sábado, 5 de octubre de 2019

HELIX - No rest for the wicked (1983): Crítica review


por Rockología (@RockologiaTwit)
del blog Rockologia




Este es uno de esos disco que han caído en el olvido inmerecidamente, y esto se debe, quizá, a pertenecer a una banda que nunca consiguió la fama de otras, pero que se labró una carrera rotunda en los primeros ochenta. Helix editó este No rest for the wicked el mismo año que Kiss su Lick it up, Y&T su Mean Streak, Twisted Sister su You can’t stop rock and roll y Quiet Riot su Metal Health, mucho nivel en el hard&heavy yanquee. Sin embargo, Helix lograron llamar la atención y giraron con Kiss (y si no recuerdo mal, fueron sus teloneros en España).




Las diez canciones se mueven entre un hard rock fiestero y un heavy accesible, muy americano, todo con una producción aseada a cargo de Tom Treumuth, William Seip y la propia banda. Por cierto, lo mezcló el tío de Jon, el casi famoso Tony Bongiovi. La banda la formaban por entonces Paul Hackman y Brent Doemer a las guitarras, Greg (Fritz) Hinz a la batería, Mike Uzelac al bajo y el cantante Brain Vollmer.

Comienzo con la versión Does a fool ever learn, claro exponente de las virtudes comerciales del grupo: buen estribillo y un arreglo instrumental muy bueno. Let’s all do it tonight endurece un poco su propuesta, acercándonos a lo que hacían también por entonces Twisted Sister; qué buen estribillo, y una línea de bajo total, pegadiza. La fiesta continúa con el single Heavy metal love, con su aire pop en la melodía y una guitarra carne de radio. En las dos siguientes se endurecen: Check out the love (un aire Van Halen) y No rest for the wicked (de lo mejor, fabulosas guitarras) crecen sobre riffs repetitivos, buena base rítmica y los estribillos marca de la casa.




Otro pelotazo sigue bajo el título Don’t get mad get even, quizá el mejor estribillo y una construcción soberbia para el otro single del redondo. Y es que no dejan ni un tema de relleno. Ain’t no high like rock’n’roll vuelve al fiesteo con una declaración de intenciones, lema de la época: no hay nada que me haga más grande que el rocanrol. Y lo demuestran en Dirty dog, con una figura de guitarra molona y un Vollmer que hace una de sus mejores interpretaciones.

No puede faltar la superbalada. Never want to lose you recuerda a Scorpions sin remedio, aunque llevado al terreno de estos canadienses. Le falta un par de minutos para ser épica, pero mantiene el nivelazo del disco. Y para cerrar, otro rato de fiesta con White lace and black leather, digno ejemplo del hard&heavy que se hacía en Norteamérica entonces.

Helix fabricó otro puñado de buenos discos aunque nunca alcanzó las ventas ni la repercusión en el mundillo de muchos de sus coetáneos. Merece la pena darle una vuelta o dos a No rest for the wicked, sobre todo si eres asiduo del hard and heavy ochentero.

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