo mejor del álbum, describiéndola como “un tema de ritmo arrollador donde Ronnie se adueña con su guitarra”; también destacó la entrega vocal de Edwards, que está a la altura del desafío.

 

“Don’t Damage the Rock” fue celebrada por fans de la vieja escuela de Montrose, pues supuso un retorno a las raíces en plena era del glam metal. Aunque Mean no tuvo gran éxito comercial, esta canción en particular capturó atención por su mensaje directo – casi una declaración de principios de Ronnie Montrose contra las modas pasajeras – y por demostrar que su guitarra aún podía escupir fuego. En los conciertos de la época (pocos, dada la corta vida de la reencarnación de Montrose), este tema abría con explosividad, poniendo de pie al público rocker. A nivel crítico, se le elogió por su autenticidad: en medio de un álbum con sonido glam ochentero, “Don’t Damage the Rock” suena sincera y potente, ratificando el legado de Montrose como pionero del hard rock, ahora recordándonos que el rock – con su rebeldía y poder – debe preservarse sin adulterar.

    • “M for Machine” (Mean, 1987) – Entre los temas más interesantes de Mean se encuentra “M for Machine”, una canción que combina la potencia hard rock de Montrose con la estética futurista propia de los 80. El riff principal es rápido, casi mecánico, acompañando la temática tecnológica: la letra alude a una máquina imparable, en sintonía con la era digital naciente. De hecho, Ronnie Montrose compuso este tema pensando en la banda sonora de la película RoboCop, aunque finalmente no fue utilizado en el filme. La influencia cinematográfica se percibe en su sonido: tiene un filo industrial en la guitarra y efectos de sintetizador discretos que le dan un aire sci-fi. A mitad de la canción irrumpe un solo de guitarra técnico y vibrante – Montrose despliega gran destreza aquí, con un trabajo de seis cuerdas que fue señalado entre lo más destacado del disco. La estructura es concisa y directa, reforzando la sensación de urgencia mecánica.

 

“M for Machine” aporta variedad a Mean, demostrando la capacidad de Montrose para adaptarse a los nuevos tiempos sin perder su esencia rockera. Aunque el álbum recibió críticas mixtas, muchos reconocieron la calidad instrumental de este track. La revista Kerrang! elogió su energía y lo consideró uno de los cortes sobresalientes del disco de 1987. Para Ronnie Montrose, parecía cerrar un círculo: tras años de proyectos instrumentales, aquí canalizó su amor por la ciencia ficción y la guitarra virtuosa en un solo paquete. Si bien Mean sería el último álbum bajo el nombre Montrose, canciones como “M for Machine” capturan destellos de su legado – riffs poderosos, experimentación moderada y el protagonismo de una guitarra legendaria. En resumen, es un broche curioso y potente en la historia de la banda, recordándonos que Montrose siempre miró hacia adelante, sin dejar de rendir tributo al dios de la máquina… es decir, al rock.

Conclusión: A lo largo de estos temas – desde los clásicos fundacionales como “Rock the Nation” y “Rock Candy” hasta gemas tardías como “Don’t Damage the Rock” – se puede trazar la evolución sonora de Montrose. La banda comenzó forjando el prototipo del hard rock/metal americano con riffs memorables y letras festivas, vivió cambios de estilo incorporando matices cósmicos, boogie, baladas reflexivas e incluso guiños al glam de los 80, pero siempre mantuvo el núcleo de guitarras fuertes y pasión por el rock. Cada canción seleccionada marcó un momento clave: el explosivo debut con Sammy Hagar, la búsqueda de nuevos horizontes en Paper Money, la reinvención con Bob James a mediados de los 70, y el nostálgico retorno de Ronnie Montrose en los 80. Montrose deja un legado donde conviven himnos indiscutibles del hard rock setentero – venerados por fans y colegas músicos – y piezas que muestran su versatilidad y empeño en que el rock perdurara “hot, sweet and sticky” en el imaginario de varias generaciones. Cada una de estas canciones, en orden cronológico, cuenta un capítulo de la historia de Montrose, una banda cuyo impacto se sigue sintiendo en la música pesada hasta el día de hoy.

