miércoles, 8 de noviembre de 2017

Loquillo - La vida por delante (1994): Crítica reseña


por Alberto Iniesta (@A_Maqueda_8)
del blog Discos




“La vida es de los que arriesgan”

Una de las grandes canciones de ese enorme álbum llamado Balmoral podría definir a la perfección la carrera del Loco, una de las que mejor resiste el paso del tiempo de nuestro país. Su legado es inmenso y su voz, tan inconfundible como muchos de sus himnos. Pero esa es otra historia: precisamente, lo que este LP viene a demostrar es en que no necesita de Cadillacs Solitarios para lograr un discazo enorme. Aparca a los Trogloditas, algo que visto en perspectiva fue una decisión más que acertada, (los dos últimos trabajos, sin Sabino, no eran malos en absoluto, pero les faltaba algo…) y se junta con Gabriel Sopeña para ponerle música a poetas de lo más variado, que van desde Pedro Salinas, pasando por Octavio Paz, a Pablo Neruda, entre otros.




Hubo quien se tomó este disco como una traición: un rocker como Loquillo no podía hacer un disco de poemas, y le cayeron palos por todos los lados. Si dejamos a un lado los prejuicios y nos dedicamos a lo realmente importante, la música, descubriremos un disco que es, ni más ni menos, una de las cimas indiscutibles de la trayectoria de Loquillo, junto a otros como Morir en primavera o el ya mencionado Balmoral. Por ese motivo no deja de ser un misterio el cruel ostracismo al que ha sido relegado este disco, tanto por la crítica en general como por el propio Loco, que no suele tocar temas de este disco en directo. Como decía, centrémonos en la música, que es lo que importa:




La voz del Loco suena a gloria cuando se junta con textos como el de Bernardo Atxaga, en La vida que yo veo. La labor de Gabriel aquí es sobresaliente, y la canción llega a su clímax particular con los versos finales: “miro también a mi corazón, y descubro que sus deseos se resumen, desgraciadamente, en dos palabras: la palabra siempre, la palabra nunca”. La melancolía que revolotea sobre Los gatos lo sabrán se posa definitivamente en No volveré a ser joven, con una letra excelente a cargo de Jaime Gil de Biedma que deja mensajes que duelen como el propio paso del tiempo: “envejecer, morir, es el único argumento de la obra”. Sorprendente, como dirían los Leño, que Loquillo grabara una canción de esas características, ya que tenía 33 años cuando salió este disco.




El viaje continúa, y la cara b arranca fuerte con el tema más rockero del disco: Julia Reis, cuya letra, de José Mateos, tiene un fuerte aroma a Buena chica, de los Secretos: “cuando tú frecuentabas los suburbios peores, los bares más inhóspitos.” El final, como en la joya de los hermanos Urquijo, es triste también: “y me arrepiento ahora, Julia Reis, tierno amor sin amparo, fácil presa de los perdidos barcos de la noche”. Cantores, donde Gabriel Sopeña se encarga de la guitarra y de la pluma, propone la música como salvación: “mi soledad será profunda y cruel, y pondré mi guitarra en tus manos”. Otro de los platos fuertes llega con Niña morena y ágil, con una letra brillante de Neruda. Es sonar la canción, y te puedes imaginar a esa niña que juega con el sol. Pero no todo es bonito: el tema también incluye una profunda carga de tristeza cuando el Loco canta “nada hacia ti me acerca, todo de ti me aleja”, haciendo una clara alusión a la infancia perdida. Después de salir airoso de ese fado llamado, con toda la intención, Lisboa, se despide con Es la noche. Teniendo en cuenta la gran dosis de melancolía y nostalgia que desprende el disco por todos los surcos, la declaración de amor suena incluso optimista: “es la noche, vente porque yo te amo, igual que si fueras de plata”. Inmejorable cierre para un disco que merece una mayor consideración dentro del gran catálogo que ofrece la enorme discografía del Loco. ¡Por la música!




No volveré a ser joven



Julia Reis



Niña morena y ágil



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