El polémico e irascible actor Klaus Kinski, habitual de Herzog, dejó grandes interpretaciones en películas tan importantes como Doctor Zhivago, Aguirre, la cólera de Dios, Nosferatu, vampiro de la noche, Fitzcarraldo, La muerte tenía un precio, El gran silencio... Y también nos legó una dolorosa (y espantosa) biografía, que plasmó en su libro (prohibido en muchos países) Yo necesito amor. Con él estoy, con este libro de memorias que, de momento, solo reflejan la penuria extrema en que vivió durante su niñez y juventud en Berlín, sobreviviendo en una familia desesperada sumergida en la más absoluta pobreza (fueron aquello polvos). Es un libro visceral y libidinoso.
Pero fijaos qué ternura en este fragmento que me he permitido copiar íntegro:
Antes no podíamos dormir por culpa de la máquina de coser [Su madre compró una máquina de coser con la que trabajaba cosiendo para otros día y noche]. Ahora, encima, hay alarma aérea cada noche. ¡Cada noche! Una noche sí y otra también, nos despiertan tres, cuatro o cinco veces, y bajamos tambaleándonos a los refugios antiaéreos. Pronto dejamos de levantarnos, y ahora solo nos damos la vuelta en la cama mientras las bombas estallan y destruyen las casas a nuestro alrededor.
Tengo un perro. Por primera vez en mi vida, tengo un perro. Solo tiene seis meses. Un perro «sin raza», como dice la gente con menosprecio. Una mezcla de perro pastor y qué sé yo. Lo amo tan locamente que sin él no podría vivir. Pero tenemos que regalarlo, porque cuando estoy en la escuela o tengo que ir a trabajar se pasa todo el tiempo ladrando.
Los otros inquilinos se empeñan en que se vaya el perro. Se lo damos a uno que tiene un huerto comunitario, a más de veinte kilómetros.
Esta noche, mientras llueven bombas y todo está en llamas, aparece de nuevo delante del portal de casa. Ha hecho el trayecto solito. ¡A pie! Huele a pólvora de granadas, a incendio y a ruinas. Le beso el hocico y lo abrazo tan fuerte que nadie puede volver a quitármelo. Luego me lo llevo a la cama conmigo y, bajo las sábanas, nos besamos en la boca.
Esta mañana tengo que volver a entregarlo. Esta vez a uno que vive aún más lejos, así no sabrá volver.
Una vez también tuve un gato. Tampoco me dejaron quedarme con él.
¡¿Por qué hemos de ser tan pobres?! ¡¿Por qué no puedo dormir nunca por la noche?! ¡¿Por qué siempre caen bombas?! ¡¿Por qué mi madre tiene que dejarse el pellejo de ese modo?! ¡¿Por qué nadie ha dado una oportunidad a papá?! ¡¿Por qué hay guerra?! ¡¿Por qué?! ¡¿Por qué?! ¡¡¡¡¿Por qué?!!!!

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