sábado, 26 de abril de 2014

Crítica de Oblivion (Joseph Kosinski, 2013). Review


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC



Oblivion es una de las más notables muestras de ciencia ficción que nos han llegado en los últimos años a nivel mainstream, a pesar de algunos comentarios despreciativos iniciales. Una cinta que acierta en su combinación de espectáculo de grandes efectos especiales y profundidad conceptual sin abusar de lo uno ni lo otro, lo que al final impide que sea una obra incontestable. Su único defecto es quedarse a medias, no lanzarse por completo a examinar todos los temas que expone.


La cinta que dirige Joseph Kosinski tiene un look visual muy personal y reconocible, francamente excelente, donde priman los blancos y los entornos asépticos. Además realiza reflexiones muy agudas y no cae en los tópicos. Eleva un género muy complejo que tiende a caer la mayoría de las veces en el simplismo, el tópico o la moralina, servidumbres de sus características en ocasiones, aunque personalmente me fascine. Es por ello una gran candidata a convertirse en título de culto.




Uno de los aspectos destacables de la cinta es su referencialidad, la gran cantidad de clásicos de la ciencia ficción que vienen a la cabeza durante su metraje a los que se homenajea con inteligencia. “Star Wars” y el look de algún personaje o nave, “Avatar”, “Indepedence Day” y el final, “Blade Runner” y muchas de sus reflexiones, “Solaris” y la relación con la mujer, “Moon” y los clones, ”Origen”, “Matrix”, “Starship Troopers”, “Wall-E” y la soledad del protagonista, “2001: Una odisea del espacio” y el TET con su punto rojo que recuerda a H.A.L 9000, “Alien, el octavo pasajero” con la hibernación de Julia… Incluso “Tu y yo” y las escenas en el Empire State, aunque no sea de ciencia ficción.

Son muchos los referentes, como se aprecia, la mayoría más o menos evidentes, pero en casi ningún sitio se ha incluido en la lista uno que parece fundamental, uno de los grandes clásicos instantáneos del cine moderno. “El show de Truman” (Peter Weir, 1998). Así el personaje principal vivirá en un mundo hecho a su medida, un mundo falso que cree verdadero, ese mundo está regido por una mente dictatorial, una especie de deidad, que no concibe la opinión contraria, aunque las motivaciones sean distintas, y no acepta el cambio o la insubordinación, no acepta nada que no sea la sumisión. En este sentido hay un claro paralelismo cuando vemos a los drones, aliados inicialmente, convertidos en despiadados asesinos cuando Jack no se someta a las órdenes, como en “El show de Truman” veíamos al amable perro que saludaba a Truman convertido en uno de presa cuando el protagonista decide escapar y rebelarse. Si bien la película de Weir y el detalle son más brillantes, no deja de ser una concepción similar bien buscada. El amor perdido, su recuerdo, serán las motivaciones de Jack y de Truman.




También hay muchos elementos y concepciones religiosas y filosóficas, con Nietzsche como principal protagonista, un clásico. La promesa de un mundo mejor, con ficha límite para pasar por el sacrificio en la Tierra y subir a los idílicos cielos para llegar a ese lugar una vez concluida la misión aquí, como promete el TET, es un buen ejemplo. El dios en este caso sería falso y maquiavélico, un dios a destruir, Nietzsche mediante. De igual forma el desarrollo del tema clon es muy original y sigue una idea más global que nos va definiendo la teoría del eterno retorno nietzscheano. Aquí los clones no son rivales, sino escisiones de uno mismo. Una madurez a través de distintas personas físicas que son una sola, es casi el misterio de la santísima trinidad, ya que vemos hasta a tres Jacks Harpers diferentes, si bien hay muchos más. El original, el 49 y el 52, distintos pero el mismo. El lugar privado de Jack Harper (Tom Cruise) es la manifestación de la idea de paraíso, de hecho su simbolismo está magníficamente desarrollado. Es un lugar simbólico, es la regeneración, el nacimiento, la vida, por ello Julia se recuperará perfectamente allí, concebirán a su hijo, será el lugar del reencuentro, lugar en el que la vida es posible, en el que se pretende regenerar y conservar reductos de lo anterior y fundar un futuro. Allí veremos un pez y al hijo de la pareja. Entorno biológico y floreciente, natural, que contrasta con lo anteriormente visto, robótico, aséptico, artificial o desértico.




Los personajes está muy bien dibujados, los protagonistas especialmente, con los rasgos humanos que van diferenciando a Jack y contrastándolo con Victoria (Andrea Riseborough). Se desarrolla a Jack a través de objetos, la plantita, el muñequito, la gorra, el libro… los que va coleccionado para su paraíso particular. A Jack se le va definiendo como a un elegido, otra idea que puede acercarse a la concepción religiosa.

La narración de Kosinski es muy inteligente, dando giros a lo que parecía establecido en la premisa inicial, descubriéndonos el universo completo y las interioridades de los personajes. Ese paraíso terrenal que Jack ha ido creando poco a poco con esmero y siguiendo un impulso interior que aún no comprende del todo es un buen ejemplo. Hay una evidente carga de profundidad contra la sociedad actual, gente atrapada en su cotidianeidad, insatisfecha, que anhela huir pero se ve incapaz y atrapada. Es lo que siente Jack en ese mundo al que sirve precisamente, de ahí su necesidad de crearse otro. Esta recopilación nos trae a la memoria otro clásico de la ciencia ficción, la magnífica novela de Ray Bradbury, “451 Fahrenheit”.




Es una cinta de ciencia ficción filosófica y por tanto plantea muchas reflexiones e ideas, sobre la identidad, la verdadera esencia de uno y dónde radica ésta, la memoria como vehículo de individualidad, identidad, personalidad y humanidad. Una memoria, el pasado, vinculada a sentimientos, especialmente el amor. El pasado, los recuerdos, como motivación principal, vehículo de avance. Jack es un jonky de recuerdos, porque a través de ellos calma su necesidad de conocerse a sí mismo.

También es “Oblivion” una cinta espectacular, como ejemplos escenas de acción tan notables como el duelo aéreo con los drones o el ataque del dron al escondite de la resistencia con un inicio en un largo plano sin corte.

Otro aspecto a destacar es su banda sonora, una maravilla de Anthony Gonzalez, M.8.3 y Joseph Trapanese.

El reparto cumple aunque la bella Olga Kurylenko no destaque por su nivel interpretativo precisamente. Como de costumbre lo más destacado es el gran Tom Cruise, un magnífico actor de filmografía excepcional vilipendiado por algunos injustamente. Aquí de nuevo brillante y exhibiendo una extraordinaria forma física.

Mucha gente se ha liado con el final o le ha visto muchas lagunas que en realidad no hay, independientemente de que pueda haber alguna debilidad o torpeza. El resultado definitivo y ese final son realmente notables. Una brillante y paradójica reflexión sobre la generosidad y el sacrificio, sobre creer en uno mismo, confiar, en tiempos como los actuales donde eso se considera prepotente. La vida como un acto de involucración.

©Jorge García

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