domingo, 14 de mayo de 2017

Habla E. M. Cioran: selección de citas (Diario de podredumbre)



Continuamos en nuestro empeño de dejar aquí recogidos para deleita del lector ávido de sabiduría mundana (pero de la buena), algunos subrayados (llámanse citas) que tenemos hechos sobre la lectura de ese libro de Emil M. Cioran titulado Diario de podredumbre. Espero que despierten el deseo de hacerse con la obra completa.


Doble cara de la libertad

El asesino hace un uso ilimitado de su libertad y no puede resistir a la idea de su poder. Está dentro de las posibilidades de cada uno de nosotros el arrebatar la vida a otro. Si todos los que hemos matado con el pensamiento desaparecieran de verdad, la Tierra no tendría ya habitantes. Llevamos en nosotros un verdugo reticente, un criminal irrealizado. Y los que no tienen la audacia de confesarse sus tendencias homicidas, asesinan en sueños, pueblan de cadáveres sus pesadillas. Ante un tribunal absoluto, solo los ángeles serían absueltos. Pues nunca hubo ser que no desease -al menos inconscientemente- la muerte de otro ser.


Agotamiento por exceso de sueños

Si pudiésemos conservar la energía que prodigamos en esa sucesión de sueños realizados nocturnamente, la profundidad y sutileza del espíritu alcanzaría proporciones insospechables. El argumento de una pesadilla exige un derroche nervioso más extenuante que la construcción teórica mejor articulada. ¿Cómo, tras el despertar, recomenzar la tarea de alinear ideas cuando, en la consciencia, estábamos inmersos en espectáculos grotescos y maravillosos, y deambulábamos a través de las esferas sin el obstáculo de la antipoética causalidad? Durante horas fuimos semejantes a dioses ebrios y, súbitamente, cuando los ojos abiertos suprimen el infinito nocturno, tenemos que volver a enfrentarnos, bajo la mediocridad del día, con un hartazgo de problemas incoloros, sin que nos ayuden ningunos de los fantasmas de la noche. La fantasmagoría gloriosa y nefasta habrá sido pues inútil; el sueño nos ha agotado en vano. Al despertar, otro tipo de cansancio nos espera; tras haber tenido escasamente tiempo para olvidar el de la tarde, henos aquí enfrentados con el del alba. Nos hemos esforzado horas y horas en la inmovilidad horizontal sin que el cerebro aprovechase absolutamente nada de su absurda actividad. Un imbécil que no fuera víctima de este derroche, que acumulara todas sus reservas sin disiparlas en sueños, podría, posesor de una vigilia ideal, desintrincar todos los repliegues de las mentiras metafísicas o iniciarse en las más abstrusas dificultades matemáticas.

Después de cada noche estamos más vacíos: nuestros misterios, como nuestro pesares, han fluido en nuestros sueños. Así la labor del sueño no solo disminuye la fuerza de nuestro pensamiento sino también la de nuestros secretos...

ZR

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