Legado e Influencia de la Banda

Un legado mucho más grande que su catálogo

En términos de cifras, Montrose fue una banda relativamente modesta: unos pocos discos en los setenta, cambios de formación tempranos y una carrera marcada por más interrupciones que continuidad. Sin embargo, su impacto ha sido desproporcionado respecto a ese catálogo. El debut homónimo de 1973, producido por Ted Templeman, es considerado por numerosos críticos como “el primer álbum de heavy metal americano” y, al mismo tiempo, “la respuesta estadounidense a Led Zeppelin”.

Montrose destilaron el hard rock británico, el boogie y el blues eléctrico en un lenguaje más compacto, musculoso y orientado al riff, que funcionaría como plantilla para buena parte del hard & heavy norteamericano de las décadas siguientes. Su legado se articula a través de tres vectores principales:

El modelado del sonido que cristalizaría en Van Halen y el hard rock californiano.
La influencia directa sobre la NWOBHM (en particular Iron Maiden) y otras bandas de metal.
La persistencia de su repertorio como “canon oculto” dentro de la cultura de la guitarra y de la música pesada.

A partir de ahí, aunque la banda nunca alcanzó el estatus de estadio que sí lograron otros contemporáneos, su influencia se ha mantenido viva a través de festivales, versiones, revalorizaciones críticas y una base de seguidores tan reducida como fervorosa.


1. Impacto en otras bandas: de Van Halen a Iron Maiden

1.1. El eslabón directo hacia Van Halen

El vínculo más evidente del legado de Montrose pasa por Van Halen. No solo porque Sammy Hagar debuta discográficamente en Montrose antes de convertirse en la voz de Van Halen en la etapa pos-Roth, sino porque el propio lenguaje de riffs, grooves y estructuras del primer álbum de Montrose anticipa de forma sorprendente el impacto del debut de Van Halen en 1978.

Artículos recientes subrayan que muchas de las claves que asociamos a Van Halen —riffs pentatónicos hipercinéticos, grooves boogie acelerados, estribillos coreables sobre bases muy compactas— ya estaban esbozadas en canciones como Rock the Nation, Bad Motor Scooter o Rock Candy. La guitarra de Ronnie Montrose no es tan pirotécnica como la de Eddie Van Halen, pero su mezcla de riffs blues-rock endurecidos, uso agresivo de la saturación y sentido del espacio crea un entorno sobre el que Hagar despliega un tipo de voz poderosa, aguda y “californiana” que encaja perfectamente con la estética que más tarde explotará Van Halen.

Sammy Hagar ha relatado cómo músicos de bandas posteriores —incluido Van Halen— se declaraban “Montrose freaks”, subrayando el peso que aquel álbum tuvo en la formación del oído de toda una generación de guitarristas y cantantes de hard rock. No es exagerado decir que, aunque Van Halen llevaron el lenguaje mucho más lejos, Montrose ofreció un prototipo sonoro que, años después, se traduciría en un nuevo estándar para el hard rock y el metal comercial de los ochenta.

1.2. Influencia sobre la NWOBHM: Iron Maiden como caso paradigmático

Si miramos a Europa, el rastro más claro de Montrose se encuentra en Iron Maiden. La banda británica no solo grabó una versión en directo de I’ve Got the Fire (original de Montrose, luego rebautizada por Maiden como I’ve Got the Fire) como cara B de su single Sanctuary en 1980, sino que más tarde registró una versión de estudio del tema como cara B de Flight of Icarus en 1983.

La relación no termina ahí: Iron Maiden también versionó Space Station No. 5, lanzándola como cara B del single Be Quick or Be Dead en 1992, consolidando así un puente explícito entre el proto-metal norteamericano de Montrose y el heavy metal británico de la NWOBHM.

Esta doble elección de repertorio no es casual. Ambas canciones condensan varias de las señas de identidad que Iron Maiden integrará en su propio lenguaje:

Riffs potentes y claros, apoyados en figuras rítmicas sencillas pero muy efectivas.
Cambios de dinámica y puentes instrumentales breves pero memorables.
Voces agudas y proyectadas, con estribillos pensados para el directo.

