ZEPPELIN ROCK: LAS MEJORES PELÍCULAS DE AVENTURAS DE LOS AÑOS 30

domingo, 14 de junio de 2020

LAS MEJORES PELÍCULAS DE AVENTURAS DE LOS AÑOS 30

La isla del tesoro.

por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC



Me atrevería a decir que el género que alcanzó la absoluta madurez y brillantez en los 30 fue el de aventuras. Posteriormente, sobre todo llegados los 80, el género se benefició de mejores efectos especiales, pero la frescura, los códigos, las estructuras, el tono, los personajes alcanzaron aquí la cima para convertirse en los referentes sobre los que ir creando y variando. Películas espléndidas, llenas de ritmo y sabiduría narrativa, ideales para engancharse en el clásico. Una década con joyas y obras maestras en las aventuras exóticas, en las aéreas, en las marinas… El vigor, la imaginación en la puesta en escena, lo exótico y misterioso, el toque de humor como ingrediente esencial, el carisma y el look físico de los héroes… Los años 30 de la creatividad y el descaro, encontraban en este género de evasión una salida lúdica de primer orden.

Tarzán de los monos.


LAS MEJORES PELÍCULAS DE AVENTURAS DE LOS AÑOS 30
(El mejor cine de aventuras de la década)


ÁGUILAS HERÓCIAS (1936), de Howard Hawks. 

El gran Hawks y una de sus pasiones: la aventura. En este caso aéreas. Su obra maestra será con “Sólo los Ángeles Tienen Alas “(1939), pero esta, con James Cagney, sirve como estupendo esbozo de lo que será aquella.


ALEXANDER NEVSKY (1938), Sergei M. Eisenstein. 

Cine de aventuras, pero en clave de propaganda, como acostumbraba el maestro letón. Una de las grandes películas sonoras de Eisenstein, con una soberbia banda sonora.


ALMAS EN EL MAR (1937), de Henry Hathaway. 

Soy un incondicional de Hathaway, director con una de las filmografías más regulares del cine clásico, es decir, de la historia. Aquí tenemos una de aventuras marinas con estupendo reparto. Sin estar en el top del género, tenemos entretenimiento, romance, acción, el clásico vigor narrativo del director, antiesclavismo y el carisma de unos protagonistas donde luce con luz propia Gary Cooper.


BEAU GESTE (1939), de William A. Wellman. 

Clásico absoluto del cine de aventuras, mencionado en alguna de las listas anteriores. Una de las obras cumbres del género con Gary Cooper como protagonista y con el excepcional William Wellman en la dirección. Un director de una categoría extraordinaria y poco reconocida.


CAPITANES INTRÉPIDOS (1937), de Victor Fleming. bcccccbbb

Una de las películas más conmovedoras de la historia del cine. No sólo me emociono al verla, lo hice al analizarla y escribir sobre ella. La esencia de la paternidad, su mirada a la infancia… ese impagable personaje encarnado por Spencer Tracy junto a su “pescadito”… “Todos queremos estar contigo, Manuel”. Véanla cada vez que pueda. Y aprendan.




EL CAPITÁN BLOOD (1935), de Michael Curtiz. 

Uno de los grandes títulos de aventuras y de piratas de todos los tiempos, dirigido por uno de los mejores artesanos y realizadores de películas de aventuras de la historia del cine. La unión de Curtiz con Errol Flynn, lo más parecido a una estrella moderna en aquella época, fascinante personaje, dio (y sigue dando, por fortuna), grandes momentos de placer. De las imprescindibles de este año.


EL CONDE DE MONTECRISTO (1934), de Rowland V. Lee. 

La imprescindible historia de Alejandro Dumas, infinitas veces adaptada, tiene aquí uno de los trabajos más respetados y conocidos.


EL MAGO DE OZ (1939), de Victor Fleming. 

Una de esas películas que aun hoy día sigue tan vigente como el primer día. Es increíble el impacto que aún tiene la película de Fleming. Logró un icono. No sería el único que lograra el director. Una de las obras más referenciadas, de inmensa influencia. Definición de un clásico.


EL MALVADO ZAROFF (1932), de Irving Pichel y Ernest B. Schoedsack. 

No saben ustedes la cantidad de películas que de una forma u otra se han servido de esta joya para sostener sus argumentos. La historia de un alocado millonario que vive en una isla solitaria dedicándose a cazar a pobres náufragos es tan perturbadora como sorprendente. Un thriller de terror brutal, misterioso, sugerente y francamente bien dirigido por Pichel y Schoedsack, que al año siguiente haría King Kong.


EL PRÍNCIPE Y EL MENDIGO (1938), de William Keighley. 

