domingo, 18 de septiembre de 2016

Crítica de Los hombres libres de Jones (Gary Ross, 2016)


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC



Una de esas películas que a priori parecen candidatas a los Oscar y ganar premios, aunque se haya estrenado meses antes respecto de la habitual fecha de estreno del núcleo fuerte de las que acaban siendo candidatas.

Una historia real, del pasado americano, en la Guerra de Secesión, con el tema de la esclavitud, su abolición y la problemática racial como idea vertebral, y la reivindicación de los grandes valores e ideales americanos como aspiración esencial.



Es bastante rigurosa históricamente esta película de Gary Ross (“Pleasantville” de 1998, “Seabiscuit” de 2003 o “Los juegos del hambre” en 2012), más allá de la omisión de algún capítulo escabroso en la vida de Newton Knight y del orden de algunos hechos, en este último caso para facilitar la narración.

Y ese punto a favor se convierte también en uno de sus problemas, ya que el exceso de didactismo resta fuerza al conjunto, convertido en una clase de historia funcional, esquemática, rígida, falta de emoción por tanto, cuando podría haber dado para mucho más. La película no parece saber muy bien a qué baza jugar, y cuando quiere jugar a todas se queda a medio camino, como la manta corta que no cubre ni pies ni cabeza.




El comienzo es poderoso, contundente y duro, con imágenes de guerra llenas de heridos, mutilados y muertos que muestran el horror de la contienda sin ambages. El problema es que a partir de ahí ese tono no se mantiene, diluyéndose todo ello tanto desde lo visual como desde lo conceptual en una alarmante falta de garra. Al final ves una película correcta, pero fría, que prometía volar a mucha más altura.

La deserción de Knight, así como la de otros tantos que vieron como la guerra en la que participaban era un absurdo que se servía de ellos para mantener el estatus de los más enriquecidos, y que tuvo su punto culminante en la llamada “Ley de los 20 negros” (los propietarios de 20 esclavos quedaban exentos del servicio, y cada 20 más ocurría lo mismo con un miembro de la familia), son elementos históricos bien documentados. La paulatina decepción que lleva del idealismo a una injusticia económica.




Los abusos del ejército sureño con la ley del 10%, donde podían requisar el 10% de los bienes de cualquier granjero para suministrar a los soldados, algo que nunca se quedaba en el 10%, ni siquiera de cerca, son otros de los hechos que se exponen con rigor, y falta de fuerza, en la película.

De ahí, de una guerra que no consideraban suya, del saqueo indiscriminado, de la esencia misma de la injusticia que conllevaba la esclavitud, surgen ese líder llamado Newton Knight y su rebelión que le llevó a crear su propio estado independiente, el de “Los hombres libres del Condado de Jones”.

Un estado que creció y que hizo imposibles las embestidas del ejercito sureño, incapaz de penetrar en los pantanos y superados, mientras tuvieron suministros, por los hombres de Knight.




Las leyes, fraudes de ley, legislaciones sureñas que encubrían la esclavitud (como la del aprendizaje), también fueron reales, y el Congreso tuvo que intervenir para revocarlas y poner al sur bajo ley marcial, el periodo de “Reconstrucción Militar”. De aquí salieron las primeras elecciones donde todo hombre libre podía participar, lo que no evitó los fraudes de ley y las manipulaciones en los recuentos…

Un contexto histórico veraz para el que se ha consultado a numerosos profesores universitarios.

Hay algo de Robin Hood en ese grupo que recuperaba el maíz robado y demás bienes saqueados por el ejército para devolvérselos a sus dueños legítimos, que los trabajaron y cultivaron. Tiene algo también de los inicios de ciertas organizaciones mafiosas, que protegían de los abusos a los menos favorecidos, curiosamente.




Lamentablemente todo el retrato es demasiado hagiográfico, tanto de Knight, un auténtico santo sin defectos, como de su comunidad, en la que nunca hay conflicto alguno, y donde el tema racial es casi obviado (tan sólo una insinuación, una pequeña conversación con uno de los blancos que se muestra algo reticente a compartir comunidad de igual a igual con los negros).

Esto lleva a que el tema racista se atenúe, sobre todo en los dos primeros tercios del film, siendo como era vertebral en aquella sociedad, ya que las miras del director se centran en sublimar esa emergente comunidad y la figura de su líder.

Sólo en el último tercio, con la aparición del Ku Klux Klan, el tema racista se hace más presente y violento, pero fuera de la comunidad de Jones.




La religión también será pieza clave, y está bien mostrado. De hecho, la palabra de Dios, la Biblia, las Sagradas Escrituras, acabarán siendo su única ley una vez se vean en tierra de nadie.

Y es que los hombres del Condado de Jones, no es que fueran abolicionistas o no fueran racistas, sino que sufrieron una paulatina desafección e indiferencia hacia una guerra que sentían no les representaba, en la que participaron por inercia, la inercia de cierta idea de pertenencia, pero que despertaron a una realidad que abusaba de ellos.

