miércoles, 30 de abril de 2014

Chris Robinson Brotherhood - Phosphorescent Harvest (2014): Crítica del disco. Review


por Addison de Witt (@Addisondewitt70)




Confieso mi debilidad por los cuervos de Atlanta, reconozco que su música me atrapa e insufla una energía que muy pocas bandas logran inyectarme, admito que entre los dos hermanos, es el mayor, Chris el que oficia de niña de mis ojos. Y no solo es que me guste su voz, muchos dicen que no es lo que fue. Yo, después de verle en directo con los Crowes, este pasado ARF me convencí de que sigue dotado de una garganta de oro, pero es que además me cae bien: esa actitud suya en el escenario entre maduro hippy de aspecto amenazador y joven de familia bien y aura de inocencia timorata e infantil produce una sensación de ternura en mí que le hace irresistible a mis ojos. Además, es evidente que ha demostrado en incontables ocasiones que es un compositor de categoría y un trabajador del rock que se conduce con una sinceridad y una honradez apabullante...¡Que me encanta Chris Robinson, leñe!.


Su proyecto paralelo a los cuervos negros, aquel que junto al gran guitarrista Neal Casal empezase en 2012, año en que publicó dos discos de auténtica enjundia: Big Moon Ritual y The Magic Door y en los que sorprendió a más de uno con un sonido de clara influencia psicodélica, de vaporosas atmósferas y guitarras envolventes, que creaba un espacio sónico de onírico sentir absolutamente delicioso, recuerdos inevitables a Greatful Dead, melodías de construcción geométrica y minuciosa y atinada producción de Tom Monahan que repite en la tercera entrega del grupo, la que hoy me trae aquí.




La sorpresa venía por la evidente toma de distancia que pone con el southern ardiente y guitarrero de ascendente bluesero e incluso hardrockero que mira a Stones o Faces a la cara sin complejos que caracteriza las entregas de sus Black Crowes con este sonido melifluo y ligeramente acidulado que se emparenta con los sones psicodélicos de los Dead o incluso los Iron Butterfly que caracteriza a sus Chris Robinson Brotherhood.

Tras el sobresalto inicial y el posterior y unánime deleite de la gran mayoría de sus fans ya no cabe la sorpresa, pues esta banda paralela se expresa así, lisérgicamente, y lo demuestra de nuevo en este tercer trabajo titulado Phophorescent Harvest y que repite la fórmula de sus anteriores discos.

Junto a Chris y Neal, que componen todos los cortes del disco, repiten formación el teclista de los Crowes Adam McDougall, el baterista de JJ Grey & Moffro George Sluppick y el exbajista de Mark Ford, Marc Dutton, inmejorable compañía para facturar un disco que en manos de tan dotados artesanos suena a gloria bendita, lisérgica, un pelín ácida, algo delirante...pero gloria bendita.




El trabajo consta de de once cortes, en un principio parece mas carnoso que Big Moon Ritual y algo más volátil y efímero que The Magic Door, pero deja claro que es el mismo concepto sónico que se manejó en la grabación hace apenas dos años de aquellos álbumes.

No ha hecho el disco más que llegar a mis manos y me he lanzado a su yugular con ansiosa sed de sangre rockera, con la esperanza y casi necesidad de encontrar lo que en 2012 encontré en los trabajos pretéritos de Chris Robinson Brotherhood, rock onírico y gaseoso que hiciese de terapéutico valium sonoro en mis saturados oídos, y creo que lo esta consiguiendo.

Y es que desde el ácido inicio de aplastante posicionamiento sónico y conceptual con un estridente juego de efectos sonoros de clara concepción psicodélica para dar entrada a un ágil y brioso rock de sonoridades sesenteras y acompañado por escurridizos teclados que pone en órbita los sentidos y que se titula "Shore Power" ya estas eb situación, es además el tema encargado de representar al Lp como primer lanzamiento.

Y a partir de aquí todo va como la seda, la seda melódica de la preciosa "About a Stranger", una balada mas cercana a la personalidad Crowes y que parece caída de aquel magnífico "Before The Frost...Until The Breeze"...balada marca de la casa.

También balada, y también reconocible, con un precioso encofrado de piano que se enreda con las acústicas y la voz de Chris sonando a gloria en la fantástica "Wanderest Lament".

Y otra balada, mas elaborada sónicamente pero de fluida melodía y sugerentes guitarras aportadas por Casal es "Burn Slow".

La presencia de temas mas countrys como la juguetona "Tornado" restan un poco de carga lisérgica al conjunto del disco, cosa que no molesta, pues los buenos temas siempre son bienvenidos y este lo es.

Riff que nos acerca a los inevitables Black Crowes pero que rápido nos desengaña en la tramposa "Meanwhile in The Gods..." que juega con unos anfetamínicos teclados de paranoicos colores, contagiando el gemir de la guitarra de Neal Casal.

Ritmo febril y guitarras afiladas en la decidida actitud de la magnífica "Badlands Here We Come", amable y osada a la vez. Aquellos Beatles cabareteros parecen hacerse con el alma de estos cinco sujetos en la huidiza "Clear Blue Sky & The Good Doctor" y Adam McDougall, qué gran teclista, juega a ser Manzareck en la californiana psicodelia que trae consigo la claroscura "Jump The Turnstiles".

Fenomenal trabajo en las teclas y de la fantástica base ritmica en el blues lisérgico y de fuerte iluminación artificial del sugestivo y beatlemano "Beggars Moon".

Cierra el disco un tema instrumental tan excesivo en lo catadrióptico como poco interesante en lo melódico, a mi personalmente me sobra este "Humboldt Windchimes".


No entraré en comparaciones absurdas, este tercer intento de los CRB se salda con un éxito por lo que se refiere a calidad y continuismo conceptual en el sonido y la propuesta musical aplicada a diez buenos cortes, tal vez en algún tema se vea un poco de flojera anfetamínica y un mayor acercamiento al universo southern que es el que habita por encima de otros en el corazón del líder de esta formación que no es otro de mi admirado Chris Robinson, que dejando a parte amores y pasiones varias entiendo que nos vuelve a ofrecer un notable disco que no desmerece los dos anteriores y que sospecho ganará con posteriores escuchas.

©Addison de Witt

2 comentarios:

  1. Efectivamente, el álbum gana con la segunda y con la tercera escucha. Hacía años que no escuchaba un disco de este tipo tan bien parido (ya lo he dicho yo). Un abrazo.

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  2. Este es de los que no suelen fallar, me ha gustado desde la primera escucha la verdad. Abrazo.

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