domingo, 8 de mayo de 2016

Cartas - Microrrelatos: Cosas en los bolsillos (131)



Cartas


LA cosa era que se habían conocido unos meses atrás y se enamoraron, o al menos él era quien lo demostraba abiertamente, y ella lo hacía con cierta discreción quizá porque eran tiempos en que la prudencia en la mujer, el recato and so on eran lo establecido y habitual. Entonces a él lo llamaron para cumplir con el servicio militar y tuvo que marchar lejos, pues la suerte había decidido que su destino iba a ser Melilla para más de un año. Él escribía cartas, muchas, dos o tres por semana o más si estaba inspirado, y ella le contestaba, pero más pausadamente y con menos fervor, y con ninguna dulzura, y más bien de una manera neutra cuando había pasado apenas un mes, unas cartas de letra desvaída que poco a poco se fueron adelgazando hasta las diez o doce comprometidas líneas de sentimientos huidizos y en las que ni los asuntos domésticos se dejaban ver por lado alguno. Nada, las cartas eran nada, ni un beso, ni una referencia a los amigos comunes, ni a la vida. Él entonces sintió que la estaba perdiendo, que la había perdido quizá desde hacía mucho tiempo, y un día decidió, después de siete meses fuera, como llevaba, reunir un dinero imposible para volver al pueblo, y así lo hizo, volvió para cuatro días con la intención de recuperar algo de lo supuestamente perdido, el contacto con aquellos labios casi olvidados, el timbre de una voz que aún le hablaba en sueños en imágenes que se repetían también diurnamente y que él había ido adornando cada vez más para mantener vivo ese amor enfermizo, adolescente y algo tonto tal vez. Al llegar descubrió lo peor (esas cosas del destino o la novela): Manuela (que así se llamaba) había muerto en accidente hacía seis meses, un poco después de marchar él al África. La madre de ella había ido amontonando sus cartas sin abrir en el interior de un arcón. La pobre mujer lloraba y lloraba mientras le iba pasando a Marcos unos manojos de cartas atados con hilo de pita.


ZR

8 comentarios:

  1. No sé qué tengo que saber, jaja. Lo he puesto, ¿y?

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  2. We're just two lost souls swimming in a fish bowl... besugos dialogando.

    And so on.

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  3. Es que no entendía nada. En vez de poner etcétera he puesto and so on porque me ha salido así, jaja. No hay nada más. No es un error, está puesto a propósito... pero si quieres lo cambio, jajajaja.

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  4. ¿Qué dices?, no, no, el que no entendía nada era yo, con ese anglicismo así, de sopetón. El autor eres tú y no tienes que cambiar nada, sólo -con tilde, no me van a doblegar- faltaría. Un abrazo, dude.

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