Entretenida y simpática adaptación de la novela de Mark Twain, ideal para los más pequeños. Una historia de base que ha servido para infinidad de imitaciones, versiones y copias.


EL PRISIONERO DE ZENDA (1937), de John Cromwell. 

Y aquí tenemos a Cromwell con una de esas cintas de aventuras que son míticas y referenciadas década a década. En 1953, Richard Thorpe, del que este año traje una película, la que abre la lista, realizó un gran remake calcando esta de Cromwell. Imprescindible para los aficionados del género y los que quieran pasar un buen rato.




GUNGA DIN (1939), de George Stevens. 

Y de un clásico del cine aventurero comentado algo más arriba a otro. Dos de los títulos más iconográficos y reputados del género el mismo año, que no podía ser otro que el 39. Adaptando a Kipling, de la mano de George Stevens y con Cary Grant. Casi nada.


HORIZONTES PERDIDOS (1937), de Frank Capra. 

No es gratuito cuando les digo que Capra era el más grande en su época. Otra de sus obras maestras a escena. Una película que es como si el director derramase su concepción de este arte. Mientras el inferno se cierne (la guerra), unos pasajeros encuentran un idílico lugar donde ser feliz y evadirse de todo aquello… Shangri-La. Es decir, lo mismo que era el cine de Capra. Es la idea de paraíso, que el director quiso crear con su cine.


HURACÁN SOBRE LA ISLA (1937), de John Ford y Stuart Heisler. 

Tampoco es de las obras maestras de Ford, pero mi cariño es inmenso al ser de las primeras que visioné cuando estudié su filmografía hace ya unos añitos. Una estupenda historia que además es metafórica, donde el romance funciona a la perfección y las reflexiones sobre la colonización y la tiranía están muy bien desarrolladas. Como rúbrica: la aparición del huracán, que es sencillamente excepcional, en esa isla de los Mares del Sur.


KING KONG (1933), de Merian C. Cooper y Ernest B. 

Schoedsack. Un mito, un icono, y aún vigente. Me siguen sorprendiendo sus efectos especiales, su espíritu aventurero, su poesía, su esplendida narrativa. Raro será que no la conozcan, pero siempre está bien volver a verla por sus infinitas virtudes.




LA CARGA DE LA BRIGADA LIGERA (1936), de Michael Curtiz. 

Segunda de las nueve películas que hicieron juntos Olivia de Havilland y Errol Flynn. No es la mejor de ellas, pero tenemos lo que esperamos: aventuras románticas y carisma por todos lados rodadas con maestría.


LA CIUDAD SIN LEY (1935), de Howard Hawks. 

No es una gran obra, pero sí interesante. Dirigida por Hawks y William Wyler, nos habla de la fiebre del oro y conflictos de intereses. Con Edward G. Robinson y Walter Brennan en el reparto.


LA ISLA DE LAS ALMAS PERDIDAS (1932), de Erle C. Kenton. 

Basada en “La Isla del Doctor Moreau”, de Wells, y protagonizada por Lugosi y Laughton, es un más que estimable trabajo que mezcla con acierto la aventura, el terror y la Ciencia Ficción.


LA ISLA DEL TESORO (1934), de Victor Fleming. 

Adaptación de la mítica novela de Stevenson en la que es su mejor versión, lo que tiene mérito, porque se ha adaptado en múltiples ocasiones, remake tras remake… Puro cine de aventuras para todas las edades.


LA JUNGLA EN ARMAS (1939), de Henry Hathaway. 

Otro pequeño clásico del cine de aventuras, protagonizado, también, por el excepcional Gary Cooper, al que acompañan David Niven y Broderick Crawford. Quizá palidece en la comparativa con otros referentes muy cercanos y parecidos, pero es un gran título del género.


LA PATRULLA PERDIDA (1934), de John Ford. 

El maestro por partida doble esta vez. Primera Guerra Mundial, una patrulla británica perdida al haber muerto su comandante, el único que sabía el destino de su misión, y John Ford en una película irregular, pero más que aceptable.


LA PIMPINELA ESCARLATA (1934), de Harold Young. 

Una de aventuras al estilo británico. Si van sin prejuicios pasarán un rato agradable, aunque no es ninguna obra maestra.


LA TRAGEDIA DE LA BOUNTY (1935), de Frank Lloyd. 

Un clásico de las aventuras marítimas. El microcosmos de un barco y una amalgama de sentimientos, temas y conflictos que se recrudecen con el encierro. Laughton contra Gable, un duelo que uno no debe perderse.


LAS AVENTURAS DE TOM SAWYER (1938), de Norman Taurog. 

