by King Piltrafilla (@KingPiltrafilla)

Ambientada a mediados de los 90 y con una estupenda fotografía de Álvaro Gutiérrez, la historia da comienzo cuando Paquita –madre de Lupe, enferma y harta del comportamiento de su hija, desentendida de Pancho, un joven apocado y necesitado de cariño materno- convoca la Noche de los Muertos del 96 a su hijo Diego, vocalista de Groenlandia, el grupo con el que alcanzó la fama junto a su hermana antes de fallecer. Al día siguiente, Diego se presenta en casa de Paquita para sorpresa de Lupe -la única que puede verle- y será testigo y detonante del cambio que su aparición provocará en la vida de su hermana agorafóbica y el resto de la familia. La verdad, piltrafillas es que no he entrado en la película de inmediato. Al principio cuesta un poco, aunque la fotografía de Gutiérrez y mi intuición me decían que tenía que aguantar ante la pantalla –algo que ni mi mujer ni mi hija hicieron-, pero al rato descubres que estás ante una preciosa historia de amor, perdón y transición a la madurez entre surreal y costumbrista jalonada de pinceladas de humor. En resumen, una de esas cintas que amas o detestas y que –pese a no ser obras redondas- son de lo más recomendable y frescas para cuando se quiere pasar un rato entretenido con historias humanas sin disparos o explosiones, que de eso ya viene cargada la realidad.




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