Thrasheros en la gran manzana: Overkill y el East Coast Attack
La velocidad, el sudor y la calle al servicio del riff afilado
Nueva York no te convierte en músico: te convierte en operario. La ciudad es un dispositivo que convierte la estética en logística: horarios imposibles, alquileres imposibles, salas estrechas, sonido duro, público impaciente. En ese entorno, el thrash de la Costa Este no se define tanto por el virtuosismo como por la función. No es “tocar rápido”: es tocar rápido para que la canción sobreviva al ruido del bar, al empujón del pogo y a la crudeza del local.






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