domingo, 6 de marzo de 2016

Crítica de "La cumbre escarlata" (Guillermo del Toro, 2015): Film Review


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC

Guillermo del Toro vuelve a las historias de fantasmas como ya hiciera en “El espinazo del diablo” (2001) o su producción “Mamá” (2013), y a los diálogos entre mundos que han vertebrado su filmografía.

Aquí, bien es cierto, los fantasmas se usan como metáfora e idea metalingüística, ya que así se les explican dentro de la película, como metáforas del pasado, aunque finalmente aparezcan. Un relato gótico, tenebroso, truculento y morboso, donde los fantasmas están, más que nada, para crear atmósferas, ya que, efectivamente, narrativamente podríamos prescindir de ellos sin problemas.



Un relato gótico clásico con marido perturbado de oscuro pasado y chica inocente que descubrirá truculentos secretos… Es fácil reconocer elementos de las películas relacionadas con el mundo Del Toro, como las citadas, o clásicos como “Al final de la escalera” (Peter Medak, 1980), “Jane Eyre”, “Rebeca” (Alfred Hitchcock, 1940) o “Secreto tras la puerta” (Fritz Lang, 1947)… ¡Hasta “Encadenados” (Alfred Hitchcock, 1946)!




Como es habitual en el cine de Del Toro, lo visual, con colores potentes y llamativos, destaca, con un trabajo excelente en el diseño de producción. El rojo es el color predilecto del director, muy presente siempre en su cine. Aquí, como no podía ser de otra forma, también tiene un especial protagonismo, y no sólo por la sangre, sino por los decorados, el vestuario y la iluminación, que unido al verde se relaciona con lo onírico, con el vínculo entre dos mundos, el de los vivos y los muertos, aspecto imprescindible en el cine del mexicano, como mencioné en el primer párrafo…




Unos decorados extraordinarios que, junto a la iluminación, parecen convertirse en creaciones de pesadilla, perfectos aliados para las atmósferas viciadas que pretende el director. Una imaginería en la que es fácil reconocer al realizador mexicano y películas suyas anteriores como “El laberinto del fauno” (2006) o “El espinazo del diablo”. Una película muy expresionista.

Los ruidos, los lóbregos pasillos, las quejumbrosas maderas, como si de un barco se tratara, el sonido del viento… y algunos sustos y efectismos a traición rematan la atmósfera buscada por Del Toro.




Hay cierta desviación de guión, donde toda la primera parte más que para desarrollar una trama o personajes, está para justificar la segunda, describir a la desdichada protagonista como víctima propiciatoria. Una protagonista, Edith Cushing (Mia Wasikowska), con ilustre apellido en el cine de terror, que es una joven romántica, aunque lo niega, con aspiraciones artísticas, literarias, que se ve sometida y enfrentada a un mundo de hombres que la dificulta su vocación. Todo esto queda en la nada, aunque sirve como idea metalingüísitca también, ya que pasará de escribir historias de fantasmas a vivir una, vivir su propia obra. Esta concepción metalingüística está muy bien buscada y sutilmente expuesta, como en esos comentarios acerca del libro que la chica va escribiendo donde en un principio no incluye componente romántico alguno para acabar convirtiendo su relato en una historia de amor, en relación a lo que ella misma está viviendo con ese apasionado muchacho idealista que ha puesto sus ojos en ella.




También hay metalingüismo en algunas bromas, como cuando hablan del daltonismo de un paciente que no puede distinguir el rojo y el verde, que son, precisamente, los colores vinculados a las apariciones que ve la chica.

Un triángulo amoroso entre Wasikowska, a la que vimos en papeles de época que se ajustan como un guante a su rostro y estilo como “Jane Eyre” (Cary Joji Fukunaga, 2011) o “Madame Bovary” (Sophie Barthes, 2014), Tom Hiddleston y Charlie Hunnam, que ya trabajó con Del Toro en “Pacific Rim” (2013), y que aquí hace de una especie de sosías de sir Arthur Conan Doyle como médico investigador.




Del Toro dirige con pulso y sobriedad, con una puesta en escena brillante y elaborada, planos largos muy bien trabajados, aunque a todo le falta fuerza y suena a manido, incluso en sus pequeñas originalidades. Muchos recursos previsibles, trucos de guión y ciertas incoherencias dramáticas, son algunos de los “peros” que también pueden ponerse a la cinta.




Del Toro también juega con ciertas metáforas, algunas que ya hemos visto en títulos vinculados a él, como las mariposas en “Mamá” (Andrés Muschietti, 2013).

Sorprende en cierta medida porque se trata de una película de fantasmas que no va de fantasmas más allá de la metáfora, metáfora de un pasado pervertido y envilecido que encarcela a los personajes.

Un pasable entretenimiento del que personalmente esperaba algo más.

Jorge García

2 comentarios:

  1. Podríamos decir que es una historia de amor con algunos fantasmas rondando. Estoy muy de acuerdo con tu review, muy bueno. Disfrute mucho la parte visual, como en toda película de del Toro.

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  2. Muchas gracias Tony. Efectivamente, es más una historia de amor viciada y morbosa, por tanto narrarla como un relato de terror es coherente, así que, ¿por qué no meter unos fantasmillas? Jajaja.

    Un saludo.

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