miércoles, 24 de mayo de 2017

The Concert for Bangladesh (1971): Crítica review del primer disco solidario de la historia


por Alberto Iniesta (@A_Maqueda_8)
del blog Discos






Hoy me apetecía hablar del primer concierto solidario de la historia, que más allá de ser un bonito encuentro por una buena causa entre leyendas como George Harrison (que fue un poco el jefe de toda esta idea), Bob Dylan, Leon Russell o Eric Clapton, es ciertamente un cojonudo álbum.




Grabado en el Madison Square Garden de Nueva York, es un disco pionero en muchos aspectos, no ya solo por el hecho de que los conciertos sirvieran para ayudar a los refugiados de Bengala que se encontraban sin hogar: también desafió a las listas de ventas al ser lanzado en un formato de triple LP, tal y como ya había hecho George con su All Things Must Pass hacía poco más de un año. Más de 45 años después, esos dos discos son probablemente lo mejor del músico. Y volviendo al disco que nos ocupa, también sirvió para demostrarle al mundo que el rock and roll podía ser generoso, que era capaz de movilizarse por una buena causa: No hay más que ver el impacto que tuvieron tanto el Live Aid del 85 o el concierto por Nueva York en 2001. Aunque, personalmente, me quedo con este. Y dicho esto, vamos al disco, que en sus seis caras ofrece minutos de muchos quilates.




Tras una introducción donde George nos explica que primero habrá música india, y que espera que disfrutemos el concierto, comienza el recital de esa maravilla de instrumento llamado sitar. Los más de dieciséis minutos que dura la interpretación de Bangla Dhun, a cargo de Ravi Shankar y Ali Akbar Khan, parecen solo segundos, y eso explica a la perfección el gran dominio que los dos maestros tenían de su instrumento. Después de semejante recital, cuesta volver a las canciones de tres minutos, que es lo que sucede con la cara B del primer disco. No será hasta que suene Awaiting On You All cuando volvamos a la realidad. Lo mejor estará por llegar, y empezará a llegar con esa maravilla llamada Beware Of Darkness, una de las canciones de Harrison que mejor suenan de todo el concierto. Tras esa gran canción llega la presentación de la banda, donde Ringo Starr se lleva una buena ovación que no obstante se quedará pequeña en comparación a la que se lleva Eric Clapton. Precisamente es Slowhand el protagonista de While My Guitar Gently Weeps, donde los dúos guitarreros entre él y George quizá sean demasiado correctos. Es turno de Leon Russell y su jam incluyendo el Jumpin’ Jack Flash de los Stones, quien da paso de forma impecable al Here Comes The Sun de George, tocado en acústico de manera magistral. Los arreglos, preciosos y perfectos.




Turno para la cara de Dylan, que elige cinco canciones de corte acústico que sin embargo no impiden que su mensaje suene más potente que un concierto de Motörhead. Además de llevarse otra gran ovación, lo borda especialmente en A Hard Rain’s A-Gonna Fall y en Mr. Tambourine Man, mientras que los acordes y letra del Blowin’ In The Wind se cuelan en todos los corazones del público. Después de algo así, vuelve George para quitar el hipo bordando su Something. Para cuando acaba la canción, aparece una sensación como si Nueva York entero estuviera aplaudiendo. Es el primer single benéfico de la historia, llamado apropiadamente Bangla Desh, el que pone fin a este pedazo de historia de la música con una letra desgarradora: “mi amigo vino hacia mí con ojos tristes. Me dijo que quería ayuda, antes de que su país se muriera”. Son canciones así las que hacen eternos a genios como George Harrison. Disfrutemos de su música, que siempre vivirá en los corazones de quienes la escuchen. Larga vida.

Bangla Dhun

Beware Of Darkness

Just Like A Woman

ZR

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