sábado, 14 de mayo de 2016

La Sala Canciller de Madrid en el recuerdo


Erick Delgand




Quienes ya estamos con más de 40 años sabemos lo que fue el mayor templo del rock en España.

Esa Canci en la que no faltabas ningún fin de semana, para juntarte con los tuyos, los amantes del Heavy, disfrutando de una superpantalla en la que ponían los últimos vídeos venidos de made in usa y de los que no hubiésemos gozado si no hubiera sido por la gran Canciller.
Muchos nos criamos junto con nuestros recuerdos musicales con la Sala Canciller, un templo en el que había buen rollo, tías buenas y toda la música de la que te identificabas en aquellos momentos.


¿Qué hubiera sido de Madrid sin Canciller? Y justo en aquellos años 80 en que los heavys éramos una minoría, una estirpe que estábamos años atrás al resto del mundo, un lugar que nos aproximó aún más para compartir, conocer y saber más de nuestro rollo del metal.

Cogías el metro hasta El Carmen, bajabas y las litronas en el parque, entrabas a la Canci y empezaba la fiesta: unos porretes, unas cervezas y el vacile con los colegas a pasar el fin de semana.

Recuerdos que hicieron mella en la sangre, cabeza y cuerpo, esos melenudos como tú con los pantalones elásticos y las playeras con calcetines blancos, las chupas de cuero, las novias hevylonas y el buen rollo por el rock.



Canciller será siempre lugar para recordar por cientos de grupos de renombre que pasaron por sus filas, grandes del heavy que nos deleitaron con su música e interminables llenos hasta la bandera de todos los rincones de Madrid y de España.

Iron Maiden y Marillion tocaron allí, incluso cierto día los Black Crowes, aparcaron su furgoneta en la puerta y nos deleitaron con un concierto desde la misma.

No se me pueden olvidar las colas para jugar al futbolín o las batallas para pedir la cerveza... y todo el panorama heavy nacional de la época, que no faltaba en tocar en canciller.

Hasta las nocheviejas eran un punto de encuentro en pasarlas con los tuyos y disfrutar del buen rollo que nos daba la Canci. Ahora solo quedan los recuerdos... Yo también iba a la Canci... Y recordar viejos amigos, amigas, novias y ese desfase sin fin.

El domingo, al rastro a comprar alguna camiseta, el chocolate con porras y seguir la fiesta hasta el lunes que tocaba ir al insti. El portero Antonio, la chica del ropero rosa y la Toñi.... ¿y los litros en La Manolita? Reunión de colegas y era sábado Sukursal y domingo Canciller.

Gracias, Canciller, por tanto que nos diste y por tanto que echamos de menos. ¡Larga vida al rock and roll!




Erick Delgand

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