domingo, 21 de mayo de 2017

Ciorán sobre el horror, los dogmas y el genio equivocado



El horror impreciso


La cercanía del asco, de esa sensación que nos separa fisiológicamente del mundo, nos revela cuán destructible es la solidez de nuestros instintos o la consistencia de nuestros amarres.

[...]

Solo somos nosotros mismos por la suma de nuestros fracasos.


Los dogmas inconscientes

¿Cómo escapar al absoluto de uno mismo? Habría que imaginar a un ser desprovisto de instintos, que no llevara ningún nombre y a quien fuera desconocida su propia imagen. Pero todo en el mundo nos repite nuestros rasgos; y la misma noche nunca es bastante espesa para impedir que nos miremos. Demasiado presentes a nosotros mismos, nuestra inexistencia antes del nacimiento y después de la muerte no influye sobre nosotros más que como idea y solo unos pocos instantes; sentimos la fiebre de nuestra duración como una eternidad falsificada, pero que sin embargo permanece inagotable en su principio.

Está todavía por nacer quien no se adore a sí mismo. Todo lo que vive se aprecia; de otro modo, ¿de dónde provendría el espanto que hace estragos en las profundidades y en las superficies de la vida? Cada uno es para sí el único punto fijo en el universo. Y si alguien muere por una idea, es porque es su idea, y su idea es su vida.


El equívoco del genio

En el incendio verbal de un Shakespeare y de un Shelley sentimos la ceniza de las palabras, deshecho y relente de la imposible demiurgia. Los vocablos se incrustan los unos en los otros, como si ninguno pudiera alcanzar el equivalente de la dilación interior; es la hernia de la imagen, la ruptura trascendente de las pobres palabras, nacidas del uso cotidiano y ascendidas milagrosamente a las alturas del corazón. Las verdades de la belleza se nutren de exageraciones que, ante un poco de análisis, se revelan monstruosas y ridículas. La poesía: divagación cosmogónica del vocabulario... ¿Se ha combinado alguna vez más eficazmente el charlatanismo y el éxtasis? ¡La mentira, fuente de las lágrimas!, esta es la impostura del genio y el secreto del arte. ¡Naderías infladas hasta el cielo, lo improbable, generador de universos! 

ZR

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