miércoles, 14 de febrero de 2018

Otra insignificante felicitación a Sabina: sus canciones en la banda sonora de mi vida



por Alberto Iniesta (@A_Maqueda_8)
del blog Discos






Hace poco, en una entrevista, comentaba el genio de Úbeda: “estoy a un paso de una cifra gloriosa, el 69”. Bien, este lunes finalmente alcanzó esa edad, y aunque no se precisa de excusa ninguna para hablar de un músico del nivel de Sabina, he decidido rendirle un humilde homenaje con tal pretexto.



Si el lector cree que lo que le van a ofrecer estas líneas radicará en la angustiosa presencia de una infinita retahíla de verdades mayúsculas -pero, por otra parte, ya bien conocidas por el gran público-, se equivoca. Si el suicida, que en este pequeño mar de palabras bucea por voluntad propia, sin la presencia de un arma blanca apuntando a su cabeza, intenta encontrar un texto estéticamente agradable e hipócrita exclusivamente sobre lo bueno y lo bonito de uno de los cantautores por antonomasia de nuestro país, nuevamente se equivoca. 

Llegados a este punto, la pregunta es obligada: ¿En qué consiste este insignificante homenaje? Ya que la música es eterna, pero la memoria del ser humano frágil, estas líneas no persiguen otra meta que la de recordar algunos momentos de la carrera de Sabina que, para el que escribe, son especiales por motivos de dudosa reputación. Momentos en forma de letras imperecederas y melodías inmortales que pusieron, ponen y pondrán banda sonora a tantas y tantas vidas. Viajemos:





Los mejores momentos de Joaquín Sabina (para uno):

“Solo sé que algunas veces, cuando menos te lo esperas, el diablo va y se pone de tu parte” Pacto entre caballeros, de Hotel, Dulce Hotel: En la vida hay muchas canciones que te vuelan la cabeza, pero pocas lo consiguen de la forma en que sucede con la primera que escuchas de un artista. Esas canciones son comparables a ese primer amor, siempre inolvidable: nunca dejarán de revolotear por los rincones de tu mente.



“Abuelos que siempre ganaban batallas, caminos que nunca llevaban a Roma” Más de cien mentiras, de Esta Boca Es Mía: Por esos abuelos que nunca dejaron de creer en poder ganarlas, y por una de las letras que más hondo ha conseguido instalarse dentro de ese complejo mundo de emociones que cada cual guardamos, con mayor o menor cordura, en lo más profundo de nuestro ser. Directa a la eternidad. 



“Buscando en la basura un gramo de locura, dime que es falso que ya nunca escribes” Conductores suicidas, de Física y Química. Hay canciones desgarradoras por su letal dosis de cruda realidad, y esta sin duda es de esas que remueven todo lo que encuentra a su paso, ya sean los prejuicios del mayor de los escépticos o los sentimientos de los más sensibles. 



“Y no hallo más que puertas que niegan lo que esconden” Calle Melancolía, de Malas Compañías. El DeLorean nos lleva hasta casi cuarenta años atrás, pero la canción no ha perdido ni un ápice de su calidad, con una letra especialmente brillante que continúa de plena actualidad. Una de esas que suponen amor a primera escucha. 



“Paseo de los Melancólicos, Manzanares, cuánto te quiero” Motivos de un sentimiento, himno del centenario del Atleti. Motivos de un sentimiento que no se puede explicar, pasarán los años y esta canción continuará pudiendo presumir por conseguir erizarme la piel como pocas. Sobran las palabras, tiemblan los corazones. 



“Si no hay futuro, viva el rock and roll” Rap del optimista, de El Hombre Del Traje Gris. Cuántos días grises habrán conocido luces al final de cada túnel gracias a canciones como esta. Dosis de optimismo sin aditivos, edificada sobre una letra narrada como solo él sabe hacerlo. Y otra canción mayúscula para la colección. 



“Por un catorce por ciento cambió la imaginación al poder” El muro de Berlín, de Mentiras Piadosas. Canción encargada de la colocación de todos y cada uno de los clavos necesarios del ataúd de la utopía, brillante en lo que siempre me ha parecido que es la perfecta adaptación de “Viva Zapata” a la música. 



“A mitad de camino entre el infierno y el cielo, yo me bajo en Atocha, yo me quedo en Madrid” Yo me bajo en Atocha, de Enemigos Íntimos. Madrid siempre ha sido un tema recurrente en su obra, pero de todas las canciones donde la menciona, es esta la que terminó de conquistar mi corazón. Un himno, con billete de ida hacia la eternidad. 



“Conmigo no contaba el porvenir, de ti no se acordaba el verbo amar” El rocanrol de los idiotas, de Yo, Mí, Me, Contigo. Dentro del elevado nivel lírico al que nos acostumbra, hay (muchas) veces en las que se supera, porque al final los genios compiten en eso, a superarse a ellos mismos. Este es un ejemplo, quedando como resultado un tema imperecedero. 



“Que para ser comercial a esta canción le falta un buen estribillo” A mis cuarenta y diez, de 19 Días y 500 Noches. Del que posiblemente sea su disco capital, siempre me ha parecido sobrecogedora esta letra de una de las canciones donde creo que mejor se reflexiona acerca de ese tema tan complejo llamado madurez. 



(HIDDEN TRACK) “Me acusas de tomarte de rehén, te acuso de quererme a sangre fría” Por delicadeza, de Lo Niego Todo. Finalmente, tenemos una pista oculta en reconocimiento a su último trabajo, un discazo absoluto que bien merece una mención con todos los honores en forma de canción con mayúsculas. 



Eso fue todo, dejo por aquí un enlace de una lista de reproducción en Spotify con todas las canciones por si algún loco se atreve:



“Que al final nos salvará a todos el rock and roll”

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