Allí donde Montrose trabaja desde un hard rock aún empapado en blues, Maiden extrae la energía y la lleva a un terreno más veloz y metálico, pero sin perder la lógica estructural de esos temas.

1.3. Otras bandas que los han citado o versionado

La influencia de Montrose se rastrea también a través de las numerosas versiones registradas por bandas de distintos subgéneros. Fuentes discográficas recogen reinterpretaciones de I Got the Fire por Axe y Rest in Pieces, de Rock Candy por Lee Aaron, de Space Station No. 5 por Andy Taylor (Duran Duran) y Iron Maiden, de Rock the Nation por Tesla, e incluso adaptaciones de Good Rockin’ Tonight en clave Montrose por Diamond Head.

El listado es revelador por dos motivos:

Abre un abanico estilístico amplio: desde el heavy metal (Iron Maiden, Diamond Head) hasta el hard rock ochentero (Tesla, Lee Aaron), pasando por músicos de procedencia pop-rock (Andy Taylor).
Indica que el legado de Montrose se manifiesta no tanto en la fama masiva como en la adopción profesional de su repertorio por parte de otros artistas, que toman esas canciones como material “clásico” digno de ser re-leído.

Diversos blogs y artículos especializados señalan, además, que el debut Montrose se considera un “clásico absoluto” y compra obligada para cualquiera que quiera entender la evolución del hard rock de guitarra de los setenta a los ochenta.En ese sentido, la banda funciona como texto canónico entre músicos y aficionados profundos, incluso si su nombre no es tan ubicuo entre el gran público.


2. Presencia en festivales: visibilidad en la era del gran rock de estadio

Montrose nunca fue una banda de “cabeza de cartel” estable en los macrofestivales al nivel de The Who, Aerosmith o Led Zeppelin, pero su presencia en determinados eventos clave de mediados de los setenta ayudó a proyectar su sonido ante audiencias masivas.

Uno de los hitos más citados es su participación en los conciertos de Charlton Athletic Football Ground, donde abrieron para The Who ante decenas de miles de personas en Londres a mediados de los setenta. Crónicas de la época recuerdan a Montrose abriendo el cartel y ofreciendo un show especialmente energético en el Charlton Rock Festival, compartiendo escenario con figuras como Lou Reed, Humble Pie o Bad Company.

En Estados Unidos, Ronnie Montrose apareció en el Poe Ditch Music Festival, celebrado en el Doyt Perry Stadium (Ohio) en 1975, ante más de 30.000 asistentes. Aunque en ese contexto ya empezaba a combinar Montrose con otras aventuras musicales, la percepción del guitarrista y de su banda como un referente dentro del hard rock pesado se consolidó justamente en ese circuito de festivales y grandes eventos al aire libre.

Además de festivales puntuales, la banda circuló por numerosos paquetes de gira compartidos, abriendo para grupos más grandes. En testimonios posteriores, Sammy Hagar recuerda giras de estadios compartiendo cartel con Boston, Black Sabbath y Van Halen, lo que contribuyó a asociar el nombre Montrose con la élite del hard rock de la época, incluso si no alcanzaron la misma permanencia en radio y listas.

Desde la perspectiva del legado, esta visibilidad festivalera fue importante por tres motivos:

Ampliación del radio de acción: permitió que canciones como Rock the Nation o Bad Motor Scooter llegaran a públicos que quizá nunca habrían comprado el álbum en el momento.
Validación por asociación: compartir cartel con bandas ya consolidadas legitimó a Montrose como parte del canon del rock duro de estadio.
Memoria generacional: muchos testimonios de fans en foros actuales recuerdan a Montrose como “la primera banda que vieron en directo” dentro de un festival o gira múltiple, lo que añade un plus de intensidad emocional a su recuerdo.

