sábado, 12 de abril de 2014

Crítica de la película "Capitanes intrépidos" (Victor Fleming, 1937), con Mikey Rooney


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC



Esta semana nos abandonó el pequeño gran actor Mickey Rooney, uno de los mitos de Hollywood, un actor feo y que sólo se levantaba 157 centímetros sobre el suelo, pero que podía presumir que beneficiarse y casarse con una jovencísima Ava Gardner, la única de sus ocho mujeres que no le pidió nada tras el divorcio, así como permitirse el lujo de explicar las virtudes de algunas de sus amantes, lo tremendamente satisfechos que podía dejar a los hombres en la cama la neumática Lana Turner o lo bien que se le daba el sexo oral a Marilyn Monroe. Carisma, simpatía, labia, verborrea y seguramente algún secreto más oculto, son algunas de las cualidades de este actor que rodó más de 200 películas y seguía en activo cuando el pasado domingo 6 de abril moría por causas naturales a los 93 años.




Rooney era uno de esos rostros que siempre resultaban simpáticos y apetecía ver. Como homenaje quiero rescatar uno de sus títulos más indispensables, en sus comienzos (relativos), y con un rol secundario, pero absolutamente imprescindible, “Capitanes intrépidos”.

“Capitanes intrépidos” es el ejemplo perfecto de película que debería ser de obligado visionado para chavales y adultos en la enseñanza de valores. Un época con una crisis de valores evidente ante la que películas como está hacen mucho bien.

Esta obra maestra de Victor Fleming, que adapta un magnífico libro de Rudyard Kipling, reflexiona sobre las relaciones paterno-filiales con una lucidez indiscutible. Padre e hijos alejados del “colegueo” actual, de la permisividad y falta de autoridad, de verdadera educación y cariño. Padres, no amigos. La labor esencial de un padre, que es todo a la vez, maestro, guía, mentor, referente, confidente, superior… Vivimos tiempos en los que abunda el “colegueo” paterno-filial que acaba siendo perjudicial, la falta de respeto… Padres que tienen hijos porque “es lo que toca”, “porque ya va siendo hora”, “porque uno de los dos quería”, porque puede ser una solución para problemas maritales etc. Pero el hecho es que luego son una carga de la que cuesta ocuparse muchas veces, dejando a la televisión o a las niñeras el cuidado de los críos. En otros casos la falta de atención viene provocada por el mundo laboral, los horarios, el cansancio… y los intentos se hacen infructuosos y no nos damos cuenta de lo que ocurre con ellos, que requieren toda la atención posible.




No sólo los padres es uno de los temas imprescindibles de la cinta, también la familia, de hecho uno de los rasgos de estilo de Fleming es usar múltiples planos donde encuadra a varios personajes como si de una familia se tratara, unidos.

Harvey (Freddie Batholomew) es un niño malcriado, egoísta, autoritario, prepotente, chulo, maleducado… a pesar de tenerlo todo, incluso un amoroso padre demasiado ocupado para darse cuenta de lo que ocurre y dedicarse más a fondo con su hijo. El retrato de Harvey es casi el de un mafioso y la dirección en este inicio maravillosa, mostrando el ajetreo de la vida de ese padre que no atiende como debería a su hijo. No se ha desarrollado una relación afectiva verdadera, el padre no ha hecho de sí mismo un verdadero modelo en el que su hijo se pueda fijar, un referente que le exija, le guie y le ame… o ha confundido el referente que debía mostrarle.




En contra de lo que pueda parecer el retrato del padre es una auténtica maravilla, un padre excepcional que no enfocó bien la educación. El momento más sobresaliente de esto lo tenemos cuando los encargados del colegio denuncian la actitud de Harvey. Lejos de ponerse a favor de su hijo, como ocurre desgraciadamente a menudo en la actualidad, no dudará en coger el tono por los cuernos. El padre de Harvey, el señor Cheyne, interpretado por Melvyn Douglas, se muestra seguro de sí mismo, no se siente amenazado por lo que la actitud de su hijo suponga y asume su responsabilidad intentando poner remedio.

Por encima de todo esto, “Capitanes intrépidos” es una historia marina y de aprendizaje, la evolución de ese chico prepotente que se cree el dueño del mundo porque su padre tiene dinero es la columna vertebral de la progresión dramática de la narración y tendrá en el inmortal personaje interpretado por Spancer Tracy, Samuel, el principal catalizador, guía y timonel. De hecho el paso a ese barco donde Harvey aprenderá los verdaderos valores de la vida es casi onírico, como si de “Alicia en el país de las maravillas” se tratara, un viaje hacia la madurez. En el barco se verá desposeído de todo lo que creía importante, convirtiéndose en un don nadie, uno más, teniendo que reivindicarse desde lo más bajo, darse a valer por él mismo.




Observar a Manuel, uno de los personajes más inolvidables de la historia del cine, supondrá una revelación para Harvey, se convertirá en un referente, que cumple la función de padre que parecía necesitar. Todo lo que hace Manuel sublima los mejores valores. “Capitanes intrépidos” es una cinta profundamente cristiana, su apuesta por valores firmes es poderosa.

El retrato que hace Fleming de las escenas de trabajo de esos marinos, con el pescado, es fascinante, realmente virtuoso, deja absolutamente hipnotizado al espectador, que como con todo el gran cine sentirá las ganas y la necesidad de pertenecer a ese grupo y dedicarse a esa mágica actividad que ve en pantalla. Esto hace que la seducción que el mar y la pesca provocan en Harvey sea perfectamente comprensible por el espectador. El retrato de ese mundo que hace Fleming es sencillamente magistral. La evolución de Harvey está perfectamente tratada.




Manuel es un solitario y evoluciona también al conocer a Harvey, al que “adopta” como hijo. Manuel encuentra un sentido mayor a su vida, por fin sigue el legado de su adorado padre, al que cita en más de una ocasión, como es lógico en una cinta que reflexiona especialmente sobre la figura de estos.

Fleming además mezcla lo épico y lo intimista con una maestría incontestable, desde grandes escenas de pesca y navegación a conversaciones trascendentales rodadas con una pasmosa seguridad.

Son muchas las escenas inolvidables, desde la caída de Harvey del barco a la conversación entre él y Samuel cuando salen a pescar en la barca, o la persecución marina… Son tantos los momentos de profundad emotividad, de matices insondables, que lo mejor es deleitarse con cada plano.




Nuestro homenajeado Mickey Rooney interpreta a Dan, en un pequeño papel que no es muy trascendente. Rooney ha participado en grandiosos títulos, “El enemigo público número 1” (W. S. Van Dyke, 1934), “El pequeño Lord” (John Cromwell, 1936), “Forja de hombres” (Norman Taurog, 1938), “Las aventuras de Huckleberry Finn” (Richard Thorpe, 1939), “Desayuno con diamantes” (Blake Edward, 1961), “El mundo está loco, loco, loco” (Stanley Kramer, 1963)… en todo tipo de papeles, con predominancia por la comedia, el género que mejor se adaptaba a su personalidad y cualidades. De todas ellas “Capitanes intrépidos” es con toda seguridad su mejor título, sencillamente indispensable.

Debo avisar que con esta obra maestra es difícil contener las lágrimas al final. El hecho es que esta travesía es tan emotiva, profunda, sincera y honesta, contiene tantos valores, que seas cinéfilo o no, no deberías dejar pasar un segundo más para verla. Si no la han visto, véanla, y si la han visto, enséñensela en cuanto puedan a sus hijos, la disfrutarán todos y seguro les marcará.

Mi pescadito…

©Jorge García

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