sábado, 8 de febrero de 2014

Crítica de la película "12 años de esclavitud", de Steve McQueen (2013)



por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC



La gran favorita para los Oscar de este año, que viene de vencer en los Globos de Oro donde obtuvo 7 nominaciones aunque sólo ganó el de mejor película. Favorita en un grandísimo año de cine con numerosos títulos de calidad, lo cual ya es meritorio. Tiene 9 nominaciones, una menos que la sobrevalorada La gran estafa americana y la excepcional Gravity.

Steve McQueen lleva demostrando talento mucho tiempo, ya con las anteriores Hunger (2008) y Shame (2011) dejó esto más que claro, cintas perturbadoras, arriesgadas y profundas, con una dirección clásica, sobria, segura y muy brillante. Aquí el director pretende hacer una de las cintas definitivas sobre el tema de la esclavitud, dando en el clavo.




Todo es notable en esta película que da justamente lo que se supone que va a dar, eso sí, con una calidad extrema. Está ahí también su problema, todo es de calidad, pero le falta la genialidad para trascender, para que el espectador sienta que está ante algo excepcional, un defecto menor, pero esa es precisamente su ambición. 12 años de esclavitud no se sale de los parámetros que hemos visto en otras cintas, ni siquiera en sus conceptos, aunque aquí son tratados con una contención, una profundidad y una amplitud de miras que la elevan por encima de cualquier atisbo de mediocridad.

El gran mérito de todo esto no está tanto en el guión y las interpretaciones, muy buenas todas, sino en la magistral dirección de McQueen.

Lo más destacable de 12 años de esclavitud es la forma en la que se muestra la desnaturalización y despersonalización del protagonista según avanza su vida de esclavo. Un retrato tanto físico como conceptual, desde el guión y desde la puesta en escena.




McQueen cuenta la historia de Solomon Northup, un hombre libre, un culto músico que de la noche a la mañana es secuestrado y vendido como esclavo. Desde ese momento McQueen usará todos los medios a su disposición en el retrato de un hombre que pierde su individualidad, la despersonalización a la que una de las instituciones más deleznables que ha creado la humanidad le somete sin remisión. Para ello usará la fotografía, encuadrándolo ensombrecido, como en la celda donde es encerrado al inicio; usará los objetos, eliminando cualquiera que le identifique y recuerde quién fue, como la camisa de su mujer; le cambiarán su nombre; deberá renunciar a su pasado, fingir una vida de esclavo, ser inculto, negar lo que fue…

Todo esto McQueen lo va modulando con mano maestra, encuadres perfectos, planos sostenidos y algunos planos secuencia sensacionales (y espeluznantes), como el que muestra la venta de esclavos con Paul Giamatti, la primera agresión a Solomon o el clímax final…




Hay otros aspectos formales muy interesantes, el uso de los planos generales, magistral, y el dominio del lenguaje cinematográfico clásico, con el manejo de los primeros planos o los planos-contraplanos de forma precisa cuando el contexto o las conversaciones lo precisan.

Hay una escena con Solomon en soledad, hacia el final, donde su mirada perdida vaga por el horizonte hasta posarse frente a la cámara durante un instante, es un momento revelador que rompe la pared que separa al espectador de la narración, haciéndole impotente testigo de lo que acontece. Perturbador y demoledor instante. Brillante.

Una de las grandes virtudes de la propuesta de McQueen está en la amplia mirada sobre la institución esclavista, tendremos dueños bondadosos pero institucionalizados, en una magnifica reflexión personificada en el personaje que interpreta Benedict Cumberbatch; dueños que son la personificación del esclavismo más crudo y descarnado, personificados en el personaje de Michael Fassbender; esclavos que se adaptan a esa vida, que se someten; esclavos que se rebelan; esclavos favoritos del dueño que pasan a ser sus amantes… Las contradicciones de la propia institución que considera seres inferiores o incluso no humanos a los negros pero sienten una atracción irremediable que les perturba; otros que ven retratado su complejo de inferioridad al sentirse inferiores a aquellos que consideran chusma… Todo ello con un pulso narrativo seguro, calmando y perfecto. El retrato del terror, de una maquinaria de picar carne esclava.




El reparto es excelente, desde los actores más conocidos a los menos famosos, Michael Fassbender; Brad Pitt, productor de la cinta; Paul Giamatti; Benedict Cumberbatch; Paul Dano; Sarah Paulson; Lupita Nyong’o; Chiwetel Ejiofor… Fassbender tiene muchas opciones de lograr una estatuilla como actor de reparto.

La idea de la música, aglutinada en otro objeto, el violín, como contenedora de la esencia del protagonista, la esencia secreta, la auténtica, la que no puede mostrar, la que todos se esfuerzan en anular, es bella.

McQueen tiene excesivo cuidado, cerebral en ocasiones, en no caer en la sensiblería, aspecto peligroso ya que el tema se presta con facilidad a ello. Esta precaución hace que en ocasiones la película parezca agarrotada, temerosa por si cae en esa idea, no desgarrándose en ningún momento, salvo, quizá, en la escena final.




El resultado final es de notable alto, un gran trabajo de un director del que ya avisé podemos esperar grandes cosas. No es la que más me gusta ni mi predilecta, pero parece la favorita a llevarse los mejores premios en la noche de los Oscar. Dura, controladamente conmovedora y de mucha calidad.

©Jorge García

1 comentario:

  1. No todo el cine se trata de entretener aunque claro siempre está el intereses comercial de por medio, en esta pelicula parecer ser que ese asunto está en segundo plano. La reflexión sobre este tema del maltrato y racismo está casi obligada. Aplauso para la cinta!

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