miércoles, 20 de septiembre de 2017

XII Feria Internacional del Disco de Madrid: Memorias de la feria del disco


por Alberto Iniesta (@A_Maqueda_8)
del blog Discos




Te despiertas, la primera canción empieza a revolotear por tu cabeza... y sientes esas mariposas en tu estómago que, en ocasiones como esta, van acompañadas de discos, de acordes, de canciones… en definitiva, de música. No hace demasiado tiempo que compro discos: tengo veinte años y tocadiscos desde los dieciséis, pero cada vez que he ido a una de estas ferias, cada disco que he comprado en cada tienda desde aquel Brothers In Arms una lluviosa tarde de noviembre en Escridiscos, siempre he experimentado esa misma sensación, y no parece dispuesta a abandonarme. No soy ningún coleccionista en busca de primeras ediciones japonesas, me limito a comprar los discos que me gustan en un formato – el vinilo – que me resulta mucho más que entrañable. Tampoco soy amigo de las reediciones que desprendan un excesivo olor a plástico. Si alguna vez has sentido eso de lo que hablo antes de ir a comprar discos, quizá les encuentres algún sentido a estas líneas.


Hay quien no les encuentra la utilidad a estas ferias de música. Sus razones tendrán, pero desde luego, siempre que he ido (unas cuantas veces ya) nunca he vuelto con las manos vacías. Sería desproporcionado calificar absolutamente todos los miles de discos que se venden en esta feria como imprescindibles, pero siempre se encuentran joyas. Hay una regla que se suele cumplir en un elevadísimo porcentaje, y es más simple que una canción de los Ramones: cuanta más gente haya cerca de un vendedor, más interesantes serán los discos que se venden ahí, o, dicho de otra manera, el material será más atractivo cuanto más compradores haya cerca. De acuerdo, parece que hablemos de drogas, pero, como bien indica Robert Dimery en la introducción al libro de los 1001 discos que hay que escuchar antes de morir, “la música es algo con lo que nunca se puede sufrir una sobredosis”. Volviendo a lo anterior, precisamente uno de los pocos puestos de discos que estaban vacíos vendía, entre otras cosas, reediciones recientes de discos “famosos” como los Nevermind, Appetite For Destruction con la portada mala, Master Of Puppets… y ninguno bajaba de los 30 euros. Desconozco si habrá algún bicho humano dispuesto a pagar semejante cantidad por algo que no lo vale, pero comprendo perfectamente que muy pocos se interesaran por el material que vendía.

Para concluir, pese a la cantidad de personal que había (no entiendo cómo no lo compró alguien antes que yo), como suele ser habitual encontré mi joya particular, esta vez en forma de Quadrophenia, con libreto incluido, por los veinte euros que llevaba (eran todo mi presupuesto). Lo encontré mientras sonaba Have A Cigar (otra buena razón para acudir, siempre ponen música, esta vez a la hora que fui estaban poniendo ese maravilloso plástico de Pink Foyd llamado Wish You Were Here), y me hizo volver a casa con una sonrisa tonta de esas que se te ponen casi sin querer cuando encuentras algo que no esperabas.

Es cierto que esto es un intento de reflexión subjetiva, que habrá a quien le guste y a quien no. Yo solo lo viví, una vez más, como una fiesta de la música. Como dice Dale Turner en la (recomendadísima) película Alrededor de la Medianoche: “Estoy cansado de todo, excepto de la música”. Aprovechando que sonó en la feria, pongo enlace para esuchar el Wish You Were Here

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