domingo, 18 de enero de 2015

Crítica de la película St. Vincent (Theodore Melfi, 2014)


por MrSambo (@Mrsambo92)
del blog CINEMELODIC

Una película navideña sin ser de Navidad esta St. Vincent, de sello indie aunque podría pasar por un mainstream, previsible en todo su metraje, pero eficazmente emotiva… Correcta sin más. Una película que pretende pervertir tópicos para afianzar grandes valores, uno de los tipos clásicos de cinta navideña. Si no llega a ser por la excelente interpretación de Bill Murray es muy posible que esta cinta pasara desapercibida.

En esta ocasión la idea consiste en coger determinados personajes y elementos de la tradición cristiana y darles la vuelta, pero respetando los mismos valores en esencia. Así es fácil ver a esa calamidad de personaje que interpreta el gran Bill Murray como una especie de San José, un desastre en casi todo pero bueno en el fondo, vinculado a la madera, de ahí sus peticiones constantes para que le paguen su rama de árbol y una cerca, y futuro padre de un hijo que no es suyo. Naomi Watts interpreta a una prostituta bailarina de streap tease, perversión sacrílega de la Virgen María, embarazada de un padre desconocido… Incluso tendremos tres Reyes Magos que adorarán al niño al final de la cinta, Maggie, Oliver (Jaeden Lieberher) y el amigo del último, Ocinski (Dario Barosso).

Vincent también tendrá paralelismos con el propio Jesucristo, padecerá una milagrosa embolia de la que renacerá para alcanzar una especie de redención y afirmar una disfuncional familia.



El retrato de ese santo poco convencional, Vincent, es bueno, un hombre tramposo, malhablado, borde, arisco, manipulador, torpe, solitario, egocéntrico, pero a su vez iremos descubriendo en él a alguien adicto a la protección y los seres indefensos, generoso, sensible, fiel y entregado con las pocas personas a las que quiere o tiene afecto… Todo esto en la ejemplar interpretación de Bill Murray adquiere una autenticidad especial, lo que eleva a la película y a un personaje que de otra forma resultarían convencionales y poco creíbles. Ya conocíamos el talento y la capacidad de modulación para la comedia de Murray, pero está igual de excelso en los momentos más dramáticos.




Las escenas donde se recupera de la embolia son tan dramáticas como hilarantes.

Las interpretaciones son el gran fuerte de la película, es necesario destacar a Melissa McCarthy, la madre del niño, Maggie, que está sencillamente espléndida. Naomi Watts está correcta en un papel más seco, muy acertada en su tono y lenguaje corporal.

El guión es tremendamente convencional y previsible, podemos adelantarnos casi a cada instante de la trama, aunque todo resulte entrañable en general. Un guión al que le falta un poquito de elaboración, o un bastante, en algunos momentos para no resultar tan esquemático, ya que debido a ello se ven las costuras y el camino hacia donde se pretende llevarnos. Ejemplo, que en las clases se hable casi en exclusiva del trabajo sobre los santos que deben hacer los alumnos… Avecina el clímax, lógicamente.




Un grupo de seres rotos, solitarios, en apuros y dificultades, en el contexto no explicitado de la crisis, que son el perfecto caldo de cultivo para desarrollar y reflexionar sobre esos valores cristianos vigentes que se defienden desde la transgresión. Generosidad, unidad, amor, fraternidad, apoyo…

La columna vertebral de la narración la tenemos con la relación entre Vincent y Oliver, el niño. Una relación típica que se desarrolla de forma previsible y vista en no pocas ocasiones, un adulto desastrado y un niño que van afianzando una amistad que recompone a ambos en la onda de “Gran Torino” (Clint Eastwood, 2008), “Un niño grande” (Paul y Chris Weitz, 2002), “The kid” (Jon Turteltaub, 2000)… Del mismo modo esta perversión del tópico recoge la herencia de cintas tipo “Bad Santa” (Terry Zwigoff, 2003) u otras de esa onda.




El humor resulta eficaz, con reminiscencias al cine de Alexander Payne pero sin la sutileza ni la profundidad de éste. El humor será el principal ingrediente de la primera parte del film. El dramatismo irá filtrándose según avancemos, pero de forma moderada y sin perder el tono de comedia. El clímax, como no podía ser de otra manera, es tan previsible como emotivo.

Las conclusiones del film son interesantes, hay una reivindicación del hombre defectuoso, del hombre corriente de milagros cotidianos, un merecido homenaje por sus enormes, gigantes, pequeñas cosas y detalles.

Una buena banda sonora y una película que no pasa de correcta, que deja un buen sabor de boca, agradable en sus buenas intenciones y magníficas interpretaciones, pero que no logra salir del convencionalismo.

©Jorge García

1 comentario:

  1. la disfruté mucho.... es muuuy previsible pero el placer de ver a Murray hace que la recuerde... me gustó....

    ResponderEliminar