domingo, 13 de diciembre de 2015

Microrrelatos - Cosas en los bolsillos (110): Rara enfermedad



Rara enfermedad

CUANDO llegaba la Navidad, le salían los granos. Se trataba de una rara alergia a la que ningún especialista había encontrado explicación médica, como tampoco, en consecuencia, un tratamiento adecuado. El caso es que los primeros granitos, con los días, devenían en granos descomunales, pústulas inflamadas, vejigas gloriosas que terminaban por cubrir por completo su cara y extrarradio. De momento había despreciado la idea de acudir a un psicólogo.


Ya a finales de noviembre surgían los primeros picores, fruto de guirnaldas e iluminaciones municipales con lucecitas intermitentes prematuras. Alrededor de la segunda semana de diciembre al prurito persistente venían a visitarlo manchitas rojas que se dispersaban al buen tuntún por cara y pecho. Éstas adquirían una tonalidad más intensa (de rosado malva pasaban a rojo semáforo) cuando colocaban el árbol de Navidad en el salón y el Nacimiento en el zaguán.

Pero los granos en sí no aparecían hasta el día 24, brotando espontáneamente sin más de la noche a la mañana. Y a partir de entonces iban engordando, y formando pequeños globitos mal hinchados, con la alegría que solo puede tener un enjambre de granos en fechas tan señaladas.

El día siguiente a Reyes su tez recobraba su color y tersura habitual. De súbito. Nada parecía indicar, en opinión de los doctores, que la causa de esta misteriosa anomalía radicase y se erigiese en patente y asquerosa triunfadora por el hecho de trabajar en un hipermercado, en alternadas secciones de juguetería y bolsos de señora. La granotología más avanzada anda enredada en pesquisas y averiguaciones con copiosa cosecha de derrotas hasta la fecha. No se pierde la esperanza no en vano y la voz de eureka planea sobre batines blancos y tubos de ensayo con líquidos de colores. La bella Ana espera.

ÁCS

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