Aunque Montrose no se convirtieran en presencia recurrente de festivales de metal posteriores (como Monsters of Rock o Wacken), su huella en los grandes eventos setenteros de rock pesado contribuye a explicar por qué su nombre sigue apareciendo cuando se reconstruye la genealogía del hard & heavy de estadio.


3. Impacto cultural y relevancia internacional

3.1. “America’s answer to Led Zeppelin” y el primer heavy metal estadounidense

Diversas fuentes resumen el lugar de Montrose en la historia con dos etiquetas que, aunque discutibles, ayudan a dimensionar su legado: “la respuesta americana a Led Zeppelin” y “el primer álbum de heavy metal estadounidense”.

Ambas fórmulas condensan varias ideas:

Que el disco Montrose (1973) recoge la herencia del rock británico pesado (Zeppelin, Sabbath, Deep Purple) y la reformula con una estética más seca, directa y estadounidense.
Que su tratamiento de la guitarra, de la producción y del groove se adelanta a la estética que reconoceremos más tarde en el heavy metal norteamericano, especialmente en la Costa Oeste.

Desde el punto de vista estrictamente musicológico, quizá sea más preciso hablar de proto-metal: medios especializados que han intentado cartografiar los “progenitores” del heavy metal sitúan a Montrose junto a bandas como Blue Cheer, Sir Lord Baltimore o Budgie, señalando su papel de puente entre el hard rock setentero y el heavy metal posterior.

En cualquier caso, el hecho de que se siga discutiendo su lugar exacto en la genealogía del metal indica que la banda ocupa una posición liminal pero decisiva: no fueron una banda de metal en sentido estricto, pero contribuyeron a codificar muchos de los rasgos sonoros y de actitud que luego se consolidarían en el género.

3.2. California, la Bahía y la construcción de un sonido

Ronnie Montrose llega a su propia banda tras trabajar como guitarrista de sesión y directo con Van Morrison, Boz Scaggs y especialmente The Edgar Winter Group, con quienes graba el megahit Frankenstein. Esa experiencia le sitúa en el epicentro de una costa oeste donde el rock, el jazz-rock, el R&B y las nuevas formas de producción de estudio se cruzan continuamente.

Montrose, como banda, se beneficia de ese entorno:

El sonido de guitarra es denso, saturado y a la vez muy controlado, con un uso inteligente del estudio (panning, dobles pistas, juego de reverbs cortas) que anticipa el enfoque de muchos discos de hard rock de finales de los setenta.
La sección rítmica (Bill Church al bajo, Denny Carmassi a la batería en el debut) construye grooves sencillos pero potentes, más cercanos a la lógica del arena rock que al blues-rock tradicional.

Este enfoque, marcadamente californiano, tendrá eco a nivel internacional. A finales de los setenta y principios de los ochenta, numerosas bandas de hard rock europeas incorporarían esa combinación de riffs contundentes, grooves bailables y producción pulida. La circulación transatlántica de influencias, aun cuando no siempre se menciona a Montrose de forma explícita, pasa en buena medida por ese modelo de disco: duro, conciso y radio-compatible.

3.3. Relevancia fuera de Estados Unidos

Aunque Montrose no logró un impacto masivo en listas europeas en su momento, el disco debut fue un “sleeper” internacional, que alcanzó el estatus de platino con el paso de las décadas más que por el éxito inmediato.

Su verdadera relevancia internacional se ha construido de forma retrospectiva:

A través de las versiones de bandas británicas como Iron Maiden o Diamond Head, que llevaron temas de Montrose al público europeo metalero.
Mediante la reivindicación crítica y musicológica que, desde los años noventa, los sitúa como pieza clave de la transición del hard rock al metal.
Por el papel de plataforma de Sammy Hagar, que más tarde sería conocido internacionalmente por su etapa en Van Halen, lo que llevó a muchos oyentes a “descubrir hacia atrás” el catálogo de Montrose.

En suma, el impacto cultural de Montrose es menos el de un fenómeno de masas y más el de un nodo de influencia: un punto de referencia que otros músicos, periodistas y aficionados especializados reconocen como fundamental a la hora de trazar la historia del rock pesado.


