jueves, 19 de mayo de 2016

Crítica de "Los fantasmas atacan al jefe" (Richard Donner, 1988): film review


por Möbius el Crononauta



Con la Navidad (aún queda, no temáis), llega el turrón, los villancicos (o peor aun, villancicos flamencos con los que nos torturó mi madre hace años), las comilonas, los pastorcillos y demás. Esta leche no está buena y mañana Navidad, así que hablemos de otra película para ver arropado por manta, familia, amiguitos, chocolate con churros, mazapanes y demás ciripondios. Vamos con Scrooged, una película de Richard Donner que aquí se dio en llamar Los fantasmas atacan al jefe.



¿Qué ofrece esta nueva revisitación del A Christmas Carol del gran Dickens que no tengan las demás? Bueno, el guion no pasará a la historia por su solidez, y el pulso de las letales armas se lo dejó Donner en casa, pero, siendo sinceros, lo que realmente sostiene esta película, aparte de la inevitable sugestión de la historia original, es Bill Murray, una risa con patas que tuvo que esperar a ponerse mortalmente serio con Lost in Transalation para que le llamaran buen actor. ¿Acaso lo hacía en ese película mejor que en El pelotón chiflado? Claro que no, pero el fútbol es así.




Bien, Murray interpreta a Frank Cross, un ambicioso ejecutivo de una cadena de televisión con el mismo espíritu navideño que Hitler, que se dedica a hacer anuncios apocalípticos para Nochebuena con tetas y violencia como resopón para la familia que se congrega a ver el televisor en vez de jugar al Trivial o al parchís. Además de hideputa Cross es un lameculos que se arrima al árbol que más calienta (¿esto no se decía así, verdad?), que en este caso es el jefazo de la cadena, Preston Rhinelander (¡el gran Robert Mitchum! ¡todos en pie!), un tipo con peculiares ideas a cerca de mascotas y televidentes.




Mientras Cross aniquila a empleados y recorta pagas y regala toallas a familiares y amigos, se le aparecerá el fantasma de su antecesor, el finado aficionado al golf Hayward (un irreconocible John Forsythe, el tipo de Dinastía) a avisarle de que va por mal camino, y que quien mal anda mal acaba, y que tres fantasmas le visitarán. Por supuesto Cross no le hace demasiado caso, pero cuando en una comida de negocios con Rhinelander empiece a sufrir de paranois al estilo El secreto de la pirámide, comprenderá que algo no va bien.




Los famosos fantasmas harán bien su trabajo, y Cross comprenderá que el éxito y el dinero no dan la felicidad, y sí la dan en cambio la bondad y el amor, que encontrará en su antigua novia Claire Phillips, una Karen Allen que para los que crecimos en los 80 fue la vecinita que siempre quisimos tener.

Y, por último, sorpresa que me llevé al descubrir, con los años, que el fantasma-taxista loco era ni más ni menos que David Johansen, mítico miembro de los New York Dolls. Y la verdad es que no lo hace nada mal el muchacho.

Los fantasmas atacan al jefe, un clásico de Navidad para toda la familia.


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