domingo, 20 de diciembre de 2015

Crítica de "El puente de los espías" (Steven Spielberg, 2015): film review


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC




“Toda persona importa”. Esa frase la pronuncia el protagonista de “El puente de los espías”, encarnado por un magnífico Tom Hanks.

Sí, es una de las ideas capitales del film. El individuo, las personas, eso es lo importante. Se hará hincapié en ello constantemente durante la narración.


El guión corre a manos de Matt Charman y los hermanos Coen, que aliñan el conjunto con determinados toques irónicos (por ejemplo, esa escena donde se usa un montaje uniendo el juicio con una clase en un colegio donde se hace el juramento a la bandera para acto seguido mostrar un plano de una bomba nuclear) y detalles de humor muy apreciables.




Una ironía que define uno de los aspectos conceptuales de la película, ligado al individualismo siempre defendido por Spielberg. Las sociedades y sus ideales de boquilla que finalmente sólo son defendidos por unos pocos y grandes hombres.

Donovan (Tom Hanks) pasa a ser un hombre en tierra de nadie, escenificado en varios viajes en metro. Hay varios significativos, con rúbrica en el último, el del plano final de la película. Unos pasajeros observándole con reticencia cuando leen que defiende a un espía ruso, que posteriormente lo mirarán con admiración cuando se desvelan sus logros. Esto sin mencionar el contraste que observa en su viajar del paisaje ruso al americano, que afianza de manera palmaria los principios de su nación: la democracia y las libertades.

Spielberg ha realizado una maravillosa película de esencia clásica que parece ha sido bastante bien recibida. Quizá la sobriedad de esta cinta ayude a entender la dimensión de esa obra maestra que es “Lincoln” (2012) y que algún otro despistado cuestionó.

Una película brillante durante todo su metraje, pero que tiene un inicio y un último tercio sencillamente magistrales.




Además, debo reconocer que se me cayó la baba viendo la escena del seguimiento bajo la lluvia con su divertida conclusión.

James Donovan (Tom Hanks) se ve metido en el difícil equilibrio de la Guerra Fría cuando le encargan la defensa de un espía ruso y la negociación para liberar a un piloto americano apresado por la Unión Soviética.

La secuencia inicial es sencillamente maravillosa y marca ciertos rasgos estilísticos del director, habituales en su cine pero especialmente remarcados en esta cinta. Un pintor reflejado en unos espejos haciéndose un autorretrato, delatando simbólicamente su doble cara o falsedad. Una estancia iluminada con focos lumínicos salpicados por ella. Angulaciones, contrapicados, a la salida del pintor de su casa tras recibir una llamada. Confirmación de esa doble cara. Es un espía ruso que no tarda en ser detenido.





Tanto las angulaciones como los elementos del escenario usados simbólicamente y la fotografía, son los pilares básicos de una puesta en escena sublime, sencilla, sobria y tremendamente depurada, casi oriental. Una película de encuadre absolutamente segura de sí misma.

La fotografía, clásica de las cintas de Spielberg, de Janusz Kaminski, habitual del director, tiene dos formas y planificaciones distintas según las necesidades, siempre coherentes y con significación.

-La primera consiste en focos de luz externos a las estancias, también de fondo, intensos, una iluminación de gran belleza que rezuma idealismo y enfatiza y resalta figuras heroicas, con aura de leyenda, casi irreales, creando un ambiente de textura lechosa. En otras ocasiones ese tipo de fotografía genera siluetas, abstracciones, que también pueden tener ese objetivo o subrayar la incertidumbre o la despersonalización, desorientación, de un personaje.

En la escena de las entrevistas entre abogado y cliente, se utiliza un foco de luz al fondo muy intenso y amplio, convirtiendo a los personajes en siluetas, abstracciones simbólicas de lo que representan en esa soterrada batalla, para posteriormente definirse. En una segunda entrevista, el personaje encarnado por Tom Hanks paseará por la misma estancia ante su cliente, de la sombra a la luz, en la secuencia que sella su vínculo.




-La otra manera de iluminar que se aprecia en la película, es la que consiste en focos de luz dispersos por estancias, numerosas lámparas, generalmente en tonalidades más cálidas y que retratan entornos íntimos, secretos o clandestinos…

Cuando Donovan (Tom Hanks) acometa sus actos más valerosos y heroicos, tome sus decisiones más determinantes, será fotografiado de la primera manera donde quiera que esté. Cuando se trate de recibir órdenes o donde debe ser cuidadoso, cuando sean otros los que tengan la sartén por el mango y él deba esperar o no aparezca en pantalla, la fotografía predominante será la del segundo tipo, con focos de luz dispersos.

En su intimidad casera también veremos una iluminación con focos dispersos, pero con una cámara más dinámica (travellings, panorámicas) e integradora que reúne en encuadres a todo el núcleo familia. Eso sí, en la última secuencia, en su casa y junto a su familia, la iluminación será con focos externos retratando un figura heroica.

La recreación del Berlín de los años 60, con la construcción del muro, es sensacional. Un Berlín gélido, nevado, ruinoso y fotografiado en tonalidades grisáceas y azuladas. Soberbia ambientación. El plano donde un solitario Donovan anda junto a un muro, casi recuerda al plano final de “Doctor Zhivago” (David Lean, 1965).




Por supuesto, tendremos excelentes ejemplos del primer plano spielbergiano, ese que se acerca al rostro del personaje en ligero contrapicado para momentos donde se pretende resaltar su figura o sus actos. Dos ejemplos, en la aceptación de Hanks al encargo de mediador y en la simbólica historia que cuenta el ruso sobre un “hombre firme”.

Como en tantas cintas de Spielberg tenemos la figura de un individuo que acomete una difícil empresa donde todo se pone en su contra, donde se ponen a prueba los más afianzados valores y donde sólo alguien excepcional es capaz de mantenerse firme. Una idea que entronca claramente con su anterior obra, “Lincoln”.

Entre Rudolf Abel (Mark Rylance) y Donovan (Tom Hanks) se produce un evidente vínculo que de alguna forma queda simbolizado en el catarro que le vemos primero al ruso y después al americano, un contagio donde el uno siempre está presente en el otro.




Mantener los valores, los principios y los ideales duele y es complicado. La mayoría tiende a renunciar a ellos cuando la cosa se pone difícil o el miedo lo invade todo. Mantenerlos implica muchas veces renunciar a muchas cosas. Sólo algunos se mantienen firmes…

La familia será el reducto y el objetivo final a conservar, lo que hace que merezca la pena, siempre básica en el cine de Spielberg. El director americano también mostrará esos aspectos cotiadianos, sacando el máximo partido también conceptualmente como suele hacerlo en la puesta en escena en sus cintas de acción o aventuras.

El clímax es pura sobriedad: llegadas de coches, miradas y esperas con una soberbia ambientación y una soterrada emoción, también llena de sobriedad. Un final maravilloso, especialmente con su epílogo.

Una película sobre un rescate, como “Argo” (Ben Affleck, 2012) o “Salvar al soldado Ryan” (1998), y con muchos puntos en común en su esencia con “La lista de Schindler” (1993). Un relato en la línea de las novelas de Frederick Forsyth.

Tanto Tom Hanks como Mark Rylance están soberbios, el actor inglés, que interpreta a Rudolf Abel, está cosechando un buen número de reconocimientos.

Otra magnífica película del gran contenedor de las esencias clásicas del Hollywood de oro. Steven Spielberg.

Jorge García

No hay comentarios:

Publicar un comentario