lunes, 19 de febrero de 2018

Crítica de "El hombre elefante" (David Lynch, 1980): Review


por Möbius el Crononauta



Nunca lo tuvieron muy fácil los seres deformes o freaks. A lo largo de los siglos, quienes no eran asesinados al nacer estaban condenados a vivir una vida miserable, alejados de todo y de todos. Con el tiempo, las cosas fueron cambiando lentamente, y la vía de escape para ellos llegó con el auge de las ferias ambulantes. Hoy en día puede parecernos denigrante y sórdido, pero lo cierto es que en las ferias ambulantes (por supuesto estoy generalizando y hubo de todo) aquellas personas que nadie quería encontraron a otros, igual que ellos o no, que les comprendían, y les consideraban parte de la familia del circo. Los hubo incluso que llegaron a hacer grandes fortunas. Y en aquel siglo de oro para las ferias y los freak shows que fue el siglo XIX, el caso más famoso fue el de Joseph Merrick.




En 1980 David Lynch llevó a la gran pantalla la historia de El Hombre Elefante (John Merrick en la película). La película, producida por Mel Brooks (aunque no consta en los créditos ya que Brooks no quería que el público se llevara a confusión), está parcialmente basada en la vida de Merrick, y nos cuenta su desdichada historia a lo largo de un film que seguramente sea el menos barroco en la carrera del director norteamericano. De hecho, sorprende el clasicismo y la sutilidad que rodeaban a Lynch en esta primera etapa. Aunque su impronta está ahí, aún faltaban algunos años para su eclosión final durante los 90, tras el enorme éxito de Twin Peaks.




Otro de los puntos fuertes del film son las interpretaciones, con un reparto que podríamos tildar de perfecto y donde es difícil destacar a unos sobre otros. A destacar, sin embargo, el tour de force del actor británico John Hurt, quien logra dar vida a un espeso y complicado maquillaje. También hay que mencionar la comedida y sensible actuación de Anthony Hopkins; recordar al siempre aristocrático John Gielgud; el sucio personaje inmoral de Freddie Jones (uno de los característicos secundarios de las últimas décadas del siglo pasado), y la profesionalidad y carácter de la llorada Anne Bancroft.




Por otro lado, la fabulosa música del compositor John Morris es inolvidable, con esa banda sonora tan ambigua donde una tétrica música circense se solapa con pausadas y bellas melodías, dotando a las escenas de cierto lirismo trágico.




Aunque las licencias artísticas en cuanto a la historia son destacables, lo cierto es que el retrato de Joseph Merrick trasciende su propia vida. En último término, lo que se nos muestra son las virtudes y defectos del ser humano: egoísmo, compasión, crueldad, heroísmo, ambición, afán de lucro, creación artística, violencia... en definitiva, una lucha entre lo sublime y el miedo a lo desconocido, una lucha entre una imagen sujeta al juicio de la sociedad y el interior del ser humano.






Con un sobrio blanco y negro, adentrarse en El Hombre Elefante es adentrarse en una historia que hace reflexionar al espectador, y que despierta la compasión, la tristeza, la incredulidad y toda una variedad de sentimientos que dependerán de lo que se llegue a identificar uno con los personajes. Cuanto más nos identifiquemos con Merrick, el doctor Treves o el cruel Bytes, más aliviados o más incómodos nos sentiremos. Y sentirse incómodo de vez en cuando viendo una película es bueno. Así como dejar un reguero de lágrimas, porque, toda aquella persona que sea sensible, sin duda usará unos cuantos pañuelos de papel al contemplar según que escenas. Porque, por si no ha quedado claro, ésta película es tan buena que a veces parece un puntapié en pleno estómago.

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