4. Relación con el fanbase: culto, memoria y redescubrimientos

4.1. Una banda “olvidada” con fans muy ruidosos

Diversos artículos y blogs insisten en describir a Montrose como “una banda aparentemente olvidada” o infravalorada, subrayando la paradoja de que su música haya sido influyente pero su nombre, relativamente poco conocido fuera del círculo de aficionados al hard rock clásico.

Sin embargo, basta revisar foros, reseñas y secciones de comentarios para comprobar que existe una comunidad de fans muy apasionados, que tienden a coincidir en varios puntos:

El debut Montrose es, para muchos, un “disco perfecto”, sin relleno, donde “todas las canciones son buenas” y la guitarra y la voz mantienen un nivel altísimo.
Rock Candy, Bad Motor Scooter, Rock the Nation o Space Station No. 5 son percibidas como canciones fundacionales del hard rock de los setenta, comparables en impacto artístico (si no en fama comercial) a los clásicos de Zeppelin, Sabbath o Purple.
La figura de Ronnie Montrose es reivindicada como “héroe de la guitarra no reconocido” de los setenta, particularmente por la prensa especializada orientada a guitarristas.

Ese núcleo duro de seguidores ha sido esencial para mantener vivo el nombre de la banda: presionan para reediciones, comparten grabaciones de directo, discuten mezclas y masterizaciones y, sobre todo, recomiendan el disco a nuevas generaciones de oyentes.

4.2. Testimonios generacionales y memoria de directo

Historias personales en foros de classic rock y redes sociales muestran otro ángulo de la relación de Montrose con su público: el de la experiencia en directo. No son pocos los que recuerdan a Montrose como “la primera banda que vieron en directo”, generalmente en giras donde compartían cartel con grupos mayores.

Estos testimonios suelen destacar:

La potencia del directo, con un Ronnie Montrose concentrado en la guitarra y un joven Sammy Hagar como frontman hiperactivo.
La sensación de estar viendo a una banda “demasiado buena para ser telonera”, algo que refuerza con el tiempo la percepción de injusticia histórica respecto a su falta de éxito masivo.

Con el paso de los años, esa memoria se transforma en militancia: muchos de esos fans se convierten en prescriptores activos que recomiendan el álbum a amigos, hijos o estudiantes de guitarra, prolongando así el legado de Montrose a través de la experiencia vívida más que de la exposición mediática.

4.3. Recepción entre nuevas generaciones de metaleros

Para las generaciones posteriores, especialmente las que llegan al metal a través de bandas como Iron Maiden, Metallica o Van Halen, Montrose suele aparecer como referencia secundaria, accesible a través de tres puertas:

Las versiones de Maiden y otras bandas, que despiertan la curiosidad por los originales.
Las listas de “mejores discos proto-metal” o “álbumes fundacionales del heavy metal” donde Montrose suele figurar de forma consistente.
Las retrospectivas sobre Ronnie Montrose en revistas de guitarra, que lo presentan como un eslabón fundamental en la evolución del instrumento en el rock duro.

Aunque no estamos ante un fenómeno de culto masivo al estilo de Thin Lizzy o UFO, sí se aprecia un crecimiento sostenido del reconocimiento crítico y del interés de los oyentes más curiosos, que ya no dependen de la disponibilidad física de los vinilos sino que pueden acceder al catálogo de Montrose en plataformas digitales.


5. Relevancia a lo largo del tiempo: de proto-metal setentero a clásico de catálogo

5.1. Un catálogo breve pero decisivo

Montrose nunca fue una banda prolífica. Su disco de debut (1973), seguido por Paper Money (1974) y algunas obras posteriores con cambios de formación, conforman un cuerpo de trabajo relativamente compacto. Paper Money, de hecho, ya se aleja parcialmente del tono proto-metal del debut, explorando texturas más variadas y menos lineales, lo que algunas reseñas interpretan como un giro arriesgado que descolocó a parte del público.

