jueves, 21 de noviembre de 2019

RULO Y LA CONTRABANDA - Basado en hechos reales (2019): Crítica review


por Alberto Iniesta (@Radiorock70)
del blog Discos




Aviso para navegantes: Rulo no se acostó de metal para despertar abrazado a la nostalgia. Los primeros discos de La Fuga ofrecen numerosos ejemplos de su modus operandi a la hora de enfrentarse al papel, donde la melancolía o la tristeza estaban siempre presentes de algún modo: ahí tenemos Barrio Gris, Los de Siempre, Madrid, Hasta Nunca o P’Aquí, P’Allá. No es su pluma la que ha cambiado, sino los acordes encargados de vestir las canciones: las quintas salvajes de antaño, tan amigas de tempestades, ahora se sustituyen por pianos y una mayor dosis de acordes menores. Rulo siempre ha comentado que tener conviviendo en su interior un cantante de rock and roll con un cantautor es algo que le ha condicionado a la hora de escribir. Basta con escuchar Buscando en la Basura para darse cuenta de la enorme influencia de Sabina en sus canciones, pero también para entender la imposibilidad de que Rulo se pasara toda una vida haciendo lo que hacía en La Fuga, la gran damnificada desde que el músico de Reinosa decidiera emprender su propio camino en solateras.




Ahora que Rulo y su Contrabanda rozan la primera década juntos, después de varias escuchas de este nuevo trabajo la idea general sobre su trayectoria continúa siendo la misma. Algo falla en la producción de sus discos, con la posible excepción de Especies en Extinción, porque no alcanzan la altura a la que nos llevan él y su banda en los conciertos. Puntualizo que, como Jorge Ilegal, yo también pienso que un grupo debe sonar mejor en directo que en estudio, pero no es el caso que nos ocupa, no se trata de un mejor o peor sonido, sino de la forma de acompañar las canciones. En este disco tenemos temas con estribillos inconfundibles en la escuela del Rulo de los últimos tiempos, como The End, que se ven echados por tierra gracias a unos arreglos fuera de lugar y unos coros totalmente prescindibles, cuando la canción no los demanda en absoluto. Todavía, por ejemplo, es esa canción que hemos escuchado mil veces ya, pero que no pierde su guerra al luchar con el sempiterno tú y yo. La canción encargada de abrir fuego, Verano del 95, mejorará enteros con total seguridad cuando suene en directo porque aquí se presenta cohibida y asustada, ofreciendo como resultado una balanza donde tiene más peso la incertidumbre de lo musical que la certeza de la letra y sus recuerdos. Mal de Altura, con una de las letras más crudas y brillantes del disco (no hay nada más allá de este silencio, tiemblo como en los ojos suelen temblar las lágrimas) se queda una vez más a mitad de camino entre el empate y la gloria, cuando podría haberse situado sin dificultad más cerca de la segunda.




El momento más brillante, el Walk On the Wild Side particular del disco que evidencia lo que podría haber sido y no fue de haber apostado más por ese sonido ganador, llega de la mano y guitarras de El Blues de los Sueños Rotos, donde por fin tenemos todos los ingredientes indispensables del sello personal de Rulo avanzando en una misma dirección, con un resultado inmenso. En lo personal, espero que no suceda lo mismo que sucedió con el anterior LP, cuando la mejor canción (Días Dorados) no sonó en la Riviera ni en el palacio.


ccc


No se trata de un disco tan accesible como lo fue El Doble de tu Mitad, y seguramente será mejor valorado una vez que haya sido defendido en directo. Rulo nos sigue debiendo no ya un rock and roll, sino sencillamente un disco a la altura de las emociones que afloran en sus conciertos.


El Blues de los Sueños Rotos

Mal de Altura

Verano del 95



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