martes, 23 de mayo de 2017

Groucho Marx: las mejores anécdotas para una vida llena de humor


por Möbius el Crononauta



Esta fue la conversación (y la anécdota; la primera):

El formulario para la aduana del aeropuerto había sido rellenado.
Nombre: Julius H. Marx.
Dirección: 21 Lincoln Road, Great Neck, L.I.
Nacido: Sí.
Pelo: No mucho.
Profesión: Contrabandista
Lista de objetos adquiridos fuera de Estados Unidos: ¿Le gustaría saberlo?
Evidentemente la policía se dispuso a registrar el equipaje del matrimonio Marx. Cuando acabaron sin haber encontrado nada, el señor Marx se dirigió a su esposa y le preguntó a gritos: "¿Qué has hecho con el opio? ¿Lo tienes todavía contigo?"



Julius Marx, neoyorquino de pro, nacido en 1890, dedicado al vodevil desde adolescente, un buen día se convirtió en Groucho Marx, y ya nunca dejó de serlo. Durante las 24 horas actuaba y hablaba como Groucho. Seguramente había nacido como Groucho. Se casó tres veces, con tres mujeres alcohólicas. ¿Le atraían las mujeres de ese tipo, o convivir 24 horas con Groucho era demasiado para una persona normal? Como a todo buen comediante, a Groucho Marx le encantaba beber. "Bebo para hacer a los demás interesantes", dijo en una ocasión.

Agente: Oiga, esta foto de su pasaporte no se le parece.
Groucho: Bueno, tampoco se parece a usted.
Agente: ¡Este hombre no tiene bigote!
Groucho: Bueno, la barbería no estaba abierta esta mañana."
(Pistoleros de Agua Dulce - 1931)

Cuando a Groucho no le gustaba cierto programa, artista o película, y tenía la oportunidad de que algún periodista le preguntara por ello, su ironía y mala leche eran demoledoras. Cierto día fue a ver la película Sansón y Dalila, protagonizada por el musculoso Victor Mature y la bella Hedy Lamarr. Su crítica fue la siguiente: "Bueno, no podía gustarme una película donde el protagonista tiene más pecho que ella".




En otra ocasión, Groucho se encontraba en una de las famosas fiestas dadas por el compositor George Gershwin. Alguien le preguntó a Groucho si creía que dentro de 100 años la música de Gershwin sería tocada. "Seguro", dijo Groucho, "si George está ahí para tocarla".

Leo Rosten, cómico y escritor, recordaba una extraña llamada realizada por Groucho. Un buen día sonó el teléfono de su casa. Rosten contestó. La voz del teléfono dijo: "¿Tengo el honor de dirigirme al proctólogo de fama mundial Marmaduke Montague? Rosten contestó que se había equivocado de número. La voz replicó: "¿Entonces por qué ha contestado? He estado llamando a este número durante años al profesor Marmaduke Montague. ¿Qué ha hecho con el cadáver? Voy a llamar a la policía. Lo que les voy a decir no es asunto suyo. ¿Por cierto, qué número éste? Rosten contestó: "El 829 de Crestview". La voz dijo entonces:"¡Ajá! ¡Así que lo admite! Venga, si fuera un hombre, vendría aquí y me rompería la dentadura". Rosten intentó hablar, pero la voz siguió como un tren desbocado: "Y si fuera medio hombre vendría y me rompería la mitad de la dentadura". "¿Quién...?" masculló Rosten. La voz seguía hablando: "Y si fuera una mujer podríamos bailar toda la noche en un abandono salvaje". Rosten afirmaba que le llevó muchos minutos hasta que Groucho decidió parar y aclarar el motivo de su llamada: quedar para comer.

Aunque Groucho también podía a veces verse probando su misma medicina. Durante años, cada vez que el compositor Samuel Goldwyn se encontraba con Groucho, aquél le preguntaba: "¿Qué tal está Harpo?". Tras años y años, Groucho se cansó y le dijo: "Mira, Sam, cada vez que nos encontramos, durante años, siempre preguntas, ¿dónde está Harpo? Nunca me preguntas nada más, y para serte sincero, ya estoy hasta la coronilla. ¿Por qué nunca me preguntas cómo estoy?". Goldwyn entonces le preguntó: "¿Qué tal estás?". "Bien", contestó Groucho. Entonces el compositor le espetó: "¿Y qué tal está Harpo?"




Groucho: ¿Quince mil dólares para nuestra obra? Con esa cantidad, al señor Davis no le importará escribir un papelito para esa joven.
Davis: ¡No cambiaré ni una línea de la obra!... Shakespeare nunca cambió ni una línea. Groucho: Por que no debía mil doscientos dólares... Y no tendrá que cambiar nada, esa joven puede hacer uno de los mineros.
Davis: ¿¡Pero cómo va a hacer de hombre una mujer!?.
Groucho: ¡Señor Davis, haga el favor de no desviar la conversación hacia temas escabrosos!... Yo sólo produzco obras morales."
(El Hotel de los Líos - 1938)

Una de las anécdotas más famosas de Groucho, que él mismo gustaba de contar, tenía de protagonista a Greta Garbo, actriz de gran talento y mujer altiva famosa por su hiératico rostro y por salvaguardar su vida privada a toda costa. No era mujer con la que uno pudiera bromear así como así. Greta Garbo gustaba de lucir sombreros de ala ancha, muchos de ellos para hombre. Un día, en los estudios de la MGM, Groucho estaba en el ascensor y se encontró con Greta Garbo. El actor se deslizó a un lado y levantó un ala del sombrero. Ella le echó una mirada glacial. Groucho se echó a tras y le dijo: "perdone, señora, le he confundido con un tipo que conozco en Pittsburgh".




Groucho no era ciertamente religioso. En su primera boda, el rabí que les iba a casar dijo en un momento de la ceremonia una típica frase religiosa: "Estamos aquí reunidos para unir a esta pareja en santo matrimonio". Groucho contraatacó diciendo: "¡Será sagrado para usted, pero nosotros tenemos otras ideas!".
Hubo una vez en que un sacerdote se acercó a Groucho y le dijo: "Gracias por todas las risas que trae a este mundo". El irónico Groucho le contestó: "Y gracias a usted por todas las risas que quita de este mundo".

En cuanto a política, Groucho también lo tenía claro. Preguntado a cerca de si al presidente Richard Nixon le restaba alguna esperanza, Groucho afirmó: "la única esperanza para Nixon es su magnicidio".
Otra broma política suya tuvo lugar en un festival cinematográfico en la capital de México. Un diplomático anunció a Groucho y otros asistentes que el jueves se encontraría con el presidente mexicano. Groucho bromeó diciendo: "¿Qué seguridad puede darnos de que el jueves seguirá siendo presidente?

Sidney Sheldon y Groucho Marx fueron amigos y vecinos durante muchos años. Con el tiempo, Groucho tomó el hábito de visitar a Sheldon y merendar una manzana y algo de queso. Finalmente Sheldon y su esposa alquilaron su casa y se trasladaron a Roma. Un día le llegó una carta de su inquilino: "Nos encanta la casa, pero hay una cosa extraña: Cada tarde viene un ancianito que llama a nuestra puerta y pide algo de queso y una manzana. Viste demasiado bien para ser un mendigo. ¿Puede decirnos quién es?"

Pronto se cumplirán 40 años de ese momento en que Groucho Marx dejaba este mundo, pero las risas seguirán sonando aunque él ya no esté.

1 comentario:

  1. Buenísimo, gracias por hablar del gran Groucho. Sigue siendo tan necesario su sentido del humor

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