Esta brevedad tiene un efecto doble sobre su legado:

Por un lado, limita su presencia en la memoria generalista: no hay tantos discos, giras ni campañas mediáticas como para sostener una presencia constante en la cultura popular.
Por otro, hace que el debut adquiera un carácter casi mítico: un único álbum que se revaloriza con el tiempo y que funciona como pieza de colección imprescindible.

Con el paso de las décadas, el consenso crítico se ha consolidado: el primer álbum es considerado un clásico absoluto del hard rock setentero, mientras que el resto del catálogo se percibe como material de interés complementario, sobre todo para quienes quieren entender la evolución de Ronnie Montrose como guitarrista.

5.2. Relecturas críticas y canonización proto-metal

A partir de los años noventa y especialmente en el siglo XXI, con la proliferación de estudios sobre los orígenes del heavy metal, Montrose comienza a aparecer de forma sistemática en ensayos, listas y artículos dedicados al proto-metal. Publicaciones como PopMatters y otros medios especializados incluyen su debut entre los discos clave que preparan el terreno para la explosión del heavy metal, junto a obras de Blue Cheer, Deep Purple o Sir Lord Baltimore.

Al mismo tiempo, revistas como Guitar World o Guitar World-adjacent destacan a Ronnie Montrose como un guitarrista “injustamente ausente” de muchas listas de mejores guitarristas de los setenta, subrayando la modernidad de su tono y su enfoque de la composición.

Este proceso de canonización tardía tiene implicaciones claras:

Reinscribe a Montrose en la narrativa oficial de la historia del metal, aunque sea desde la etiqueta de “progenitores”.
Invita a nuevas generaciones de músicos a estudiar su trabajo no como curiosidad retro, sino como fuente de recursos técnicos y compositivos todavía válidos.

5.3. Persistencia en la práctica musical: covers, directos y pedagogía

La relevancia de Montrose no se limita al discurso crítico: su música sigue viva en la práctica cotidiana de otros músicos.

Las versiones de I Got the Fire y Space Station No. 5 por parte de Iron Maiden, Axe, Lee Aaron, Tesla y otros han mantenido en circulación el vocabulario riffs-groove-hook que Ronnie Montrose ayudó a definir. Estas canciones, reinterpretadas con distinto grado de fidelidad al original, funcionan como ejercicios de estilo para guitarristas y como guiños de complicidad para los oyentes más atentos.

En el ámbito pedagógico, el álbum Montrose se emplea con frecuencia como ejemplo de:

Cómo construir un disco de hard rock compacto, sin rellenos.
Cómo equilibrar virtuosismo guitarrístico con servicio a la canción.
Cómo producir guitarras pesadas y presentes sin caer en la saturación confusa.

Todo ello contribuye a que, incluso en un contexto de sobreabundancia musical, el nombre Montrose siga apareciendo en conversaciones entre músicos, productores y aficionados con interés histórico.

Montrose como eslabón imprescindible de la música pesada

Si medimos el éxito por ventas, presencia mediática continua o longevidad discográfica, Montrose ocupa un lugar modesto en la historia del rock. Pero si el criterio es la influencia estructural —aquella que moldea el sonido de quienes vendrán después—, la banda de Ronnie Montrose y Sammy Hagar se revela como una pieza imprescindible.

Su debut de 1973 fijó una manera estadounidense de entender el hard rock pesado, posteriormente amplificada por Van Halen y por el metal de los ochenta.
Su repertorio fue absorbido y reinterpretado por bandas de la NWOBHM y por múltiples artistas de hard rock y metal, asegurando su continuidad más allá de su breve carrera.
Su figura ha sido revalorizada por la crítica y por la comunidad guitarrística, que reconoce en Ronnie Montrose un arquitecto fundamental del lenguaje del rock pesado.

El legado de Montrose no se ve tanto en camisetas ni en documentales mainstream, sino en riffs, tonos de guitarra y estructuras de canción que siguen resonando, a veces sin que el oyente sea consciente de su origen. Son, en definitiva, una banda cuya influencia se filtra por debajo de la superficie, pero que, una vez identificada, resulta imposible no considerar como uno de los cimientos discretos —aunque esenciales— de la música pesada moderna.


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