domingo, 23 de junio de 2013

Microrrelatos - Basura Espacial (84): Caperucita real



Caperucita real

TRAS largas investigaciones conjuntas por parte de los departamentos de Folclore Infantil de las universidades de Michigan y La Sorbona, que han colaborado con ahínco compartido en esta ardua labor, se ha llegado a diversas conclusiones con respecto al conocido cuento de Caperucita Roja, que popularizase e hiciese famoso el escritor francés Charles Perrault. Son varios, en síntesis, los descubrimientos: en primer lugar hay que decir que, como los estudiosos de ambos departamentos sospechaban, el relato tiene una evidente base histórica, solo que hay partes de él que no concuerdan con los hechos reales rigurosamente investigados. En primer lugar, lo que la, en principio, tierna niña llevaba en la cestita no eran tortitas y miel para su abuelita, sino otra cosa que había birlado a su padre, y que éste guardaba con escrupuloso celo en el segundo cajón de la mesita, tras los calcetines.


Por otro lado, el lobo no engañó a la niña, pues de hecho ambos tenían una relación de “amistad” desde hacía algún tiempo. Tampoco el lobo se comió a la abuelita (algo sumamente improbable: otra cosa hubiese sido de haberse tratado de una anaconda y no de un canis lupus), sino que hizo (y hacía desde hacía meses) con ella algunas cosas que escandalizarían al libertino más pintado. También Caperucita se había unido a la fiesta desde aquel día en que conoció el amor verdadero después de resistirse con tibieza en un primer momento. Si queremos hablar con propiedad, los documentos estudiados demuestran que el lobo se portaba siempre como un auténtico machote.

©Ángel Carrasco Sotos

4 comentarios:

  1. Ángel, genial.

    Siempre me cayó mal esta niña resabiada y es que nunca me creí ese cuento.
    Es que no es creíble. ¿Qué padre o madre deja a su niña ir sola por el bosque?
    Caperucita era un mal cuento y lo acabas de hacer más real.

    ¿Por qué serán que muchos padres guardan las mismas cosas, con el mismo escrupuloso celo en el segundo cajón de la mesita, tras los calcetines?.. Tendremos que preguntar a Iker Jiménez, jajajaja.

    Abrazotes, resalao.

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    1. Jaja, pues imagino que se explica por un sentido simplemente pragmático. Estiras la mano y, sin bajar del tálamo, lo ases (de asir, no de asar).

      Por cierto, tú sí que eres resalá.
      Abrazos.

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  2. Respuestas
    1. Sí, entre unos arbustos, y ya supondrá a qué se dedicaba mientras tanto ;)

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