Adaptación de la imprescindible novela de Mark Twain. Puro cine aventurero con la infancia y la libertad como pilares indiscutibles. Seguramente es la mejor adaptación de la novela, resuelta en poco más de hora y cuarto por Norman Taurog, que este año aparece por partida doble. Un director que se especializó en musicales y películas con grandes cantantes, como Dean Martin y, sobre todo, Elvis Presley. La infancia es un tema que aparece en los dos films que aquí os traigo de él.




LAS CUATRO PLUMAS (1939), de Zoltan Korda. 

Es bueno y necesario reivindicar a los hermanos Korda. Aquí Alexander produce a su hermano en esta espléndida cinta de aventuras que es un clásico.


LAS MINAS DEL REY SALOMÓN (1937), de Robert Stevenson. 

Primera de las versiones de este clásico aventurero de H. Rider Haggard. No es excepcional, pero sí resultona y apañada.


LOBOS DEL NORTE (1938), de Henry Hathaway. 

Una de aventuras marinas con el gran Henry Hathaway y un duelo actoral por todo lo alto: George Raft y Henry Fonda. Más Dorothy Lamour. No es de las más brillantes en su género, pero se disfruta sin lugar a dudas.


PASTO DE TIBURONES (1932), de Howard Hawks. 

El Hawks aventurero, una de sus pasiones. En este caso son aventuras marinas. Una película corta, muy sabrosa, con estupendas escenas aventureras y la concisión narrativa del maestro.


ROBIN DE LOS BOSQUES (1938), de Michael Curtiz. 

Clásico absoluto del cine de aventuras, iconográfico al máximo. Robin Hood no ha sido otro que Errol Flynn, con su look, su gorrito, su agilidad y su habilidad con el arco. Deslumbrante puesta en escena y planos generales para la acción. Y de nuevo Flynn compartiendo plano con Olivia de Havilland. De las que se ven una y mil veces sin cansarse… Otra vez Curtiz, que las tiene a pares año tras año.




SÓLO LOS ÁNGELES TIENEN ALAS (1939), de Howard Hawks. 

Hawks y el cine de aventuras. El maestro ya empezaba a encadenar una obra maestra detrás de otras, y en todos los géneros. Aquí regala a Cary Grant un papel con muchos matices, explorando más allá de sus dotes cómicas. Jean Arthur y Rita Hayworth le acompañan. Es que es otra que entra en el Top de su género… Es un no parar. Imprescindible.


TABÚ (1931), de F. W. Murnau. 

Casi un documental, una de las grandes obras de 1931. En la línea de los documentales de Flaherty (Nanuk, el esquimal, 1922), Murnau apostó por darle a esta historia centrada en los tropicales parajes de Bora-Bora y Tahití y las costumbres de los indígenas de aquella zona en los mares del sur, un tono más de ficción, aspecto que chocó con la visión de Flaherty, que también se involucró en el proyecto, por lo que terminó abandonando la empresa. Lo que resultó fue una obra hermosísima llena de vigor y un final de antología.


TARZÁN DE LOS MONOS (1932), de W. S. Van Dyke. 

Para muchos la mejor, un referente del género aventurero, con Weissmuller y Maureen O’Sullivan como protagonistas, pareja iconográfica de la saga. Una auténtica y exótica gozada.


TARZÁN Y SU COMPAÑERA (1934), de Cedric Gibson y Jack Conway. 

Crecí viendo las películas de Tarzán, cuando casi no tenía conocimiento. Me encantaban. Esta es la segunda de la saga protagonizada por Johnny Weissmuller, para muchos la mejor. Tenía que traerla.




TIERRA DE PASIÓN (1932), de Victor Fleming. 

Es la cinta original de la que Ford hará un remake con “Mogambo” (1953). Protagonizadas, en ambos casos, por Clark Gable. Paisajes exóticos y triángulo amoroso.


TRES LANCEROS BENGALÍES (1935), de Henry Hathaway. 

Un Hathaway más reconocible. Puro cine de aventuras de primera, muy en la línea de la posterior “Gunga Din”, que protagonizaron Cary Grant, Victor McLaglen y Douglas Fairbanks Jr., o “Beau Geste”, también protagoniza Gary Cooper. Aquí Cooper lidera el grupo junto a Franchot Tone y Richard Cromwell. Una extraordinaria cinta de aventuras, de las que dignifican el género.


WILD BOYS OF THE ROAD (1933), de William A. Wellman. 

Por alguna extraña razón, este director de filmografía ejemplar, no está en el Olimpo de los grandes para los medios, pero sin duda es uno de ellos. Esta cortita película es un ejemplo de concisión y poder narrativo en su retrato adolescente durante la Gran Depresión. Investiguen en Wellman, me lo agradecerán. Hoy he traído dos, y de las menos conocidas…

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