domingo, 17 de diciembre de 2017

Crítica de "Inherent Vice" (Paul Thomas Anderson, 2014): Review


by King Piltrafilla (@KingPiltrafilla)




Os voy a hacer hoy la reseña de una película. Pero, ¡qué película! Este domingo os traigo Inherent Vice, una cinta coral escrita y dirigida por Paul Thomas Anderson –responsable de Magnolia, Boogie nights o Pozos de ambición– basada en la novela homónima de Thomas Pynchon y protagonizada –entre otros– por Joaquin Phoenix, Josh Brolin, Owen Wilson, Jena Malone, Benicio del Toro y Michelle Sinclair, más conocida como actriz porno con el nombre de Belladonna, que ha decidido seguir los pasos de mitos como Traci Lords, Ginger Lynn o Sasha Grey pasándose al cine mainstream. 




En esta comedia de cine negro bañada en humo de marihuana nos encontramos con el detective Larry “Doc” Sportello viviendo en su apartamento de Gordita Beach a principios de los 70. Shasta, una antigua novia, aparece de pronto para pedirle ayuda, contándole que ahora es la amante de un millonario. A su vez, la mujer de este también tiene una aventura, pero lo que ella y su amante quieren es quedarse con la fortuna del marido. Y no sólo eso, la esposa adúltera conoce la existencia de Shasta y le ha pedido que se una a ellos en su plan para encerrarle en un manicomio y controlar así su imperio inmobiliario. Larry, que sale ahora con una abogada llamada Penny, promete a Shasta que hablará con ella para ver cómo puede ayudarla a salir de ese embrollo. El millonario en cuestión es Michael Wolfmann, un excéntrico hombre de negocios que flirtea con las drogas y se rodea de los motoristas de la Hermandad Aria. Más tarde, Doc tiene un nuevo cliente –por cierto, que el detective tiene el despacho en una consulta de ambulatorio médico– que le pide que le ayude a recuperar el dinero que le debe un tipo de la Hermandad Aria que trabaja como guardaespaldas de ¿lo adivináis? Michael Wolfmann.





La primera parada de Larry en su investigacion es el Chick Planet, un prostíbulo en el que ofrecen mamadas a 14.95 y tríos con dos chicas a 48.95, donde el detective se lleva un buen golpe en la cabeza antes de despertar junto al cadáver del motorista al que buscaba y con la policía rodeándole, con el teniente Christian “Bigfoot” Bjornsen al frente, un tipo fascistoide que odia a los hippies. Pero eso no es todo, amiguitos: Shasta ha desaparecido... y también Wolfmann. Y ese es el inicio de casi dos horas y media de experiecia lisérgica y surrealista, con diálogos que le llevan a uno no se sabe a donde y escenas que parecen sacadas de un viaje guiado por las sustancias químicas, como la que tiene lugar en el despacho del Doctor Buddy con una paciente rubia, el doctor, la secretaria asiática, el amigo del volante en la mano y Larry colocado de cocaína hasta arriba. Debo deciros que me ha encantado la fotografía, la interpretación de la práctica totalidad del reparto –sobre todo Brolin y muchísimo Phoenix como detective en permanente estado de alucinación–, así como la ambientación.





Basándose en un mito de la literatura norteamericana como es Pynchon, he tenido la tentación de recomendárosla sin reservas, como si fuese uno de esos pedantes que se deshacen en elogios ante un cuadro de Jackson Pollock, elaborando sesudas interpretaciones aunque en su fuero interno no entiendan una mierda de lo que representa y opinen que ellos mismos pueden pintar mejor con la punta del nabo. Pero si de algo me jacto es de ser sincero por lo que os diré que, pese al bonito envoltorio, la perfecta factura y el trabajo de los actores –supongo que el comportamiento outsider de Phoenix le ha apartado delas nominaciones–, he acabado perdiéndome. Y es que si algo caracteriza al argumento de Inherent vice, es que comienza prometedor pero se va liando y embrollando, a más no poder conforme avanza. 




Pensad que a mi me gustan las historias complicadas, los giros de guión y las sorpresas, pero es que esto es desmesurado. Y es que Pynchon tiene fama de ser más que complicado. A lo mejor me falta un par o tres de visionados para disfrutarla al 100%, no sé. Sin embargo, mi impresión tras este primer contacto es que, para no saber lo que uno está viendo, ya tenemos a David Lynch. Al menos con él sabes que cuando acabe la cinta podrás montarte tu propia historia. Pero esto ha sido demasiado para mi cuerpo. Así pues, haced lo que queráis.

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