sábado, 8 de octubre de 2016

MESHUGGAH - The Violent Sleep of Reason (2016): Crítica review


Erick Delgand



Si piensas en metal extremo, lo primero que te viene a la cabeza es la banda sueca Meshuggah. Uno de los lanzamientos más esperados del año es el recién llegado The Violent Sleep of Reason.

Hay pocas formaciones dentro del Metal que se les puede catalogar de pioneros, revolucionarios y únicos, de ser reconocidos de manera clara, que después de tres décadas en este mundo del metal, sin ninguna duda han dejado su huella.


Dieron lugar a la palabra 'djent' e, intencionalmente o no, influyó en toda una serie de bandas con su sonido y estilo individual. Meshuggah es una banda que estaban muy por delante de su tiempo, la banda aún suena contemporánea y vital, sin dejar de abrir caminos a los que otros ni saben ni se atreven a ir. Es más, gracias a la gran complejidad de sus composiciones, Meshuggah siguen pisando donde otras bandas son incapaces de pisar.




La música del vocalista Jens Kidman, los guitarristas Fredrik Thordendal y Marten Hagstrm, el bajista Dick Lvgren y el batería Tomas Haake es sin duda impresionante, llenos de energía, además de la innovación y la destreza técnica. Sin embargo, al ser un músico en mis años más jóvenes, la complejidad en sus temas a la vez del gusto por lo progresivo, me lleva a que no puedo evitar admirar y respetar a Meshuggah en todo su ser. 

The Violent Sleep of Reason es su octavo álbum en estudio. El disco abre con Clockworks, una pieza brutal y simplemente demencial de la música. Capta todo lo que la banda sonaba en el pasado, las guitarras, el bajo y el hermoso trabajo sobre la batería están fuera de este mundo.

Born in Dissonance sirvió de promoción del álbum y es la más corta de The Violent Sleep of Reason. Suena con una apertura parecida a su antecesora, por supuesto, con todo lo que se refiere a Meshuggah. Aunque la canción parezca no ser tan técnica como el resto, hay que prestarle su merecida atención a todas las notas que la componen.

Monstrocity, algo diferente en lo que lleva el disco, es una progresión de armonías y ambientes duros de guitrarra y base rítmica.

By the Ton comienza con una introducción pegadiza y con un sonido misterioso antes de saltar hacia ritmos complejos. En lo personal, esta canción es la más tradicional tipo Meshuggah.




Violent Sleep of Reason comienza con un aura agobiante, claustrofóbico. La totalidad de los siete minutos juega con el oído del fanático. Un huracán de composición, riffs y sonidos que salen de lo más oscuro del mundo de Meshuggah.

Ivory Tower es brutal, con golpes que acuchillan el oído en las voces de Jens Kidman.

Stifled es otro torbellino de contratiempos. Abren el tema con una rabia desenfrenada en la voz de Jens, unos solos de guitarras dan a un cambio, oscuro, lúgrube que hipnotiza el oído, enterrándonos en una sensación fantasmal.

Nostrum, con un metal más frenético y enérgico, se aleja del lado oscuro del metal, ofreciéndote golpes en la cara, intensos y demoledores.

Our Rage Wont Die, como es habitual, jugando en un solo ser perfecto, en base rítmica, pero se agradece un respiro de complejidad en el que tienes más tiempo de disfrutar el tema de una manera más superficial y no con todos los sentidos puestos en la pieza, para no perderte ningún detalle.

Cierra con con Into Decay, un tema más lento, en un ritmo sucio y extraño, con un aire maligno, sombrío.



Para los que estén dispuestos de disfrutar de este álbum, como hice yo en la habitación, con el volumen del equipo en casi el número de 10, terminarán con los oídos, la cabeza y el cuerpo resentido por la cantidad de impactos por minuto que uno recibe y el gran esfuerzo de asimilación musical que requieren escuchar a Meshuggah, o sea, que preparen un par de aspirinas para el final de la escucha.

Si bien he de confesar que Meshuggah me gusta (su complejidad musical nada más), no flipo cantándome un tema de ellos, y tampoco soy un seguidor acérrimo, pero sí hay que darles un premio a un grupo único en lo que hace, y en lo que quiere dar musicalmente (muy difícilmente de imitar, al igual que muy difícil de asimilar).

Meshuggah, después de 30 años ,siguen impartiendo lecciones de música, de estilo y de grandeza.

Meshuggah son maestros de un arte que ellos mismos crearon.


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