En esa misma tierra de nadie, donde eran despreciados y perseguidos por los sureños y recibían la desconfianza de la Unión, se sitúa a Newton Knight. Esto lo verbalizará al referirse a su hijo como “ni negro ni blanco”.

“Somos nuestro propio país”.




Unos hombres que paradójicamente se vieron perjudicados por el término de la guerra en cierta medida, ya que dio por finalizada su revuelta, su lucha, al menos en la dinámica que llevaban hasta ese momento, dejando de gestionarse por ellos mismos, influidos por el miedo y por la liberación que supuso la abolición. Una vez terminada la guerra, y prometiéndoselas felices, vieron que con el nuevo presidente Johnson, se matizaban muchas cosas, ya que devolvió sus propiedades a los sureños previo juramento de lealtad a la Unión. Esto provocó que todo volviera a una situación similar, con disputas y correcciones que llevaron mucho sufrimiento.

Todas estas ideas y matices, esos conflictos internos donde el racismo estaba arraigado, no se captan en la película, más expositiva y centrada en glosar un genérico histórico desde ese particular y especial caso de los hombres de Jones. Es una película sin muchos matices.




No hay mucho que resaltar del estilo de Ross, que apenas logra emocionar en una historia que bien se prestaba a ello. Hay planos románticos de la soledad del protagonista ante la naturaleza, entorno de libertad, así como un especial énfasis en la figura del hombre, sobre todo personificada en un Matthew McConaughey que está omnipresente.

Consigue, en las escenas del pantano, lograr de ese lugar un entorno simbólico de libertad, tolerancia, incluso justicia, donde negros y blancos conviven en paz, se protegen, ayudan y curan sus heridas, de todo tipo, huyendo de sus perseguidores, que son los mismos.




Logra también algunos momentos de mayor intensidad dramática ocultando el plano general hasta el final de la escena o la mitad de la misma, iniciando y desarrollando la secuencia en plano más corto, captando la emoción y desentrañando el hecho poco a poco haciendo aparecer elementos dentro el encuadre. Además hace un aceptable uso de la elipsis. Un ejemplo: la muerte de Moses.

Un estilo sobrio el de Ross, clásico, escenificando las escenas de diálogos y conversaciones con precisión y depuración, con seguridad.

Hay algunas conseguidas escenas, además de la citada, como la emboscada en el cementerio y su resolución en la Iglesia.




Ross fragmenta su narración con breves episodios de un juicio celebrado 85 años después de los hechos que se narran en relación a un descendiente del propio Newton Knight. Algunos han cuestionado estas escenas insertadas durante la narración, pero lo cierto es que no molestan porque son breves y terminan por adquirir cierto sentido y dotar de más enjundia a la denuncia final.

Es el racismo en general, una herida en la nación encarnada en la piel de los hombres que lo sufrieron y sufren de múltiples maneras. Una herida, que como se muestra en ese juicio 85 años después, no está cerrada y se manifiesta de muchas formas.

No se acerca a “12 años de esclavitud” (Steve McQueen, 2013), y eso que también fue tachada de cierta frialdad, y tiene toques fordianos en algunos planos, así como de “Bailando con lobos” (Kevin Costner, 1990) en ciertas partes, pero queda muy lejos de todos estos referentes.




McConaughey vuelve a estar muy bien en su protagónico papel, que aparece en pantalla durante casi todo el metraje. Su encarnación de un hombre decidido, con las ideas muy claras, es preciso. No renuncia a sus tics, como esa mirada que vaga por los alrededores de los objetos que tienen su interés, como perdida, pero nos dedica varios discursos notables. El resto del reparto acompaña a la estrella con solvencia.

Una obra lastrada por su esquematismo, divagación en sus intenciones, su rigidez expositiva, exceso de didactismo, frialdad y la sensación de que no se sabe muy bien a dónde quiere ir a parar ni qué quiere contar en realidad, ya que pasa de un hecho concreto a intentar un fresco mucho más genérico en el que se pierde algo de foco.

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5 comentarios:

  1. a mi me parecio que eran tres peliculas en una,y la mas interesante fue la primera parte que recorria lo crudo de la guerra,una vez que el se hace profugo,ya me empezo a resultar una peli mas de otras muchas que han hablado de estos temas,la parte desercion y el un robin hood,pues que me resulto regular y ya la ultima parte el defensor de los derechos pues me aburrio un poco,....por supuesto uno sabe que es historico el tema,pero hay demasiado tema en una sola película

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    1. Totalmente de acuerdo con tu resumen, quiere abarcar mucho y termina por no satisfacer en nada, viéndose obligado a una narración funcional, casi de documental de historia...

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    1. Ya la vi y la contesté, Metaleros. Muchas gracias!

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